La hija que nunca tuvo

Por Guadalupe Escobedo Conde

                                                      

El mayor antifeminista de este país, nos la vuelve a hacer, no sólo no está de nuestro lado, está en contra de toda acción que procure una mejor calidad de vida para las mexicanas. Este será el sexenio del retroceso en políticas públicas con equidad de género.

Por segunda ocasión en estos primeros cien días de confinamiento, se le pide a las mexicanas que se apliquen más, que se responsabilicen y dediquen a los cuidados de la familia; la primera instrucción presidencial para esto la dictó en marzo: “sobre todo a las hijas que cuidan a sus padres, los hombres somos más desprendidos”, ahora en junio reitera “la tradición es que las hijas son las que más cuidan, las que siempre están al pendiente de la familia”, y sugiere que no hay porque cambiar los roles de género, que esas costumbres arcaicas del patriarcado le siguen funcionan muy bien a la sociedad actual, en este pensamiento retrograda lo que reafirma es el interés del Estado, para desatender sus obligaciones.

Si las mujeres se entrenan más para cuidar niños, no se ocuparán los Cendis, si consagran su vida a sus padres, no se necesitarán programas de atención al adulto mayor, y si procuran a los enfermos en casa, el sistema público de salud atiende menos población. Es una “costumbre” que le viene muy bien a la actual política de la 4T, creen que es romántico y un privilegio para ellas, que se les pida hacerse cargo de todos los deberes.

El presidente no entiende porque no escucha la protesta generalizada de las mexicanas, y va más allá, al compararnos con otras sociedades más avanzadas como las de Europa, asume que acá estamos bien contentas con la doble o triple jornada y no es capaz de empatizar con ningún tema femenino.

Ahora es cuando digo, que suerte tuvo la hija que nunca tuvo porque la tendría como esclava en asuntos domésticos, contrario a como educa a sus hijos varones, a quienes les inculca los mismos modales machistas y misóginos de su estirpe, tan sólo de verlos en las redes sociales en papeles protagónicos como jefes de familia, se les definen sus hábitos patriarcales.

Para el presidente las mujeres somos mentirosas en las llamadas de auxilio al 911, exageradas en el recuento del feminicidio, alegadoras por pedir más presupuesto para instancias de atención femenina y por lo que deberíamos estar sólo al cuidado de la casa, calladitas y sin querer cambiar las reglas sociales.

Sin embargo en mala hora accedió al poder que tanto anhelaba, pues se empareja con la más fuerte ola feminista que busca reivindicar los derechos de las mujeres y alcanzar más espacios libres de violencia, en todos los ámbitos, profesionales, domésticos, familiares, políticos y sociales.

En más de una ocasión nos ha mostrado desdén, más de una vez se ha expresado mal de las mexicanas, su constante es la expresión misógina y la falta de respeto para cualquier institución o colectiva que este del lado de las mujeres, él, francamente nos ve como una piedrita en su zapato. Aquellos otros dichos presidenciales como el de la lavadora de dos patas, o no sé el precio de las tortillas porque no soy la señora de la casa, calaron hondo en la mente femenina, pero nunca como ahora nos hemos sentido más ninguneadas.

La piedra en el zapato, resultará un iceberg en corto plazo.

 

 

 

 

 

 

 

Marcada de por vida

Por Guadalupe Escobedo Conde

 

El Me Too o Yo También, que surgió a finales de 2017 es una historia de terror que no tiene final, las víctimas del acoso sexual que ejercen los hombres desde el poder, levantan la voz ahora desde Colombia y México.

 

La primera llamada para intentar frenar la violencia machista que se ejerce en espacios laborales surgió en Nueva York con acusaciones al director de cine Harvey Weinstein, que enfrenta la justicia de su país. De la industria del cine, pasó a otros ámbitos y se crearon filiales del Me Too como el de Escritores, Historiadores, Actores y Periodistas, se desplegaron largos hilos en twitter para las denuncias públicas, que no prosperaron, quedaron sólo en eso, en exposición mediática de los acusados que siguen impunes, pero sirvieron de desahogo emocional para muchas.

