Inverno triste para las mujeres

Por Guadalupe Escobedo Conde

 

“Invierno es azul, triste y muy triste, azul es el color de soledad” canta Connie Francis en un tema por demás melancólico que nos recuerda que esta época de frío aumenta la depresión en muchas personas y más en las mujeres.

 

De nuevo, en el recuento de los daños las mujeres salimos perdiendo, lo cuenta el INEGI, al medir El Bienestar Auto Reportado en 2021, las mujeres acabamos el año con más tristeza que los hombres, este informe presenta estadísticas sobre cómo influyen aspectos de la vida personal, familiar, laboral y social en el nivel de bienestar subjetivo de la población adulta en México.

 

Los datos lo demuestran, las mujeres son menos felices que los hombres en México, ya que 1 de cada 5 mujeres revela sentirse deprimida, mientras que, en la población masculina, la estadística apunta que solo 1 de cada 10 se siente deprimido. En el balance general la mitad de la población mexicana reporta ansiedad al cierre de este año.

 

¿Y de ánimos cómo andamos? Cansadas, ellas más que ellos se consideran hartas, con menos vialidad, con menos balance anímico en todos los grupos etarios, pero donde se remarca más es entre la población de los 30 a los 44 años de edad.

 

¿Satisfechos al final de este ciclo? Ellos más que ellas y en el conteo por entidades, las mujeres que más satisfechas se encuentran están en Colima, Coahuila, Nuevo León y Baja California y las menos satisfechas en CDMX, Puebla Guerrero y Oaxaca. En la medición general por ambos sexos Tamaulipas se ubica en el lugar número diez.

 

Respecto a sentimientos depresivos, las mujeres de Guerrero están más deprimidas y las menos habitan la CDMX.

 

El análisis nacional muestra que casi el 20 por ciento de la población adulta en México da indicios de depresión, que el mayor de los problemas es no tener trabajo, tener deudas y no poder sostener económicamente a la familia, en este 2021 el 15 por ciento de la población activa que perdió el empleo no lo han recuperado y eso es lo que más mortifica. 

 

Las mujeres sufren por partida doble, además de sentirse insatisfechas por no alcanzar mejores niveles económicos, las acongoja el espacio público de inseguridad que les rodea.

 

Los resultados de la primera Encuesta Nacional de Bienestar Auto Reportado confirman que las mexicanas tienen más síntomas de depresión que los hombres, y menos nivel de bienestar emocional, y que este mal se les agravo tras la pandemia.

 

Ya se tiene el diagnóstico, pero no hay política pública actual que cure el maltrato emocional, el sistema patriarcal que prevalece fomenta que ellas carguen con más estrés pues se les triplican las tareas domésticas, laborales y sociales, y en época navideña se les responsabiliza de toda la convivencia religiosa y familiar.

La igualdad sustantiva es la respuesta.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Y al despertar el acosador sigue ahí

Por Guadalupe Escobedo Conde

 

En la calle, en el gimnasio, en la escuela virtual o en el supermercado los acosadores están ahí, ni la pandemia, ni el confinamiento han cambiado las formas en que un hombre va tras su presa, solo por el simple hecho de creerse superior y arropado por una sociedad permisiva, que invisibiliza las violencias de género supuestamente sutiles.

 

Ahora mismo está en tendencia en tik tok, una mujer que comparte su historia y da consejos a otras para quitarse de encima a un acosador, en el video viral explica que harta de que se le arrimaran los hombres en el gimnasio para “ayudarle” en sus rutinas, decidió maquillarse unos chupetones morados en el cuello, para enviar el mensaje de que tiene intimidad con un hombre, que existe alguien que la respalda y que no está sola, es solo un ser imaginario, pero la receta le ha dado resultado en su entorno físico y en el espacio virtual, donde cerca de 2 millones de vistas le dejan comentarios, por tan ingeniosa defensa.

 

Esto hecho me recuerda una experiencia local, aquí en Victoria, en una tienda de celulares, la vendedora no encontraba manera de deshacerse de un supuesto cliente, que preguntaba mucho sin comprar nada, solo le quitaba tiempo y la intimidaba al observarla con obscenidad, ella le mostraba un modelo de teléfono al tiempo que le decía “mi novio tiene un igual” “mi novio dice que tiene buena memoria” “mi novio dice que saca mejores fotos”, ella remarcaba ante su acosador que no está sola, sin embargo la plática se extendía, cuando me acerco, el hombre decide marcharse, sin comprar, quizás el motivo de su visita al centro de atención a clientes fue otro, pero aprovechó su mañana para acosar a la vendedora.

