Machistas en rehabilitación

Machistas en rehabilitación

Cinthya Barrón

 

Crecí en los años 90 del siglo pasado en una generación que no conocía internet y cuyo entretenimiento audiovisual era la radio y la televisión. Veíamos las caricaturas al horario que lo marcaba el canal y no a nuestro antojo, las noticias y los programas de humor se transmitían a diferentes horas del día. Nuestro referente fue la televisión y en menor medida el cine. Recuerdo la barra cómica de los canales abiertos, especialmente los programas La hora pico, Puro Loco y las producciones que incluían a Jorge Ortíz de Pinedo. Quien ronde más de los 30 años seguramente recordará estos programas.

Por aquel entonces yo no entendía los chistes que jugaban con la sátira y el albur. Mi referente a lo cómico era que las risas grabadas indicaban que ahí había algo gracioso. La mayor parte de los chistes eran burlas sobre alguna característica física de otra persona: su peso, estatura, color de piel, o bien ponían el acoso a las mujeres como algo cómico. Desde aquel entonces y hasta la fecha me provoca una combinación de pudor y repulsa los chistes que tienen que ver con la genitalia humana: quizá esto me reste puntos como mexicana pero no me gusta el albur. Menos el albur que a manera de chiste invita a la violación.

La marcha feminista del pasado 16 de agosto en la CDMX y las marchas que se replicaron en el país tenían un punto en común: queremos que a las mujeres se nos respete. Se respete nuestra vida, nuestro cuerpo, nuestra integridad y dignidad. Fueron marchas contra el machismo pero también contra la autoridad y su incapacidad para afrontar los feminicidios y violaciones que se registran a diario en México. Queremos una legislación laica que ponga a México a la par de los países del primer mundo y le otorgue libertad de decisión sobre su cuerpo a las mujeres.

Los comentarios machistas no se hicieron esperar. Con asombro y tristeza vi que la intolerancia y la falta de empatía hacia la mujer pueden polarizar al país, y también vi que en el siglo XXI tenemos una nueva oleada de machos que ya no tienen que esconderse tras el albur y el chiste para promover la cultura de la violación.

A la par de toda esta misoginia en redes también encontré una gran legión de hombres y mujeres que voltearon a ver las marchas y pese a las críticas ya hablan del feminismo con convicción. El feminismo es de todas, de adolescentes, de niñas, de adultas. Tal parece que las descalificaciones que recibieron las marchas solo sirvieron para avivar y fortalecer las convicciones feministas.

Claro que el feminismo le va a causar escozor a más de uno, especialmente a la generación que recibió educación sexual en el cine de ficheras, la pornografía y en los programas cómicos que servían el albur y el acoso a la mujer como algo normal y gracioso. Claro que el feminismo será un peligro para el hombre que cree que su valor depende de la opresión que pueda ejercer sobre el otro. Porque a México se nos educó en el machismo, en el abuso de poder, en el “chingas o te chingan”.

Se dice que todos somos machistas en rehabilitación. Incluso mujeres. Y me gusta ese concepto, porque uno de los principios de la rehabilitación es identificar y aceptar que tenemos un problema. Nuestra sociedad necesita una rehabilitación urgente del machismo impuesto por la religión, la televisión y la música. Que las luchas feministas sean un referente de educación para todas las generaciones, que a nuestras niñas ya no les toque tener miedo, que a nosotras nos toque ser respetadas. Tengo la esperanza que la rehabilitación provocará la caída del machismo y con ello siglos de opresión y desigualdad.

Cambiar los modelos de consumo

Cambiar los modelos de consumo

Cinthya Barrón

 

Escribo mis columnas desde una computadora que tiene varios años conmigo. Para los usos que le doy, considero que mi equipo se encuentra en óptimas condiciones para seguir operando al menos tres o cuatro años más. Lo mismo sucede con mi teléfono celular, que encontré a muy buen precio hace tres años y que pese a no ser de una marca reconocida a la fecha rinde igual que los celulares de alta gama que se encuentran en las tiendas.

Menciono estos ejemplos porque resulta que en esta campaña contra los plásticos y la satanización de los popotes no se ha tocado el tema de la basura electrónica, esa que la publicidad y las tiendas nos seducen a comprar compulsivamente de acuerdo a las actualizaciones y novedades que año con año anuncian las compañías.