 

Ahora en medio de la pandemia, un reportaje periodístico desde Colombia, retrata la conducta anti social, violenta, misógina y machista de otro director de cine, Ciro Guerra, que acomodado en nuestro país, niega las versiones de ocho mujeres, que están animando a más para denunciar el acoso sexual laboral.

 

Es a raíz de la investigación de las periodistas Matilde de los Milagros y Catalina Ruiz-Navarro, que se sustenta este nuevo caso de siete hechos de acoso y uno de abuso sexual por parte del director a sus compañeras actrices, que no revelan sus nombres pues temen represalias, como quedar sin trabajo o ser tachadas de mentirosas, algo común en estos casos y en la impartición de justicia. En Colombia, relatan que el 70 por ciento del sistema judicial lo encabezan los hombres que aun piensan que es exagerada una mujer cuando se queja de acoso por que le rozan una pierna, un brazo o una mejilla.

 

En México, las colectivas feministas acogen el movimiento que retrata el reportaje que revive las experiencias de las víctimas, que están siendo revíctimizadas en la red; y es que cuando una mujer denuncia, se le cuestiona su vida privada, nadie le cree, ni cuestionan al agresor. En estos casos, socialmente interviene el pensamiento patriarcal y son ellas las culpables que deben demostrar su inocencia, para validar la responsabilidad de su agresor.

 

Los relatos que hoy salen a la luz pública, sucedieron en distintas fechas del 2013 al 2019 en localidades como Nueva York, CDMX, Bogotá, Cartagena, Medellín, Berlín, las autoras de la publicación que salió este miércoles en revista digital Volcánicas explican que fueron buscadas por una mujer que quería contar su historia y a partir de la primera, llegaron siete víctimas más que ni se conocían entre sí, pero coinciden en una intención, no hacer denuncia penal, porque no creen en la justicia y ni en la reparación del daño, no desean pasar por la revictimización del sistema, ni el escarnio público.

 

A pesar de ello, la investigación periodística queda abierta para documentar más casos, que al leerlos avivan las heridas de muchas víctimas de acoso en el espacio público. Revivimos emociones dolorosas.

 

Las desgarradoras historias que aquí narran, son apenas un botón de muestra de lo que pasamos todas las mujeres en algún momento de nuestra vida. Y el hecho de que se hagan públicas debería marcar una nueva pauta para el cambio del comportamiento del hombre en sociedad, ya es arcaico enseñarles que, no, es no, ya deben saberlo, hoy es momento de tirar sus malas conductas, deben aprender que en la convivencia social no caben más su galanteos, cortesías o preferencias hacia una mujer, se llama acoso, y acoso es acoso así sea sobre una o sobre ocho, y lo peor es que quedamos marcadas de por vida.

Muchos Webinars

Por Guadalupe Escobedo Conde

 

A diferencia de epidemias en tiempos pasados, en la actual emergencia sanitaria realmente no estamos en total aislamiento social, el internet nos mantiene ocupados y en contacto permanente con el mundo exterior. De hecho antes de iniciar el confinamiento en casa, muchas personas estaban ausentes en una charla física a consecuencia de tener el teléfono a la mano, socialmente ya se criticaba la falta de civilidad al estar ligado a una conversación virtual frente a un interlocutor en físico.

 

En México por la pandemia aumentó un 42 por ciento el uso de la tecnología, actualmente por tanta exposición virtual podríamos estar enfrentando otros males como la tecno fatiga, tecno adicción o tecno dependencia.

 

Para analizar la modificación de los patrones de uso de la tecnología, la investigadora en psicología, Erika Villavicencio de la UNAM, realizó un estudio que muestra que en nuestro país usan internet más de 80 millones de personas, y que en esta cuarentena “centenaria”, la conectividad aumentó cambiando las costumbres, consecuencias, afectación y dependencia de la comunicación virtual.

 

En estos últimos cien días de “home office”, siete de cada 10 empleados se sienten a gusto trabajando con la tecnología, pero consideran que se les ha incrementado la carga de trabajo y el horario. El teletrabajo no ha sido eficiente por falta de capacitación y políticas para regularlo.

 

En otros lugares como España, la ofuscación por el trabajo en línea ha causado problemas de estrés en los trabajadores que se quejan de correos y whatsapp a deshora, o de exceso de reuniones laborales virtuales, que resultan ociosas ya que muchas de estas intervenciones podrían obviarse con una llamada telefónica.