 

Las mujeres internautas opinan que la mejor defensa para el acoso es no mostrarse sola, suponen que estar casadas o con novio, baja el nivel de la agresión, pero no siempre resulta así. Lo que sí se tiene claro es que no es responsabilidad de la víctima, ni de cómo se viste, se mueve o como habla, si sale de noche o si anda sola. Es el agresor el que debe ser cuestionado, es el acosador el que debe ser visibilizado, para que no agreda a otras mujeres.

 

Si no se le señala, sino se le enfrenta, no se asume como responsable de la incomodidad que causan sus chistecitos, charlas o acercamientos físicos, verbales o digitales.

 

El INEGI nos cuenta que en sus últimos censos detectó que una de cada cuatro mujeres reporta haber sido acosada, que en el primer semestre de este 2021, ya en pandemia, de las 22.7 millones de mujeres mayores de 18 años, 5.6 millones declararon algún tipo de acoso en el espacio público y eso que mayoría seguía en confinamiento y que muchas no lo reportan porque no lo reconocen.

 

Muchas mujeres aun reciben el piropo como una cortesía, no como lo que es, una franca invasión a la intimidad, una violación al derecho a la vida libre de violencia, una agresión sexual que se ejerce desde el poder masculino contra el ser femenino, por su condición de género.

 

 

 

 

 

 

 

 

La apología del machismo

Por Guadalupe Escobedo Conde

 

Muerto el rey, no acaba el machismo. El Charro de Huentitán, el máximo exponente de la canción ranchera, el ídolo de multitudes, imitado por muchos, ha fallecido. Vicente Fernández es ahora leyenda, así como vivió, trasciende, como la fiel imagen del hombre misógino, machista y homofóbico.

 

Como ser humana lamento la muerte del cantante y me acongoja el dolor que sienten sus fans, pero como mujer lamento más que se haya ido otro hombre impune, que deja a varias mujeres víctimas de acoso sexual y una estela de mal formación para muchos hombres que han crecido con sus canciones, películas y expresiones públicas, donde ponderó el machismo que refuerza la sociedad patriarcal.

 

Los grandes homenajes que hacen en su honor, destacan que nació en 1940, que fue de cuna humilde, que se casó a los 23 años y de cantar fiestas de rancho se convirtió en el Rey de los palenques y vendió más de 70 millones de discos.

 

La prensa también registra para la historia que fue un hombre infiel, que siempre estuvo rodeado de “bellezas”, lo mismo se le relacionó con actrices con las que participaba en películas, que con cantantes con las que se topaba en los centros nocturnos, confirman varios “noviazgos” extra maritales, narran como odisea que a todas sus amantes de ocasión les dijo “yo nunca dejaré a mi Cuquita” y que la esposa era aguantadora, “de las de antes” porque “detrás de un gran hombre, esta una gran mujer”.

 

Así, sin filtro, exaltan como virtud la infidelidad masculina y como valor humano la “abnegación” femenina.

 

Más allá de sus canciones, que son registradas como vernáculas y siempre retratan a la mujer como objeto sexual, las expresiones del interprete reforzaron ese código de ser hombre macho, reafirmando el estereotipo del mexicano, que Pedro Infante y otros de la llamada época de oro del cine dejaron establecido, él mismo Fernández ha dicho que su ejemplo a seguir fue precisamente Infante.

 

Por hombres como él es que hay mujeres tan afectadas, que son agredidas física, sexual o psicológicamente, por hombres como él se normaliza el maltrato y se perpetua eslabón por eslabón el patrón que, por generaciones, muchos siguen, de las relaciones sociales y amorosas basadas en el machismo.

 

Seguramente hay más iconos rancheros, pero él, fue determinante para arraigar la imagen del mexicano acosador, pero cariñoso, agresor pero protector, borracho pero simpático, abusador pero generoso, binomios que confunden y denigran más a las víctimas.

Es una pena, se fue el hombre, pero queda su legado de mala fortuna para las mujeres. Apenas terminen las exequias y homenajes, la leyenda se verá aderezada con el “MeToo” de las que violento.