Pongámoslo en cifras: un celular tarda entre 5 y 7 mil años en degradarse. Solo en México, en una cifra del 2018 el INEGI reportó que 64.7 millones de mexicanos tienen un Smartphone. Si multiplicamos la cantidad de celulares solo en México por los años que tardan en degradarse vemos un número que pone casi en cadena perpetua a la tierra. Nuestra tierra.

El incendio de una gran extensión de territorio del Amazonas es lamentable además de alarmante. Mientras veía las imágenes satelitales y las fotografías de los habitantes reclamando lo que le han hecho a su reserva me pregunté, aquí, desde mi trinchera ¿qué podemos hacer? ¿Dejar de comer carne? ¿Pedir mi refresco sin popote? ¿Llenarme de bolsas de tela que luego serán desechadas por otras bolsas de tela más bonitas? Observé mi celular. Ahí estaba una de las tantas (posibles) respuestas.

Este pobre planeta tiene más habitantes de los que puede soportar. El precio que se está pagando por ello es alto: escasez de los recursos naturales, cambios drásticos en el clima, extinción de especies endémicas de ciertas regiones, desequilibrio en los ecosistemas. Yo no soy experta en el tema, pero si de algo me he dado cuenta es que ahora tenemos más información ambiental al respecto y nos preocupamos más que nuestros padres, sin embargo también hemos crecido en un modelo de consumo que lo mismo se se preocupa por el planeta que se llena de productos innecesarios y nocivos para la tierra.

Veo a mi celular y mi computadora, me siento satisfecha de mis equipos. No necesito más. No tendría por qué necesitar más. Parte de la consciencia ambiental es también desafiar los modelos de consumo a los que nos acostumbraron. En nuestras manos está no enfermar más al planeta, parte del cambio está en no dejarse llevar por el canto de las sirenas de la tecnología y saber distinguir cuando un producto es un capricho o una necesidad.

No podemos ir al Amazonas a tratar de detener el fuego, lo que sí podemos hacer es cambiar nuestros hábitos de consumo, que lo de los popotes y las bolsas de plástico sean solo el inicio de un cambio que nos beneficie a todos, especialmente al planeta.

¡El trabajo dignifica!… pero también estresa

¡El trabajo dignifica!… pero también estresa

Cinthya Barrón

 

Hace días me llegó un correo de un proveedor de servicios que ofrecía una charla informativa sobre la entrada en vigor de la NOM 035 de la STPS que busca prevenir factores de riesgo psicosocial en la empresa. Desde hace meses circuló a manera de memes que a partir de octubre el patrón debe implementar medidas que eviten situaciones de tensión que afecten la salud mental de los trabajadores.

Y es que vivimos en un México que ha disfrazado el éxito y nos ha vendido la idea que una persona comprometida se debe dejar explotar, se nos ha engañado con la idea que en “echarle ganas” está la clave para mejorar la situación socioeconómica de nuestro país pese a los bajos salarios, las precarias condiciones laborales, las largas jornadas de trabajo y el nulo bienestar de las personas.

No es de extrañar el aumento de los índices de trastornos de ansiedad, estrés que deriva en actitudes hostiles y violencia laboral que se vive en nuestro país. Según esta nueva normativa los patrones deben vigilar y poner en marcha programas que reduzcan los riesgos psicosociales que pudieran padecer los trabajadores. De entrada suena muy bien, como todo en este país las ideas que tratan de proteger al trabajador tienen un origen genuino y positivo pero a la larga no dejan de ser bastantes ingenuos.

¿Cómo no sufrir de ansiedad y estrés cuando México es uno de los países con las jornadas más largas de trabajo? 8 horas al día, durante seis días a la semana. Y lo peor es que en estas largas jornadas no hay una regulación sobre los “horarios quebrados” en los que el trabajador invierte hasta 12 o más horas de su día en atender las necesidades de la empresa. Y no solo eso, hasta parece que la empresa otorga el “favor” de permitirle comer al empleado, ir al baño, incluso tener un asiento.

Y ni hablemos de los salarios, prestaciones o seguridad social. En México se trabajan demasiadas horas y se paga muy por debajo de la renta promedio de lo que puede percibir un habitante de un país en vías de crecimiento. Yo sé que el tema del salario mínimo es un indicador económico y una medida que debería ser una referencia a la hora de ofrecer contratos, sin embargo las empresas han usado el salario mínimo como una norma para dar lo menos y sacar el mayor provecho. Y ni hablar de los contratos por servicios profesionales que tienen, sobre todo a los jóvenes, en la peor de las situaciones y limbos laborales y tributarios.