 

La nueva realidad nos obliga a incrementar el uso de la comunicación en su modalidad a distancia, pero si se abusa de estos elementos, se deriva en el síndrome de la “reunionitis” un término muy en auge que define al nuevo virus donde es el jefe quien pone en riesgo la productividad de la empresa. De hecho existen simuladores digitales donde se puede conocer la pérdida de dinero a consecuencia de la pérdida de tiempo de estar enlazados por horas, para debatir ideas vagas.

 

Y a esto hay que agregarle los conversatorios, foros, webinar y conferencias que se nos amontonan en la red, que cunden como moda y no todos resultan efectivos.

 

El estudio de la UNAM nos dice que más de 60 por ciento de las personas conectadas están siempre a la espera de una notificación, desarrollando dependencia a la tecnología. La tecno pandemia, nos inquieta y literalmente nos quita el sueño y horas de descanso. Pero también se comprueba que si no fuera por éstas muchas empresas tuvieran más afectaciones al cierre total de sus actividades.

 

Sin embargo, no todo está perdido, la tecnológica, ha sido un importante medio de acercamiento entre familias separadas por la pandemia, no sólo los jóvenes o niños, también los adultos mayores aumentaron su conocimiento y habilidad para comunicarse entre las redes, se hicieron más comunes las video llamadas y los chats familiares.

 

Aún queda salvar el reto del acceso a la tecnología, en México más de 40 millones de mexicanos no tiene acceso a internet, esto deriva en más brechas económicas, sociales y discriminación. Y nos hace mucha falta una buena educación digital, “no es simplemente usar el equipo, sino cómo lo uso y en ese aspecto estamos en pañales” refieren los estudiosos de nuestro comportamiento enredado.

La obsesión por el voto por voto

En Boca de Todos

Por Guadalupe Escobedo Conde

 

La salud es un bien esencial, el mundo se encuentra colapsado por la crisis sanitaria y no hay ningún viso optimista de que esto acabe pronto. Si aún no sabemos si salimos vivos de ésta, cómo es que ya están pensando en los votos, en fraudes electorales y en los fantasmas chocarreros que se aparecen en las urnas.

 

Hasta el día de hoy, al bicho que carga el Covid-19 no lo detiene nadie. La OMS dice que no se puede bajar la guardia ante la pandemia, que países que abrieron algunas actividades, deben cerrarlas de nuevo para intentar reducir contagios, porque no se consigue domar al monstruo que nos mantiene en el encierro.

 

Y hay dos aspectos importantes que deberían tomar en cuenta los gobernantes que les toca capotear este mal, uno es, la comunicación efectiva con la ciudadanía sobre lo que ocurre en la pandemia; el pensamiento científico que interpreta López-Gatell, no comulga con el discurso político del otro López, esto confunde a toda la población que de por sí está harta del confinamiento y debe enfrentar la incertidumbre sobre su salud, economía, educación y desarrollo social.

 

Otro punto importante que se tendría que atender con urgencia y atingencia, es precisamente el tema de salud pública, como un asunto de Estado, no se trata de una gripe, es verdaderamente una pandemia de grandes proporciones que dejará secuelas mayúsculas en todos los ámbitos.

 

Ante esto, la Organización Mundial de la Salud predice que todos los países deberán afrontar el delicado reto del equilibrio para proteger a la gente y al mismo tiempo minimizar el daño social y económico, “no se trata de una elección entre vidas y medios de vida. Los países pueden hacer ambas cosas”, ha dicho Tedros Adhanom Gebreyesus y pide a los jefes de Estado que sean cuidadosos y creativos en sus decisiones, porque “el mundo está aprendiendo por las malas que la salud no es un artículo de lujo, es la piedra angular de la seguridad, estabilidad y la prosperidad”.

 

También desde el exterior, le dicen a México que estamos a punto de entrar a una fase más peligrosa, es el embajador mexicano en la ONU, Juan Ramón de la Fuente que en su más reciente artículo pide que se haga caso a las alertas de la OMS, “se entiende el hartazgo de la gente, la presión política y las necesidades económicas, pero no hay que darle vueltas, el tema no está resuelto y no se ve para cuando” escribe en su planteamiento de la gravedad que enfrentamos.

