A CONTRA CORRIENTE / IX Cumbre de Líderes de América del Norte

Una vez más el Presidente Andrés Manuel López Obrador, sorprende con la posición que asume en cuanto a la relación comercial con las naciones de América del norte, pues cuando era candidato al cargo que ahora ocupa, cuestionaba la extrema dependencia de nuestro país del mercado norteamericano, en tanto desde que asumió el cargo actual, así como durante la pasada IX Cumbre de Líderes de América del Norte, ha insistido en lo esencial y estratégico que resulta consolidar la integración entre Canadá, Estados Unidos y México.

En dicha cumbre celebrada en la Casa Blanca, el pasado 18 de noviembre, los presidentes de México y Estados Unidos, así como el primer ministro de Canadá hablaron de amistad y cooperación, poniendo especial interés en el combate a la pandemia del Covid-19, en el desarrollo económico, así como en el cambio climático y el fenómeno migratorio; con buenos propósitos más que con propuestas concretas.

Llama la atención que López Obrador dijera que la firma y ratificación del tratado de libre comercio entre las tres naciones, al inicio de su gobierno, fue una acertada decisión en bien de los pueblos de las tres naciones, subrayando que “la integración económica con respeto a las soberanías, es el mejor instrumento para hacer frente a la competencia, derivada del crecimiento de otras naciones, en particular de China”; con quien, como candidato, había sugerido intensificar las relaciones comerciales.

El mandatario mexicano pidió no olvidar que mientras Estados Unidos, Canadá y México representan el 13 por ciento del mercado mundial, China domina el 14.4 por ciento de ese mercado, destacando que ese desnivel deriva de apenas 30 años, pues en 1990 la participación de China en el mercado mundial, era de sólo el 1.7 por ciento.

De acuerdo con la proyección del mandatario mexicano, de mantenerse esa tendencia, en 2051 China tendría el dominio del 42 por ciento del mercado mundial y, Norteamérica se quedaría con el 12 por ciento, lo cual además de ser una “desproporción inaceptable en el terreno económico, mantendría viva la tentación de resolver la disparidad con el uso de la fuerza, lo cual nos pondría en peligro a todos”, en alusión al poder militar de ambas potencias.

Ante ese escenario, López Obrador expresó que lo más conveniente es fortalecer la economía de la región norteamericana, ponderando las ventajas que son muchas, sobre todo en cuanto a mano de obra, recursos naturales, distancias cortas que permiten ahorrar en transporte, además de una amplia demanda.

Se pronunció por establecer objetivos precisos y eliminar prejuicios, como el de rechazar a migrantes; pues para crecer se necesita fuerza de trabajo que no se tiene de manera suficiente ni en Estados Unidos ni en Canadá.

Por ello, se pronunció por abrir el flujo migratorio de forma ordenada, abogando así por las caravanas de migrantes centroamericanos, que siguen atravesando nuestro país con la idea de llegar a la vecina potencia. La respuesta por parte de China no se retrasó, pues el vocero de la embajada de ese país en México, señaló que existe complementariedad económica entre ambas naciones.

Destacó que somos más socios que competidores, que la relación ha experimentado un importante avance en los últimos años, tanto en materia de exportación como en importación.

En suma, la supremacía del mercado, en el marco del dominio neoliberal, fue en los hechos ensalzada una vez más por el Presidente López Obrador, no obstante que en el discurso para consumo interno, ha insistido en que su gobierno se distancia de esa lógica.

Lo que sigue sin quedar claro es, en qué se beneficia el pueblo de México con ese viraje sustantivo.

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