A CONTRA CORRIENTE / La obsesión por la autoría individual

La obsesión contemporánea por la autoría individual, propia del mundo mercantilizado en el que vivimos, fue materia de reflexión para la lingüista Yásnaya Elena Aguilar Gil, en su última colaboración dominical para el diario español El País.

Aguilar Gil analiza el impulso exacerbado a la acción creativa individual, que hoy caracteriza a la civilización en occidente, en una lógica de lucro y de acumulación material; esta iniciativa es arropada con un marco jurídico que la institucionaliza y que prevé un sistema de recompensas en esencia económicas, soslayando cada vez más la concepción de los procesos creativos como un legado colectivo.

En la colaboración periodística referida, se destaca que la traducción del sistema comunal al individual, alcanzó su momento cumbre cuando los relatos y los productos tangibles se convirtieron en mercancías, es decir, cuando entraron a la lógica del mercado, transformados en oferta de una empresa que se apropió del concepto y del producto.

Estos procesos de individualización que la escritora los denomina como de traducción o de conversión, son cada vez más comunes en la relación asimétrica entre la cultura occidental y las de los pueblos originarios, en los que las creaciones y las tradiciones se conciben fundamentalmente como procesos colectivos, y de ninguna manera como patrimonio individual.

Lo anterior no significa que las tradiciones comunitarias no sean constantemente intervenidas y trasformadas; empero, como Aguilar Gil subraya, estas innovaciones son resultado de la acción colectiva, por lo cual desde esta perspectiva, la idea de las patentes o los registros de autoría individual pierden sentido.

La noción sobre la vida en comunidad es descrita por la lingüista con las narraciones, los textiles y las tradiciones gastronómicas, particularmente en la cultura Mixe; donde la concepción de los mismos, las maneras de producirlos, los códigos para socializarlos, las creencias y los rituales asociados a ellos, se sustentan en una lógica colectiva, pertenecen a la colectividad y no a una persona.

La periodista ilustra de manera diáfana el vicio hegemónico de personalizar el proceso creativo, aludiendo al mundo de la gastronomía, donde se pondera la figura del chef, palabra que proviene del francés para referir al jefe, en este caso, al de cocina.

Ahora, es común atribuir al chef la autoría de algunas prácticas gastronómicas y de algunos platillos. Asimismo, Aguilar Gil nos describe la apropiación de estilos textiles oaxaqueños, que ha hecho una diseñadora francesa, arrogándose la autoría individual de los mismos.

En esta lógica mercantilista de apropiación con fines de lucro, se sublima la creación de autoría individual, depositando la carga simbólica en la marca y en la persuasión para su consumo masivo e inmediato.

De esa forma se difuminan los factores colectivos que sustentan a la creatividad, en detrimento de la propiedad común, es decir, de su historia comunal. En este mundo enfermo de amnesia y de hedonismo, el presente es lo único significativo.

De ahí la importancia de deliberar sobre las consecuencias sociales de la obsesión perniciosa en la autoría individual, que caracteriza a la civilización occidental dominante, en contraste con la lógica de otras culturas sobre la propiedad colectiva de los relatos, de las tradiciones textiles y de la gastronomía, algunas de las cuales a contracorriente perviven en México.

Este tema también debería ser parte medular de la reflexión sobre la nueva realidad mundial.

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