 

Sin embargo, estas voces no son escuchadas por quien se plantea ser el “guardián” de elecciones vendieras, el obsesionado por el conteo del “voto por voto”, que lucha contra fantasmas de su pasado y se distrae con el futuro político.

 

En este presente que nos agobia a todos, el mundo sigue enfermo y a México se le acumulan los problemas: de salud, violencia, desigualdad social, crisis económica, feminicidios, temblores, campo abandonado, educación inhibida, en fin, se adelanta el reloj electoral y se invisibiliza lo que realmente importa. Primero es la salud, se decía. Sin salud no hay votos.

 

Se cumple el presagio

Por Guadalupe Escobedo Conde

Lo alertó la ONU, lo pronosticaron las colectivas, lo advirtieron algunas dependencias públicas, y se consuma el presagio: la violencia contra la mujer aumentó en medio de la pandemia por el coronavirus.

 

En México, el dato oficial contaba 9, las feministas documentaban diez y en el mes de mayo la cifra se confirma en 11 asesinatos de mujeres al día.  Además se registra que 7 de cada 10 mujeres sufren violencia por su condición de género.

 

La abogada Patricia Olamendi, es consultora internacional de ONU Mujeres, experta en temas de derechos humanos e igualdad de género y en una conferencia virtual con el título “El feminicidio en período del COVID 19” reprochó al gobierno federal la reducción del presupuesto para atender la violencia contra las mujeres y que no se les crea cuando denuncian.

 

Confirmó el aumento de los feminicidios y explicó que al inicio de la gestión de la 4T se registraban en promedio 9 muertes violentas de mujeres al día, pero esta cifra ya subió a 11, la estadística la obtiene con datos oficiales, que además confirman que son las parejas o personas cercanas quienes ejercen la violencia que no disminuye, al contrario aumenta en el encierro por la pandemia.

 

Olamendi es autora del libro El feminicidio en México, editado por el Inmujeres en 2016, en este texto se dice convencida que esta lacerante realidad puede evitarse escuchando a las mujeres violentadas y “cuando las autoridades entiendan que una correcta actuación puede salvar la vida, cuando la sociedad rechace tajantemente la violencia absurda contra las niñas y las mujeres y cuando hagamos de la defensa de los derechos humanos una política de Estado”.

 

Justo antes del confinamiento, las feministas encabezaron duras protestas contra el actual gobierno, pintas moradas, marchas estridentes el 8 de marzo y la manifestación pacífica, del día sin mujeres, a todo esto el presidente y su gabinete no presta atención. Y una vez que llego la jornada nacional de Susana Distancia, se alertó sobre el incremento de las agresiones intrafamiliares, tampoco se presentó una estrategia para contener esta violencia.

 

Al día de hoy se mantienen los spot de “cuenta hasta diez” y llama al 911, sin que surtan efecto y aun cuando colectivas feministas formalmente han solicitado al Estado que se bajan estas campañas mediáticas que confunden a las mujeres y las colocan a ellas como responsables de la agresión de que son objeto.

 

Con un escenario tan convulso por el tema sanitario, la violencia en todas sus expresiones, la crisis económica y la social, los asuntos de las mujeres sigue quedando fuera de toda agenda pública, lo que ocasionará que esta otra pandemia permanezca. Hoy se confirma un grave retroceso en la atención a los segmentos más vulnerables de la sociedad, las mujeres y las niñas.

 

Las mujeres de este país estamos decepcionadas, no desilusionadas porque una ya no se ilusiona con ningún político, pero siendo analíticas, no nos habíamos topado con un mando tan reticente para atender una política de género, actuando fuera de toda lógica.

 

La periodista Cecilia Lavalle, especialista en derechos humanos de las mujeres y autora de libros sobre la participación política de las mujeres, en su más reciente columna declara haber votado por López Obrador y hoy, como muchas mexicanas, se considera defraudada, pero lista para no cometer el error dos veces. “Acaba de perder mi voto, señor presidente” le escribe “El próximo, el que he de emitir cuando llegue el momento de revisar su mandato”.