Alguna vez escuché que en México las leyes funcionan solo como “consejos para portarse bien”. La NOM 035 me suena más a una sugerencia de trato y no a una regulación seria, porque todos sabemos que de la puerta de la oficina o empresa hacia dentro las cosas y los patrones funcionan muy diferente a lo que prometen en la primera entrevista. Ojalá me equivoque y a la larga mejore la situación de los trabajadores, porque al paso que vamos en México será más redituable y emocionalmente estable vivir de los programas sociales o irse a la montaña que pertenecer a una nómina laboral.

Los no lugares

Los no lugares

Cinthya Barrón Ruiz

 

En el camino (fragmento)

Pero entonces bailaban por las calles como peonzas enloquecidas, y yo vacilaba tras ellos como he estado haciendo toda mi vida, mientras sigo a la gente que me interesa, porque la única gente que me interesa es la que está loca, la gente que está loca por vivir, loca por hablar, loca por salvarse, con ganas de todo al mismo tiempo, la gente que nunca bosteza ni habla de lugares comunes, sino que arde, arde como fabulosos cohetes amarillos explotando igual que arañas entre las estrellas. 

Jack Kerouac.

El antropólogo francés Marc Augé habla de los ‘no lugares’ como espacios que aparentemente son insignificantes por ser solo lugares de paso, donde mucha gente transita a diario como ruta de paso obligado, donde las personas son anónimas y los extraños cruzan (a veces) miradas indiferentes. Marc Augé pone de ejemplo las estaciones del metro, aeropuertos, lugares donde se espera el transporte, filas, salas de espera y similares. Cuando viajo en camión o espero en algún lugar donde hay mas personas pienso en ese ‘no lugar’ que habito junto a ellas, donde aparentemente todos somos anónimos que coincidimos en un lugar por cuestiones fortuitas y a veces hasta rutinarias.

            Sin embargo, creo que todos tenemos una historia para contar, y contrario a lo gris que se pueda pensar este anonimato colectivo creo que es en un “no lugar” donde conviven las historias más interesantes. Si cada persona contara su historia, hablara de sus intereses o de lo que piensa nos asombraríamos de todo lo que cada uno tiene para decirle al mundo y a nuestra vida.

            Hay quienes alardean de tener amistades de otras nacionalidades (como si ser de otro de país fuera un valor extra para el individuo), amistades en puestos influyentes, o personajes reconocidos en tal o cual sector elitista o académico, artístico, o de la llamada ‘alta’ sociedad. En mi caso, he encontrado a personas muy valiosas en los lugares menos esperados, personas que sin ostentar títulos académicos elevados o altas posiciones sociales comparten de manera honesta y desinteresada sus historias.  De esta manera y por razones circunstanciales, laborales, escolares y artísticas me ha tocado conocer personas de diferentes lugares y ocupaciones, personas tanto afines como disímbolas que convergen en el mismo lugar y el mismo espacio. Sus historias, experiencias y manera de ver el mundo han sido en ocasiones mucho más profundas y provechosas que toda la filosofía que he leído en libros.

            Aunque a veces concibo a las personas como islas también me gusta pensar que somos archipiélagos. Busquemos en esos No Lugares salir del anonimato colectivo. Observemos, escuchemos. Quizá esos extraños que nos rodean sean el bálsamo que requiere nuestra alma en este siglo agitado y confuso que nos toca vivir.

Cinthya Barrón

Cinthya Barrón

Matrimonio igualitario    

 

El mes de junio se reconoce como el mes del orgullo LGBT (lésbico, gay, transexual) que culmina con marchas y celebraciones del orgullo gay el 28 de junio. Como la mayor parte de los días de conmemoración por la lucha de derechos de minorías, el origen del día del orgullo gay se remonta a junio de 1969 en Nueva York cuando después de una serie de disturbios en Greenwich Village por las continuas redadas de los policías a bares y centros nocturnos que recibían a la comunidad homosexual, se formaron los primeros grupos activistas que lucharon y promovieron los derechos de la comunidad LGBT en Estados Unidos.