 

 

Poco ruido, pocos días

Por Guadalupe Escobedo Conde

 

Terminaron los 16 días de activismo por la eliminación de la violencia hacia las mujeres y las niñas, la campaña que impulsa la ONU cada año del 25 de noviembre al 10 de diciembre, durante ese periodo se busca visibilizar las desigualdades de género, se intensifica la promoción institucional para decirles a las mujeres que se trabaja por y para ellas.

 

Todas y todos los servidores públicos que se colgaron un moño naranja o iluminaron su edificio con el color alusivo a la esperanza por una vida libre de violencia, han guardado para el próximo año los lazos y los focos incandescentes, seguramente harán lo mismo con los discursos. Fueron pocos los eventos que podrían resumirse como exitosos, fue casi nula la divulgación en medios y redes sociales, lo que más resulta fueron los conversatorios virtuales entre mujeres.

 

Participe como oyente en varios foros, tome apuntes y concluyo que seguimos haciendo los mismo y tendremos entonces los mismos nulos resultados, bajo el mismo esquema, una panelista expone el tema de Sororidad, les habla a ellas, a que se reconozcan con dignidad y se hermanen entre mujeres para ser más fuertes y vencer al patriarcado.

 

Las estadísticas que confirman las desgracias de la violencia feminicida fueron manoseadas en casi todos los actos, reconociendo que estamos en una emergencia nacional. Sin embargo, no se concretaron proyectos para disminuir las cifras.

 

Desde la colectividad, agrupaciones feministas organizaron expresiones de protesta, y otras se unieron a los eventos protocolarios para acompañar a las autoridades en su compromiso de velar por ellas.

 

Pero los más ausentes fueron ellos, son pocos los hombres invitados a reflexionar en estos espacios, y son menos lo que voluntariamente se unen para entender el reclamo y atreverse a romper el pacto patriarcal.

 

En estos 16 días, calculando la estimación diaria de feminicidios, en México han asesinado a cerca de 200 mujeres. No hay tregua.

 

Y queda claro que, aunque se valoran importantes logros de los últimos cien años, como lo es el acceso al voto o la paridad política, aún falta mucho por hacer, sobre todo en el primer núcleo social que es la familia, pero el sistema patriarcal se niega a colocar a hombres y mujeres en igualdad para el pleno uso de sus derechos.

 

La igualdad sustantiva no la alcanzaremos sin ellos, por eso es importante que se les involucre tanto en campañas oficiales, como en las de la acción civil, y urge sumarlos.

  

 

 

 

 

 

Todo México AVGM

Por Guadalupe Escobedo Conde

 

Según datos del Secretariado Ejecutivo Nacional de Seguridad Pública, ocurren 20 asesinatos de mujeres diarios en el país, y aunque algunos se catalogan como homicidios dolosos y otros como feminicidios, las asesinadas son víctimas de violencia machista, ante esto, colectivas feministas están urgiendo a que se implemente una Alerta de Violencia de Género contra las Mujeres (AVGM) a nivel nacional, hasta ahora este mecanismo se ha impuesto en 25 entidades y está por decretarse en 6 más, por lo que desde el 25 de noviembre se ha pedido al INMUJERES impulse esta iniciativa ciudadana.

 

Como era de esperarse, del ejecutivo no hay respuesta, pero del legislativo ya reaccionó un grupo de diputadas, de distintas fracciones parlamentarias, que abogan por esta misma causa y piden que se involucren todos los poderes, Ejecutivo, Legislativo y Judicial, además de que los gobiernos estatales y municipales implementen acciones que atiendan la emergencia nacional, para garantizar una vida libre de violencia a las mujeres.

 

Las diputadas se suman las organizaciones de la sociedad civil, para remarcar que hasta el momento no hay una estrategia nacional que contenga la violencia contra las mujeres en el país, y esta se agravó ante las “omisiones y negligencias de las autoridades federales para articular una política nacional que contraste un fenómeno generalizado de violencia feminicida que azota todos los rincones del país”.

 

La Alerta de Género es un instrumento de la Ley General de Acceso de las Mujeres a una Vida Libre de Violencia, que contempla medidas emergentes ante el aumento del fenómeno que pone en riesgo la vida de las mujeres y este hecho ya es de trascendencia nacional, si se aplica en todo el territorio “permitirá y obligará a que por primera vez se asigne un presupuesto específico para atender el problema con recursos federales para el 2023”.