 

Desbandada de mujeres

Por Guadalupe Escobedo Conde

Por méritos propios, capacidades probadas y por atender una exigencia ciudadana para la paridad de género en los cargos públicos, la administración de la 4T inició con un gabinete federal casi equitativo, pero ese equilibrio ahora está en riesgo y es que algunas mujeres seleccionadas para trabajar en la política pública no están dispuestas a solapar la inacción y omisión gubernamental ante graves problemas sociales.

 

Las funcionarias públicas que han decidido tirar el arpa, lo hacen decepcionadas de la actual gestión, se van con la frente en alto, pero quién más pierde por esta dimisión, es la nación.

 

Estaban colocadas estratégicamente en puestos de atención ciudadana, donde se ocupa mucha sensibilidad y conocimiento de causas sociales. No son cargos políticos o de gran proyección personal, pero sí áreas que demandan mucho trabajo y acción por el bien común, pero son oficinas que no le interesan al presidente, de las primeras que sufren recorte presupuestal y si es posible de las que desaparecerá o fusionará.

 

Del Consejo para Prevenir la Discriminación se fue Mónica Macisse; de la Comisión Ejecutiva de Atención a Víctimas, Mara Gómez y de la Subsecretaria de Integración y Desarrollo de Salud, Asa Cristina Laurell. Las tres mujeres hicieron lo políticamente correcto, al ser denostadas por el alto mando, su jefe. Nos van a hacer mucha falta, aunque son comprometidas en colectivos sociales, donde seguramente seguirán luchando por causas sociales.

 

Estudios recientes que hablan de la participación femenina en el ámbito de la administración pública confirman que la mujer es menos corruptible, que son más eficientes y sensibles para atender tareas de comunidad. Por eso no es de extrañarse que renuncien a sus cargos cuando no están de acuerdo en la rectoría gubernamental. 

 

También análisis internacionales dan cuentan de los avances en las naciones que son gobernadas por mujeres, en México aún estamos muy lejos de que sea una mujer la que llegue a la presidencia, el sistema de partidos políticos actuales está aliado con el patriarcado y solo avanzan en escaños políticos los pares que se echan la mano. Muy a fuerzas y renegando han permitido la incursión de la mujeres en asuntos políticos.

 

Por eso, las pocas funcionarias que logran alcanzar un cargo de primer nivel son elementos importantes para la nación, le imprimen un sello más humanista a la gestión pública, son más sororas y solidarias, administran mejor el recurso y por lo que se ve, resuelven con más sentido común y sin encono, como se ejecuta ahora la gestión presidencial.

 

Aunque la ley actual obliga a la paridad, la ciudadanía exige más participación de mujeres en la política y están mejor preparadas para los cargos, estamos ante un sexenio abiertamente misógino y machista, con un líder político que no tiene la mínima intención de deconstruir vicios estructurales en el poder, al contrario, desde su imagen los fortalece.

 

El techo de cristal o el piso pegajoso es lo de menos en estos tiempos para cualquier servidora pública, es la cabeza en el poder el gran impedimento para avanzar, no sólo en la equidad de género, sino prosperar como país.

Póngales tapabocas

Por Guadalupe Escobedo Conde

A mí me sobrepasa la nueva realidad. Cuando creo que ya nada me puede sorprender, me asombro. El mundo sigue contando los contagiados y muertos por el coronavirus, pero es un conteo que ya normalizamos, fríos números que ya no nos dicen nada, que son parte de las proyecciones estadísticas, acertadas o no, pero que asimilamos como normales, por la letalidad del bicho.

 

El pánico sigue presente en las noticias, la gente continua compartiendo alertas de todo el mundo; aun no salimos de ésta y ya nos anuncian que se descubrió otro contagio de animal a humano, que las naciones que abrieron sus espacios, están cerrado de nuevo, nos informan de contagios en niños o en personas que se pensaban inmunes, nadie sabe a ciencia cierta qué es lo que nos está pasando, pero el mundo entero está en alerta.