Ahora, a cincuenta años, el orgullo y la lucha se gritan más fuerte. Ya no solo es reconocer la existencia de la comunidad gay, también es coincidir en igualdad de oportunidades, derechos, libertades y situaciones legales. De ahí que en México uno de los temas principales de la agenda LGBT es el reconocimiento legal del cambio de identidad nacional de acuerdo a la identificación de género sin importar el sexo y el matrimonio igualitario para que dos personas del mismo sexo puedan casarse y tener igualdad de derechos que un matrimonio heterosexual.

El 27 de junio de este año se sumó Baja California Sur a la legalización del matrimonio entre personas del mismo sexo, con ello suman ya 18 de los 32 estados en la República Mexicana en reconocer constitucionalmente el derecho a establecer una igualdad de condiciones conyugales para todos. Y aunque el Estado está obligado a proporcionar una legislación que incluya a todos los ciudadanos me asombra que aún haya personas que se opongan rotundamente al matrimonio igualitario, argumentando recursos bíblicos y morales que promueven la discriminación y la homofobia. Para mi sorpresa, porque ya no estamos en el siglo XIX, esta semana vi varias publicaciones en oposición al matrimonio igualitario, publicaciones que fueron compartidas vehementemente por usuarios conservadores.

Rebecca Solnit en el ensayo “Elogio de la amenaza. Qué significa realmente igualdad en el matrimonio” habla del cambio de paradigma que supone el matrimonio entre personas del mismo sexo. Y es que con ello no solo es reconocer una igualdad de derechos para la comunidad gay, es también poner sobre la mesa una idea de matrimonio en el que no existen las jerarquías que históricamente han puesto al hombre como figura dominante y a la mujer en el rol sumiso. Visto de esta manera que dos personas del mismo sexo contraigan matrimonio representa un cambio en el significado del matrimonio tradicional ya que no hay roles impuestos, cuando una pareja del mismo sexo contrae matrimonio pone en igualdad y libertad las condiciones maritales. Con ello es abolir la heteronormatividad y dar un respiro a la unión de las parejas, ya sea homo o heterosexuales. Y eso es un beneficio que nos atañe a todos y el cual también suma a la deconstrucción de la tradición machista que durante siglos ha impuesto cargas enormes a los hombres y yugos pesadísimos a las mujeres.

Toda lucha de minorías termina beneficiando a un colectivo. Toda lucha que sea en contra de la desigualdad y promueva los mismos derechos y libertad de elección es una lucha que debemos apoyar hasta que ya no sea un tema de debate ni polémica, sino una garantía individual establecida para todos en la Constitución.

 

La responsabilidad histórica

La responsabilidad histórica

Cinthya Yadira Barrón Ruiz

 

En muchas ocasiones he escrito y hablado de la importancia y utilidad de la historia para la formación de los individuos en la sociedad. A propósito de ello varios historiadores y amantes de la historia han enunciado afirmaciones que tratan de demostrar el por qué es importante el conocimiento del pasado: desde el básico “la historia nos sirve para conocer nuestro pasado y saber de dónde venimos para tomar el rumbo hacia donde vamos” hasta el enunciado pragmático de “la historia nos sirve para no volver a cometer los errores del pasado”. Heródoto, uno de los considerados padres de la historia se refería a la historia como la ‘magistra vitae’, o  ‘maestra de la vida’ o sea la que enseña a las personas en particular y a los pueblos en general como dirigirse, comportarse y gobernarse.

            Si se analizan las posturas de las diferentes culturas y épocas encontramos que el conocimiento histórico figura como una de las principales inquietudes del ser humano y que en las escuelas y lugares de enseñanza e instrucción la historia ocupaba un lugar importante para la formación del alumnado y de los individuos. De esta manera tanto los que tenían los recursos para asistir a una escuela como los que se reunían alrededor del anciano de la tribu a escuchar desde la tradición oral el pasado de sus familias, de su pueblo, todos ellos buscaban encontrarse en el espejo de su pasado para poder explicarse el por qué de su presente.

            Si como he venido mencionando la historia ocupa un lugar muy importante en la formación de pueblo, ¿por qué en las sociedades actuales pareciera que el pasado resulta un conocimiento del que fuera muy fácil prescindir? De hecho he escuchado comentarios que desacreditan la importancia de la historia como elemento de formación básica, arguyendo que se trata más de ‘cultura general’ que de un conocimiento elemental para el ser humano. Esta idea es la que lamentablemente tienen muchas personas que consideran la materia aburrida, tediosa y poco útil. Recientemente en Chile se abrió el debate y la protesta al proponer Historia y Educación Física como materias optativas para el 2020. Afortunadamente ganó la voz de la razón y seguirán como materias obligatorias en el plan de estudios.