 

Este mecanismo, que se implementó por vez primera en el Estado de México en 2015, obliga a la entidad a establecer un grupo interinstitucional y multidisciplinario con perspectiva de género para dar seguimiento a acciones preventivas, de seguridad y justicia que abatan la violencia feminicida. Se pide que se elaboren reportes especiales sobre indicadores de violencia contra las mujeres y se asignen recursos presupuestales, los necesarios, para hacer frente a la contingencia y además comunicar la declaratoria para hacer del conocimiento público el motivo de la alerta y la zona territorial en que ocurra.

 

Sin embargo, la entidades y municipios, aplazan o buscan evadir la alerta con el pretexto de que se estigmatiza como violenta la ciudad, y en las localidades que ya se ha decretado, no hay indicios que confirmen que el mecanismo dé resultado alguno, al contrario, la falta de transparencia y rendición de cuentas debilita su función.

 

Las AVGM, las decreta la Secretaria de Gobernación, y si acepta emitir la declaratoria del mecanismo a nivel nacional, sería reconocer la emergencia de la violencia feminicida y por fin establecer estrategias para combatirla.

 

 

 

Violencia en el trabajo

Por Guadalupe Escobedo Conde

 

Discriminación, acoso sexual y desigualdad económica son las tres violencias más marcadas que sufren las mujeres en el terreno laboral, para afrontarlas la Organización Internacional del Trabajo presentó en junio de este año, el primer tratado internacional sobre la violencia y el acoso en el mundo del trabajo. México aún no lo firma.

 

Este convenio ha sido ratificado por 9 países: Italia, Grecia, Ecuador, Fiyi, Kenia, Namibia, Somalia, Namibia y Uruguay, naciones que se comprometen jurídicamente a cumplir con la norma que reconoce el derecho de toda persona a un trabajo libre de violencia y acoso.

 

El Convenio 190, que pide a los Estados Miembros de la OIT erradicar todas las formas de violencia en el espacio laboral, es una guía para que empleados, empleadores y las organizaciones construyan una vida laboral digna, segura y saludable para todo el sector. Y define los tipos de violencia que en estos entornos causan daño físico, psicológico, sexual o económico, en particular contra las mujeres.

 

Desde antes de la pandemia ya se valoraba la urgencia de ceñirse a estos acuerdos, con el brote de Coronavirus la cuestión empeoro, como lo demuestran algunas cifras de encuestas realizadas por INEGI, donde 26.2 por ciento de las entrevistadas declararon haber sufrido algún tipo de violencia laboral a lo largo de su vida. También revelan que los compañeros de trabajo y el patrón son los agresores principales, con 79 por ciento, y que las agresiones las han sufrido en sus propias oficinas.

 

Ante estos escenarios, colectivas feministas que están dedicadas a luchar por los derechos de las trabajadoras y espacios dignos para ellas, realizarán esta semana una serie de foros virtuales y manifestaciones digitales para presionar al Estado a fin de que México ratifique el convenio y sume a las naciones que están ya construyendo mejores relaciones laborales para las mujeres.

 

Recientemente, Luis María Alcalde, secretaria del trabajo anunció un incremento del 22 por ciento al salario mínimo para 2022, lo que beneficiará a 6.3 millones de trabajadores del país, que es el 30 por ciento de los registrados ante el IMSS, sin embargo, las mujeres serán las menos beneficiadas dado que su labor está más en el sector productivo informal, tanto en labores de servicio que no se reportan al IMSS, como en los hogares, donde aún no aterriza bien el programa de afiliación para las trabajadoras del hogar, sigue siendo una prueba piloto, que en su segunda fase apenas a 27 mil personas inscritas de 2.4 millones de trabajadores, de los cuales el 70 por ciento son mujeres y el 30 por ciento hombres.

Luisa María, es la más joven del gabinete federal paritario, sin embargo, está claro que no comulga con el movimiento feminista, en estos días de activismo por la eliminación de las violencias hacia mujeres y niñas, la dependencia a su cargo no ha promovido ningún evento relacionado a la lucha por los derechos de las mujeres. Así que lo previsible es que el gobierno de México, de nuevo haga oídos sordos ante la demanda colectiva que pide el convenio 190.

 

Con un gobierno misógino y una sociedad machista, es muy difícil avanzar hacia la igualdad de género y la eliminación de las violencias hacia las mujeres, pero las feministas no claudican.