 

Sin embargo, al mismo tiempo veo individuos que retoman su actividad productiva, la que redunda en la económica, se abren algunas tiendas, no esenciales y la convivencia social sigue. Como una especie de escape al centenario encierro, y al ocio, así que para no sentirse aburrido se busca el contacto social físico, aunque sea con un cajero del súper. Otros más están absortos en las redes sociales, como para sentirse acompañados. En confinamiento pero con las ventanas abiertas al espacio virtual.

 

Lo íntimo, ya es público, ya conocemos la casa de todos los artistas e intelectuales, sus plantas, mascotas, libreros y cocinas. Igual y sin ser personajes relevantes o políticos, abrimos nuestros lugares al ojo público. Es una forma de hacernos presentes, que la sociedad no nos olvide. Aquí seguimos.

 

Y en política, el cuento se pone peor. Todos jugando al teléfono descompuesto o semáforo, el alto mando nos dice “salgan, no tengan miedo”, el doctor nos advierte “seguimos en pandemia”, las cifras, que no son las totales, asustan, pero hay que recrearnos en la vida espiritual, ser buenos para no contagiarnos y usar tapabocas, aunque sea por civilidad.

 

Para algunos el problema de no usar tapabocas, es que dicen cada cosa, que nos siguen sorprendiendo. Ayer comente que muy seguramente el presidente saldría a defender a su esposa del maltrato viral provocado por CONAPRED, pero mi asombro es mayúsculo al enterarme que López Obrador no sabe ni quien es, ni donde queda, menos para que sirve ese organismo de ayuda a los discriminados.

Este presidente siempre nos deja estupefactos y aturdidos.

 

Patidifusos, unos dicen que al fin y al cabo tal Consejo ni funciona, otros que se mantiene con nuestros impuestos y los más listos le mandaron la foto junto a la directora, y es que siempre hay un tuit que te regresa al pasado.

Queda claro que el presidente, su señora, Chumel y los de la CONAPRED no se están poniendo el tapabocas, cuantas angustias nos hubiéramos ahorrado si aprenden a taparse la boca, para no salpicar.

 

Atinadas, las Brujas del Mar, dijeron “Mmmmta, ya se enteró que existe, a ver si no le mete tijeretazo al presupuesto ahí también”, en franca referencia a los apoyos recortados al sistema nacional de refugios para mujeres violentadas.

 

En Tamaulipas registramos el momento más crítico de la pandemia, la doctora Gloria Molina reitera el llamado a la población para hacer conciencia del riesgo de contagio, pide que no relajemos las medidas de prevención, aquí el uso de tapabocas es obligatorio y nos recuerda que debemos seguir en casa. Atendamos esta receta, seamos socialmente responsables.

 

 

 

 

 

 

 

 

La pelea estelar Beatriz vs Chumel

Por Guadalupe Escobedo Conde

Me quede con las ganas de no ir, de no ver, el foro virtual que organizaba la CONAPRED para hablar de discriminación racial y clases sociales en México, la propuesta al principio pareció interesante, sobre todo en el contexto mundial actual alterado por graves hechos racistas o por las graves desigualdades clasistas que prevalecen en México.

Pero me desanimó el cartel, los destacados panelistas Maya Zapata y Tenoch Huerta, actores mexicanos que se han enfrentado a la discriminación en Hollywood, la politóloga Mónica Maccise y el comunicador Alejandro Franco, estarían al mismo nivel de debate con Chumel Torres, sí, el influencer de moda, que se describe a sí mismo como “Chumibebé”, príncipe de los nerds. El mismo que se ha encargado de sembrar burla y odio entre “chairos y fifís”, quién en un programa estelar se burla de las manifestaciones feministas o del político que le dé la gana, y quien escudado en la libertad de expresión, es promotor del libertinaje lascivo y permisivo de las redes sociales.

El sujeto mediático acusa ahora al Consejo Nacional para Prevenir la Discriminación, de la discriminación de que fue objeto, por la cancelación, a tiempo, del entretenido evento. En lo que se entretiene la institución, primero en enredar las cosas y mandar mensajes equivocados y luego en atender el regaño de la que no es, pero parece, primera dama.