            En México actualmente vivimos en un estado de crisis en cuanto al interés, histórico se refiere. Y mientras el gobierno actual por un lado utiliza solo ciertos sesgos de la historia para legitimar su discurso, por otro lado reduce presupuesto para la investigación histórica y pone en vilo a los académicos. Ni hablar de los programas de enseñanza de historia.

Pero ¿y qué hay de nuestra propia responsabilidad histórica? Hace un par de años vivimos un par de celebraciones que con tanta jocosidad y derroche de dinero (¿alguien se acuerda del centenario-bicentenario?) en ellas se intentó crear consciencia histórica en México pero al final, en la idea general de la sociedad quedaron más como fiestas patrias con duración de un año que como una ocasión para replantear el rumbo del país, tomando en cuenta que la maestra de la vida nos estaba alertando para la transición democrática que llegaría un par de años después.

En medio de este escenario también están los historiadores, los que se dedican de manera profesional a sacar de los laberintos del tiempo la información que nos hace explicarnos el por qué de nuestro presente. ¿Y la responsabilidad histórica que nos toca? A los historiadores de profesión y oficio nos tocaría divulgar, instruir, contagiar del conocimiento histórico a la sociedad para que en próximas elecciones, toma de decisiones y demás acuerdos políticos, sociales e individuales las personas tengan los recursos históricos, críticos y reflexivos para tomar una decisión. Y que esta vez el voto no sea por resentimiento ni por esperanzas en un cambio que, la historia y los antecedentes lo alertaron, no iba a pasar.

Permiso para la belleza

Permiso para la belleza

Cinthya Barrón

 

¿Qué ves cuando estás frente al espejo? ¿Cuáles son los defectos que te encuentras cada que escudriñas tu figura? ¿Cuáles son los rasgos que criticas en las personas que están a tu alrededor? ¿Qué cambiarías de tu cuerpo? ¿Crees que tu autoestima define tu apariencia?

Hace un par de años se popularizaron los programas televisivos en los que se tomaban personas comunes y se les hacían cambios de imagen que incluían maquillaje, corte de pelo, nuevo guardarropa y en algunos casos, cirugías ambulatorias o servicios dentales para corregir lo que los asesores de imagen consideraban defectos. Los participantes de este laboratorio de experimentación física comenzaban incrédulos hasta terminar rendidos ante el reflejo de su “nuevo yo” en el espejo.

            Cuando era niña me encantaba ver estos programas, las nuevas hadas madrinas venían cargadas de ropa y maquillaje y tomaban cenicientas que terminaban convertidas en Narcisos. Al final del programa los participantes se reunían con sus cercanos en un festín de llanto, aplausos y vítores. No solo los rostros habían cambiado, también la mirada, el andar, la inflexión de la voz y la postura. El cuento de hadas no incluía magia, solo incluía un cambio de percepción personal.

Los medios y ciertas modas nos han hecho creer que solo un sector de la sociedad tiene derecho a verse y sentirse hermosa. Los comerciales, el cine, los programas de televisión e Instagram nos muestran ciertas pieles y ciertos cuerpos como los arquetipos de belleza. ¿Y los demás? Nos han educado en un eterno “todo o nada” y vamos por la vida anhelando la belleza a costa de despreciar lo que, para nosotros, son defectos irreparables.

En la novela “Dietland” de Sarai Walker se aborda el tema de la percepción personal de la belleza de una manera tan entrañable que nos hace replantearnos si es que la fealdad y la belleza son algo con lo que se nace o es algo con lo que se decide vivir.

Quizá el tema sea frívolo para algunos, pero yo sí creo que la belleza es algo importante para el estado anímico y emocional de las personas. ¿Y si en lugar de llevar al máximo nuestros “defectos” nos damos permiso de sentirnos hermosos? ¿Por qué dejar que el arreglo personal sea solo para ocasiones especiales y no para todos los días? ¿Por qué esperamos que alguien más nos tenga que decir lo bien que nos vemos para empezar a creer que también tenemos acceso a la belleza?

Quizá cambiar nuestra percepción personal sea el mejor cambio de imagen, quizá solo nos hace falta darnos permiso para ser hermosos cada día, todo el día.