 

 

 

 

Eso que llamas amor

Por Guadalupe Escobedo Conde

 

Nuestras primeras letras son: “mi mamá me mima” y desde ahí relacionamos el cuidado al cariño, después algunos imberbes de treinta llegan a presumir: “mi mamá si me quiere” porque siempre le prepara el lonche y quizás hasta le prepara la dieta vegana que ha de llevar al gimnasio, bajo esta lógica, le hemos dicho a un compañero: “en tu casa no te quieren” porque la esposa no le echa lonche.

 

Pero eso que llamas amor, es trabajo no pagado.

 

Muchas mujeres, hasta hoy, han sido educadas para servir en casa, el aseo, la comida, la atención a niños, ancianos y enfermos y la administración total del hogar, la compra de la despensa, el pago de la ayudante, la decisión sobre qué se come cada día y desde luego la carga del estudio de los infantes, con el mismo modelito, las niñas para servir, los varones para ser atendidos.

 

El enfoque femenino, determinado por el patriarcado, ayuda mucho a seguir con esta costumbre machista que propone que todo lo doméstico lo hagan ellas, tanto que cuando una mujer trabaja en una oficina, sea cual sea su función, asume que debe ser ella quien cortésmente prepare y sirva el café, organice convivencias y sea el sostén social para atender a esa “otra familia”.

 

La historia debe cambiar, la estamos cambiando al abordar estos temas que cada vez son más mediáticos y virales, recientemente un cantautor español que participó en la campaña de la eliminación de la violencia hacia las mujeres se confesó incómodo y con enojo narró que en su casa ellos se quedaban sentados, mientras la madre levantaba los platos, “joder, como era posible eso” exclama con un dejo de lamento. Ahora se promueven mensajes para que ellos se involucren más en las tareas del hogar, pero no es a modo de hacernos un favor, es una forma de ser adultos responsables de su cuidado y del entorno que les rodea.

 

El trabajo no remunerado que recae en las mujeres se ha incrementado con la pandemia, si antes soportaban la doble jornada, del trabajo y las labores familiares, con el confinamiento se les triplicó la carga y en una sociedad justa esto es ya inadmisible. De ahí la importancia de tirar los roles impuestos por género, no es invertir los papeles, es igualdad.

 

Sobre este tema, el INEGI nos cuenta que “en 2020, en promedio, las mujeres aportaron a su hogar el equivalente a 69 mil 128 pesos por su trabajo no remunerado en labores domesticas y de cuidados”.

 

En ese mismo año, “el valor económico de las labores domésticas y de cuidados realizadas por personas de 12 y más años tuvo un valor económico de 6.4 billones de pesos, lo cual equivales a 27.6 por ciento del PIB. Las mujeres contribuyeron un 73.3 por ciento de este monto y los hombres con 26.7, es decir, las mujeres aportaron 2,7 veces más valor económico que los hombres.

 

Basados en estándares internacionales, el INEGI ofrece las estadísticas del valor económico del trabajo no remunerado de los hogares y lo desglosa en rubros como la alimentación, limpieza y mantenimiento de la vivienda, limpieza y cuidado de la ropa y calzado, compras y administración del hogar, cuidados y apoyo, ayuda a otros hogares y trabajo voluntario. Y los resultados reflejan que hay mucho por hacer para resolver esa injusticia social.

 

Ahora cuando pregunten si una mamá trabaja ya no vale responder que no, que está en casa, debemos decir “si trabaja, mucho, pero no le pagan”.  Y además de reconocer el problema hay que resolverlo y no lo hará el gobierno, es cosa de seres autónomos, responsables y solidarios.

Limpiar la suciedad del patriarcado

Por Guadalupe Escobedo Conde

 

Luego del asesinato de Lucero Marisol, activista feminista que salió de su casa para unirse a las manifestaciones por la eliminación de la violencia hacia la mujer en Guaymas, Sonora, algunos periodistas varones que dan seguimiento al caso, cuestionan el sangriento hecho y piden explicaciones a las mujeres que están hoy en cargos de elección popular o puestos de poder en el gobierno.