Más de 30 mil impactos negativos en Twitter intentaron abortar la participación de Chumel en este encuentro, pero basto uno solo para tumbarlo, el de la Señora Beatriz Gutiérrez de López Obrador, que escandalizada, regañó a la institución: ¿A este personaje invitan a un foro sobre discriminación, racismo y clasismo? Preguntó y recordó a la comunidad virtual su incomodidad y su paciencia, pues está a la espera de una disculpa pública de parte de actor, cómico, analista político y por poquito, conferenciante en CONAPRED.

Quizás ya se nos había olvidado el hashtag “con los niños, no”, pero la señora desde Palacio Nacional recordó el tema que Chumel sembró en la red para burlarse del menor de la pareja presidencial, al que apoda “chocoflan” por su tinte de pelo.

Total que en este país bizarro, donde se nos proponía un análisis sobre diferencias sociales y raciales, dejamos en visto la problemática importante, y andamos ahora atentos al desenlace de la telenovela que protagonizan la dama y el influencer. Ese es el nivel de debate que nos ofrece el espacio público y virtual.

Y el colmo es que muy seguramente el presidente intervendrá en su mañanera para calmar los ánimos y colocarnos otro chiste de temporada que nos haga olvidarnos del drama racista y clasista que escenificó este par de internautas.

Al fin del primer round y como si nos faltarán desgracias, el conferénciate desmotivado nos evoca otra máxima y apunta “Quisiera ser Mireles cuando les dijo pirujas a las mujeres para que nomás me manden a un curso y ya”.

¿Y la Señora de tú casa?

Por Guadalupe Escobedo Conde

 

Apenas suspendieron clases, decretaron la sana distancia y el confinamiento en casa, las primeras en perder sus empleos fueron las señoras trabajadoras del hogar. A las prisas se les dijo: ya no vengan más, cuídense y quédense en sus casas. Si bien les fue, se les pago su última jornada, pero ya no se les ha vuelto a recibir en sus labores.

 

Las familias empezaron a organizarse, algunas mujeres asumieron la responsabilidad total de la limpieza hogareña, otras más sumaron a hijos y maridos a las labores domésticas y se realizaron nuevos planes para mantener en orden el hogar. Ya sin ellas.

 

El pánico se apodero de las patronas y no quisieron arriesgar a sus familias al contagio del coronavirus por la entrada y salida de la persona que viene ayudar con la limpieza, así que fueron despedidas, algunas sólo recibieron un mensaje de texto “ya no venga esta semana, yo le aviso” otras una llamada directa diciéndole que también era por su bien, y muchas más fueron regresadas desde la puerta a donde todos los días llegaban para laborar.

 

En nuestra sociedad, muchas de las mujeres que asisten en las casas, son madres solteras, que están tratando de sacar adelante a sus hijos, o están separadas, o viven en círculos de violencia familiar y son obligadas a llevar el sustento a la casa que habitan. En esta cuarentena, están en total desamparo.

 

Desde hace un año, México tiene un programa piloto, que nada más no ha querido prender, se trata de la afiliación de las trabajadoras del hogar al IMSS, para darles accesos derechos laborales, pero al mes de mayo de este 2020 y en medio de la pandemia apenas se han registrado a 22 mil trabajadoras, lo que representan sólo el 1 por ciento de las empleadas en este sector. Tampoco se les ha normado su pago en el tabulador para oficios y profesiones, por lo que sigue siendo una actividad con marcada discriminación social, se deja al libre albedrío de las patronas el horario y salario.

 

En el nueva “normalidad”, el IMSS a cargo Zoé Robledo ingenió una línea de crédito para las inscritas en este padrón, 25 mil pesos a pagar en cómodas mensualidades durante los próximos tres años, pero es un precio muy alto que sólo las endeudará y no les soluciona su situación laboral. Al día de hoy siguen en el desempleo.

 

Las mismas empleadas del hogar, son las que tienen que hacer su inscripción al IMSS, pero no tienen acceso a la información ni a la gestoría correspondiente y tampoco la solidaridad de sus patronas.

 

Aquí falta mucha conciencia humanista, de las empleadoras, que en lo general son también mujeres, que aprovechando su nivel social abusan de sus empleadas, con trato indigno, mal pago, trabajo excesivo y abuso por su necesidad.