Mi manifiesto del 8 de marzo

Mi manifiesto del 8 de marzo
Cinthya Barrón

A veces, cuando leo las noticias nacionales, no me parece que sea el año 2019. No puedo creer que siendo un país en el eterno sueño de llegar a primer mundo todavía se ponga en duda el derecho a decidir de las mujeres. No puedo creer que seamos un país con una riqueza cultural reconocida mundialmente y que sigamos hablando de feminicidios, impunidad y violencia contra la mujer.

No puedo creer que las mujeres, siendo la principal fuerza laboral de este país sigan sujetas a legislaciones que prefieren cerrar estancias infantiles y refugios para mujeres violentadas. No puedo creer que haya mujeres en los congresos votando a favor de leyes que lo único que hacen es un retroceso en materia de derechos humanos y empoderamiento femenino.
La decisión del Congreso de Nuevo León de penalizar el aborto es algo completamente anacrónico para este siglo. Y no solo eso, un estado que presume generar las mayores aportaciones a la federación pone el ejemplo que riqueza no siempre va de la mano con desarrollo.
Hoy, 8 de marzo de 2019 en pleno día de la mujer trabajadora es obligatorio tomar en cuenta que no somos la idealización de la madre, esposa, hija, de la fémina que el patriarcado ha inventado. Somos seres humanos que por el simple hecho de ser mujeres llevamos la desventaja en un país como México. Y aunque el panorama a veces se torna muy oscuro cuando leemos las cifras de feminicidios, violaciones, de brecha salarial, secuestros, violencia, aún con todo eso creo que las mujeres organizadas e informadas sobre sus derechos pueden, quieren y deben hacer un cambio.
Mi sueño es que me alcance la vida para ver nuevas generaciones de mujeres que puedan salir a la calle sin miedo, que estén en igualdad de oportunidades profesionales, que no se les exija ser madres ni esposas, que puedan decidir sobre su cuerpo y su vida. Espero ver generaciones de mujeres que vean como un asunto de la prehistoria la prohibición del aborto. Quiero que las próximas generaciones tengan plena consciencia de sus derechos reproductivos, que no haya negativas para la educación sexual en todas las edades. Recordemos que la lucha es por “Educación sexual para decidir, anticonceptivos para no abortar, aborto legal para no morir”.
Quiero ver mujeres empoderadas, libres, plenas y dichosas porque ellas serán las herederas del feminismo que a nosotras nos toca continuar y que espero nunca tenga conclusión.

Llevar la Casa y el Arte a las Colonias

Llevar la Casa y el Arte a las Colonias

Cinthya Barrón Ruiz

 

Desde el mes de enero la Casa del Arte de Ciudad Victoria ha llevado un programa itinerante en colonias de la periferia de la ciudad. Bajo el nombre “Casa del Arte en tu Colonia” este programa tiene como propósito llevar talleres a sectores que quizá no conocían la oferta académica de la única institución pública de enseñanza artística en la ciudad. Visto así se puede pensar que es solo un programa social de promoción cultural del estado, sin embargo los talleres y la experiencia van más allá de eso. Lo digo en primera persona, porque he tenido la oportunidad de participar en ellos y porque cada lugar, cada grupo y cada día estos talleres transforman mi visión de la música y del arte colaborativo.

Mi segunda identidad, quizá mi vocación primigenia, es la música y he descubierto que enseñar música es disfrutarla por partida doble. Cuando se comparte lo que uno ama y ve a las personas contagiadas de una misma pasión se forma una comunidad que puede llegar a lugares insospechados. Por eso me entusiasmó mucho cuando me invitaron a participar en el programa porque creo firmemente que el arte cambia la percepción del mundo y sensibiliza a las personas. El arte es algo necesario en todos los tiempos pero especialmente ahora, en este Tamaulipas y nuestra Ciudad Victoria, el arte más que necesario es urgente.

 El programa Casa del Arte en tu Colonia se compone de cuatro disciplinas: danza, teatro, artes plásticas y música. Mi programa de música la divido en un vistazo general a los grupos de instrumentos, introducción al lenguaje musical y lectura musical, rítmica básica y una parte práctica de instrumento de violín y violonchelo. Para mi sorpresa en estos talleres y en todos los grupos que me ha tocado atender son los chicos los que me enseñan a mí tanto o más como yo quisiera enseñarles a ellos. Pese a que algunos grupos son de colonias consideradas de alta peligrosidad, la realidad al trabajar con ellos es que la colaboración, apoyo, solidaridad y talento de los chicos es envidiable. Quizá si el arte llegara a todos los rincones ya no estaríamos hablando de índices de violencia, sino de compañías de teatro, de danza, exposiciones, orquestas y conjuntos musicales.

