A CONTRA CORRIENTE / Autoridad moral para gobernar

Han pasado las elecciones intermedias para renovar a la Cámara de Diputados, quince gubernaturas, 30 congresos estatales y las autoridades de los ayuntamientos en igual número de estados, con un saldo relativamente positivo, pues en general fue posible salir a votar y se ha respetado la voluntad popular.

Se puede ahora hacer una proyección sobre el rumbo que seguirá el debate nacional, bajo la nueva correlación de fuerzas que decidió la ciudadanía mediante su voto, focalizando a la Cámara de Diputados ya que su nueva composición, refleja en gran medida el clima político en el que actualmente estamos viviendo.

En ese sentido se puede afirmar que una de las principales características que habremos de observar en dicha soberanía, será la continuidad de la polarización entre dos grandes grupos, sustentada en descalificaciones: uno en respaldo al Presidente de la República, y otro intentando bloquear toda iniciativa que provenga del Ejecutivo Federal.

Desafortunadamente no será la deliberación lo que medie la interacción entre ambas posiciones antagónicas, ni la ciudadanía podrá incidir de manera directa sobre las grandes reforma legales que requiere el desarrollo del país, tanto en materia de generación de riqueza, como en la distribución de la misma, así como sobre los mecanismos para que las autoridades efectivamente garanticen el libre ejercicio de todos los derechos.

Esa polarización auspiciada por ambos polos les ha redituado electoralmente, de manera especial a la coalición opositora, pues la campaña propagandística basada en esa estrategia, contribuyó en mucho para que vaya a disponer de un mayor número de escaños, mientras los líderes de los partidos coligados han advertido que seguirán por ese camino.

Cabe observar que a esa polarización exacerbada han contribuido poderes extranjeros, presumiblemente asociados con intereses radicados en el país, fenómeno que ilustra la portada del diario The Economist, en la que se relacionó al Presidente de la República con un falso mesías, en alusión a su estilo de gobernar, que estaría constituyendo un engaño para el pueblo mexicano, al cual en consecuencia se le coloca en calidad de fanático, creyente y torpe.

En la misma partitura se puede leer el mensaje del gobierno norteamericano en Guatemala, de que seguirá financiando a asociaciones civiles dedicadas al tema de la transparencia, que en el caso de México han asumido una posición beligerante en contra del gobierno federal. Estos hechos de propaganda originada allende nuestras fronteras, no parecen estar aislados de información como la que ha difundido el Sistema de Administración Tributaria, en el sentido de que la mitad de los impuestos no entregados al fisco, pertenecen a grandes contribuyentes plenamente identificados por dicha autoridad, producto de defraudación fiscal y actos de corrupción. Esa cifra asciende a un billón 400 mil millones de pesos, que equivale aproximadamente a una quinta parte del gasto público de este año.

Ese minoritario sector privilegiado con tentáculos en los centros de poder internacional, seguramente está molesto con un gobierno que los amenaza con poner límites a esas prácticas nocivas; sin embrago, constituye una pésima estrategia de la autoridad federal, seguir ventilando información en ese sentido, sin que medien las denuncias legales respectivas, pues si no se transita del plano especulativo a la aplicación de la ley, sólo se abona a la citada polarización. De cara a esa polarización, desde el ámbito de la ciudadanía nos corresponde exigir que, quienes han llegado al poder legislativo federal, comiencen por hacer públicas sus declaraciones patrimonial, de intereses y fiscal.

De ser atendida esa exigencia, se podría derivar una señal de que están dispuestos a superar el encono electoral y, con autoridad moral, enfocarse en ir resolviendo los grandes problemas nacionales, mediante la deliberación de ideas.

A final de cuentas, se trata de ir disponiendo de criterios de evaluación a los representantes durante su mandato, que permitan tomar decisiones más razonadas al momento de ejercer el voto.

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