 

En el caso específico del análisis que presentó Ciro Gómez Leyva a sus audiencias en televisión, aprovechó la tragedia para comentar también las agresiones que sufren las manifestantes cada vez que salen a marchar en las calles de la CDMX, y se le va “al cuello” a la jefa de gobierno Claudia Sheinbaum, y aquí coincido que ella no es feminista y está claro que defiende más los intereses de López Obrador que el movimiento feminista, sin embargo considero que desde la opinión pública también se violenta a las mujeres públicas, por su condición de género.

 

Pedir explicaciones a todas las mujeres del país que están en puestos de decisión y poder, ya sea en el legislativo, ejecutivo o judicial, es demasiado abrumador y pedante por parte de los hombres que cuestionan el ejercicio público de las funcionarias, porque más allá de filias y fobias partidistas, agreden verbalmente desde el privilegio de ser hombre. Como si los problemas feministas se incrementaron a partir de la paridad política, como si el movimiento de las mujeres naciera apenas ahora, como sugiere el misógino presidente.

 

No señores, estamos hablando de violencias hacia las mujeres, de agresiones machistas, del pacto patriarcal, de impunidad y omisión, conductas que están metida como cáncer en la gobernanza, que por más de cien años han sostenido los varones solitos. Los comunicadores deben cuestionar más a los hombres públicos, las mujeres apenas están llegando y como sabemos lo están haciendo a contra corriente, muchas de ellas masculinizadas, muchas aguantando agresiones y presiones de sus líderes.

 

¿Con qué valor un hombre puede cuestionar a una mujer sobre el sistema patriarcal del que se benefician solo ellos y se les oprime a ellas? La violencia feminicida y todas las expresiones de odio hacia la mujer posan en los hombros de los hombres, que no se les olvide.

 

Desde la mañanera presidencial, también se denota la carga de la violencia verbal hacia las mujeres, el presidente López Obrador omitió interiorizarse de la tragedia de Guaymas y puso al Secretario de Marina a sortear el tema frente a los reporteros, el Almirante Ojeda dijo entonces que lo de “esta muchachita” era “daño colateral”.

 

Hay hombres que juran ser feministas, pero no quieren limpiar la suciedad de patriarcado, no ven que son la razón de lo que critican. “¿Qué humor puede ser más raro que el que, falto de consejo, él mismo empaña el espejo y siente que no esté claro?” Hombres Necios, Sor Juana Inés de la Cruz.

 

Que actúen ellos Ya

Por Guadalupe Escobedo Conde

 

Que no decaiga el ánimo, siguen los 16 días de activismo por la Eliminación de la Violencia hacia las Mujeres y las Niñas, pero que la jornada no acabe nunca, hasta que ni una más sea agredida, que ni una más viva con miedo, ni una más asesinada.

 

“La violencia contra las mujeres requiere de una acción urgente, ya que se trata de un problema de salud pública mundial” publica la ONU Mujeres en estos días de intensa divulgación del tema y destaca que es una de las violaciones de los derechos humanos más grave, extendida, arraigada y tolerada en el mundo.

 

En estos días que se oye hablar más de la violencia machista, las instituciones ofrecen cifras y realizan conferencias, talleres y conversatorios donde mayoritariamente participan mujeres, son ellas las que exponen los temas, los escuchan y debaten. ¿Y ellos? ¿Cuándo se involucran los hombres?

 

Lo que ahora se reconoce ya como la otra pandemia, como una crisis mundial que no se contrae, sino que se incrementa por el confinamiento y que ya se avizora será más estricto en breve, es una problemática que compete a todos por igual y en este país plagado de machos, son ellos lo que deben dar un paso al frente.

 

Como siempre las buenas prácticas nos llegan de lejos, ahora en estos días de activismo feminista quienes si dan la cara para hablar de machismo son una veintene de españoles, hombres públicos como el cineasta Pedro Almodóvar, el poeta Marwan y el Director del Instituto Cervantes, Luis García Montero que en las redes sociales colocan potentes mensajes con el título “Ya Basta”.

 

Ellos reconocen que sus conductas violentas y machistas son el principal causante de los problemas de ellas, que tienen que revisar sus comportamientos y discursos y actuar ya, para erradicar cualquier expresión de violencia de género.

 

Almodóvar invita a los jóvenes a no iniciar su primer contacto con el sexo con el porno, que sepan “que la realidad de una relación de un hombre y una mujer va por otros caminos de reciprocidad y de respeto”.