Agradezco al Arquitecto Ricardo Zárate Reséndiz, director de Casa del Arte Victoria, por hacerme parte de este proyecto y escuchar todas nuestras inquietudes y mejorar mis ocurrencias. A la Directora de Cultura Tamaulipas, la Licenciada Sandra Luz García Guajardo por llevar programas a lugares más allá de los recintos culturales y donar los instrumentos para realizar estos talleres. Mi infinita gratitud con los maestros y personal involucrado en este proyecto y su realización.

La novela “Cien años de soledad” de Gabriel García Márquez comienza con una imagen narrativa poderosa que da pie a una de las historias más entrañables de la literatura latinoamericana. En ella se cuenta que “frente al pelotón de fusilamiento, el coronel Aureliano Buendía había de recordar aquella tarde remota en que su padre lo llevó a conocer el hielo”. Esta alegoría (sin el destino funesto del coronel Buendía) ejemplifica lo que siento al respecto de estos talleres: los chicos quizá no recuerden mi nombre, la ropa que llevaba puesta o incluso mi rostro. Pero sí recordarán que en alguna ocasión alguien llegó cargada de violines y violonchelos y que a través de ellos pudieron nombrar a la música y ser una orquesta, un violinista, un chelista en acción. Éstas son las experiencias que transforman y que pueden cambiar el rumbo de toda una vida.

 

Cronofilias

Axolotl Blues

Cinthya Barrón

Cronofilias

 

De un tiempo a la fecha mido el tiempo en cuenta regresiva. Ejemplo: me levanto, veo el reloj y pienso “faltan 13 horas para cerrar la jornada laboral”, en cuanto a las fechas pienso “faltan tantos días para que paguen”, “faltan tantos meses para terminar clases”, “faltan tantos años para jubilarme”. No sé si eso sea un síntoma del cansancio de la edad adulta, pero desde que mido así el tiempo éste pasa volando. De pronto es fecha de cierre de mes, informes y declaraciones al SAT. Ya no vivimos el aquí y el ahora, el Carpe Diem latino se convirtió en un plazo a meses sin intereses. El concepto tiempo es muy diferente a como lo pensábamos en la infancia.

En mi caso el tiempo ya no solo es un concepto de duración, el tiempo es quizá algo tan preciado como la salud o la vida misma. Cuántas cosas no intentamos por falta de tiempo, cuántas cosas hemos abandonado porque ya no disponemos de tiempo. Con gracia y un tanto de tristeza le digo a mis cercanos que si tan solo el día tuviera cuatro horas más, mi vida y de seguro la vida de muchos tendría otro sentido.

Ignoro si en la literatura alguien haya escrito sobre el tiempo como una riqueza alternativa, si alguien ha tomado el concepto de tiempo como un tipo de moneda donde exista algún banco de tiempo al cual podamos llegar y comprar tres, cuatro horas extra para añadir a nuestro día. Imagínese, tanta gente trabajaría contenta por comprar ese tiempo a su día, cuántas amistades se podrían hacer, cuántas relaciones familiares se podrían retomar, cuántas parejas se podrían encontrar.

De tener un poco más de tiempo habría muchos escritores con una obra extensa. Si el tiempo fuera generoso tendríamos grandes deportistas que también van a la oficina, artistas que combinan la creatividad con el biométrico del trabajo y familias que pueden platicar al terminar la cena. La prisa sería ocasional y quién sabe, la puntualidad podría llegar a ser de lo más natural.

Lamentablemente no existe un día de veintiocho horas, sorteamos nuestro breve día para cumplir con los deberes y, tal vez, ser felices.

Este 2019 me propuse optimizar mis planes, ya no se trata de abarcar mucho, sino de trazar ciertas metas realizables y sobre todo necesarias. Una de ellas es guardar un poco de tiempo para mi y para las personas que quiero. Contestar mensajes de antaño, hablar con mis familiares, poner una taza de café de por medio entre mis amistades y yo. Quiero hacer del tiempo mi amigo y cómplice, quiero desterrar la cronofobia de mi larga lista de pretextos y, aunque suene a cliché gastado, disfrutar y aprovechar el momento.