 

Sororidad es una palabra que nos conmina a ser solidarias por el género, un neologismo que proviene del latín “soror”, que significa hermanas y se conjunta con el término solidaridad, para fomentar esa hermandad y protección entre mujeres, sobre todo para defendernos del patriarcado.

 

Mientras el sistema, que todo lo enreda, regulariza la situación de las miles de empleadas del hogar, será mejor que cada familia comience a revalorar el servicio que prestan y dignificar su oficio, con estricto respeto a sus derechos humanos. Si saldremos de esta pandemia más humanizados, empecemos por casa.

 

Savasana, sin miedo al éxito

Por Guadalupe Escobedo Conde

                                             

Cero y van tres decálogos que nos recetan, en el aún incipiente régimen. El primero fue para combatir la corrupción, luego para parar los feminicidios y ahora para frenar el coronavirus. De los dos primeros todavía no hay buenos resultados, así que la tercera receta parece ociosa y como escribe Denisse Dresser, es más bien una lista “de consejos de un instructor de yoga, no parece de un presidente en medio de la peor crisis sanitaria y económica del país”.

 

Para la politóloga, escritora, activista y representante del feminismo en el imaginario BOA, (es la única mujer inmiscuida en esa trama), estos diez puntos elaborados para que los mexicanos nos defendamos del bicho, carecen de responsabilidad y medidas de emergencia bien pensadas, y ya no queremos sólo apoyo espiritual “no sermones, no videos de auto ayuda”.

 

En una cátedra de quince minutos, grabado para sus benditas redes sociales, desde su histórica residencia, el motivador personaje, nos conmina a estar bien informados, no tener miedo a la pandemia, salir del ostracismo que nos cargamos por el pánico global y estar optimistas, comer frutas y verduras, relacionarnos con un ser superior, el que sea, que nos ayude a encontrar nuestros sueños y dejar de lado el consumismo y egoísmo, para encontrar a plenitud el sentido de la vida.

 

Me llamó la atención la alegoría de Dresser, porque practico yoga desde hace cuatro años, y ciertamente lo que una encuentra en el ejercicio físico y espiritual ayuda mucho a equilibrar el yo interno y a contrarrestar los efectos nocivos que nos agobian del mundo, las malas noticias, el calentamiento global, la sociedad inhumana, la violencia, los feminicidios, las agresiones a periodistas, los gobiernos insensibles y hasta las burlas a la ciudadanía de parte de sus gobernantes.

 

Pero no es nada fácil alcanzar ese grado de desapego a las cosas y a las circunstancias, cuando las cosas no van bien, como sucede ahora mismo en nuestra nación y el mundo entero, hay mortificación e incertidumbre por nuestros semejantes, sin embargo para este motivador basta con cerrar los ojos y sí es posible, los oídos para no ver ni escuchar los lamentos mexicanos.

 

Yo constantemente me paro de cabeza, trato de virar mi visón, busco entender el mundo ídem, pero no lo logro. Todos los días inhalo y exhalo, cuento muchas veces más de diez, me paro frente al espejo, me desconecto del mundo y cuando vuelvo, las cosas ha empeorado, el yin y el yan se funden en uno sólo y de nuevo la caótica situación política del país me altera y me saca de mi centro.

 

Quizás el presidente López Obrador está ya recibiendo clases privadas de Alejandro Maldonado o de Ismael Cala, tal vez está alimentando más su espiritualidad que su estómago, aunque en el video aparece ya con sobrepeso, como que está comiendo algo más de que lo que le da “su granja”.

 

Savasana, en yoga es la postura del muerto, te echas sobre el tapete boca arriba, con las piernas separadas, los brazos separados y mirando al techo, cierras los ojos y respiras, los maestros del arte, nos dicen que es la postura más difícil porque es necesario desconectar la mente y el cuerpo de este mundo terrenal para trascender a la espiritualidad, son pocos quienes logran el reto, es la relajación total para iniciar la meditación.

 

En esta postura no haces nada, si te atrapa alguna angustia debes soltarla, si algo te pesa debes dejarlo pasar, respirar hondo y sentirte muy cómodo. Así, relajado como el holístico personaje que nos formuló el “decálogo para salir del coronavirus y enfrentar la nueva realidad”, que más bien, parece un recetario de salud y belleza, sacado de Vanidades.