 

Las voces masculinas aconsejan no aprovecharse de una chica borracha, ni acosar mujeres en el espacio público, no ningunear a una mujer en el trabajo, o ponerse agresivos si una mujer esta al volante, piden no hacer alusión de forma despectiva al cuerpo femenino.

 

Enojados les dicen a los de su mismo género: basta ya de compartir por redes memes o chistes machistas, de difundir desnudos o fotos intimas de niñas y mujeres, de quedarse callados y no actuar ante cualquier tipo de agresión a una mujer.

 

“Yo lo sé, tú lo sabes, a ver si dejamos de engañarnos a nosotros mismos” “si eres testigo de violencia contra una mujer, no te quedes de brazos cruzados actúa” “combatamos todos los abusos los grandes y los pequeños” son algunos de los mensajes de ellos con dedicatoria para los hombres.

 

Están rompiendo el pacto patriarcal. Y esto es lo que necesitamos en México, que más hombres se comprometan con la lucha feminista, porque no se podrá romper el circulo de la violencia machista sin la participación de ellos, sin el cambio de sus masculinidades tóxicas no tendremos una vida libre y en paz.

 

Muchos de ellos aceptan que heredaron esta cultura misógina, pero están actuando para erradicarla, empezando por reconocer que la mujer no se cosifica a si misma, si no que es el hombre el que tiene que cambiar su conducta.

 

 

 

Día Naranja no es evento social

Por Guadalupe Escobedo Conde

 

Con la alerta de una crisis mundial de violencia hacia las mujeres, la directora de ONU Mujeres Sima Bahous pide a las naciones reconocer la gravedad del problema que acecha a más de la mitad de la población del planeta, “en todos nuestros barrios hay mujeres y niñas que viven en peligro, en todo el mundo, los conflictos, desastres naturales relacionados con el clima, la inseguridad alimentaria y las violaciones a los derechos humanos están exacerbando la violencia contra las mujeres”.

 

Como cada 25 de noviembre, las naciones inician 16 días de activismo social para la Eliminación de la Violencia Contra la Mujer, con una agenda feminista que en este 2021 pondera el reconocimiento de la emergencia como una segunda pandemia en la sombra, una violencia invisible que aumentó en el confinamiento.

 

“Están encerradas con sus abusadores” en todos los rincones del mundo las líneas de emergencia registraron más llamadas, refiere la ONU Mujeres y les recuerda a los gobernantes que “los derechos humanos de las mujeres incluidos los de seguridad, dignidad, igualdad y justicia, son principios fundamentales del derecho internacional”.

 

Los informes que escucharemos en los discursos oficiales aceptarán que una de cada tres mujeres ha sido víctima de abuso sexual en su vida, que en tiempos de crisis las cifras aumentan, como se registra en esta pandemia de Covid19 y reconocerán que solo 1 de cada 10 mujeres piden ayuda a la policía, pues no confían en la autoridad, temen a la estigmatización o a las represalias del agresor.

 

Cifras, datos, estadísticas y cero estrategias, planeación o presupuesto para detener las agresiones.

 

Este 25 N, funcionarios y funcionarias portarán un moño naranja, colocarán en sus redes sociales su foto o imágenes relacionadas a la jornada, y replicarán el lema mundial “pinta tu mundo de naranja” ¡pongamos fin a la violencia contra las mujeres ya!

 

El color naranja simboliza un futuro brillante, pero romantizar esta conmemoración nos lleva a la banalización del problema real, y no es un festejo ni una celebración, no es un evento social para vestir todas igual, empoderar la imagen de la mujer como profesional, trabajadora del hogar, madre y padre a la vez, ama de casa o directiva, para eso hay otros días, es un llamado de auxilio, una manifestación para exigir paz y bienestar para ellas.

 

En nuestro entorno cercano están asesinando mujeres, a nivel nacional no se contiene la violencia feminicida, a nivel mundial la desigualdad social no permite evolucionar hacia la equidad, y tras la emergencia sanitaria los pocos avances se contuvieron y se vaticina un retroceso de más de cien años para alcanzar la meta de una igualdad sustantiva.

 

El día naranja es un día más para recordar que la violencia de género es una violación grave de los derechos humanos, que violentar a una mujer afecta el bienestar de toda la sociedad. Los 16 días de activismo feminista terminan el 10 de diciembre, irónicamente el día mundial de los derechos humanos y a quienes menos se les respetan es a las mujeres.