Volver a los vivos

Volver a los vivos

Cinthya Barrón

 

El paso de los meses se vuelve más rápido conforme se llega a la edad adulta. Todavía no nos aliviamos de Semana Santa cuando ya estamos pensando en las vacaciones de verano y el pozole de Septiembre. Con esa rapidez nos llega octubre y cuando menos lo contemplamos ya tenemos catrinas y pan de muerto en las tiendas y los aparadores. Eso sin contar que Navidad se mimetiza con el verde, blanco y rojo de las fiestas patrias.

Las tiendas me avisan en cuál mes estamos. Hace una semana que vi en la plaza una sesión de fotos de catrinas y reparé que en dos meses se acaba el año. Caray, qué poco nos duró el gusto.

Pareciera que el tiempo tiene la misma vigencia que las campañas publicitarias. El desfile de catrinas y calaveras de esta semana me hace pensar que cada vez celebramos más a la película Coco y nos olvidamos del Día de Muertos. Disney hizo bien su trabajo. Pero estas calaveras que tan jocosamente aceptamos en su modalidad drag queen me pone a reflexionar en lo efímero del año y de la vida.

Según el tema de Coco el día de muertos es recordar a los que no están. Pero ¿y si además de recordar a los que se fueron también pensamos en lo que tenemos a nuestro alrededor? Si la vida se va tan rápido por qué no aprovechar el valioso tiempo que pasamos en este mundo para disfrutar a quienes tenemos cerca, incluso a esas personas que por alguna razón se han alejado.

Atendiendo a la costumbre de esperar a los muertos que regresan en estas fechas también podríamos agendar volver a los vivos, a esos que hemos dejado en una cita para después. Que los altares y ofrendas sean el reencuentro y el abrazo, una llamada o un mensaje. En este día recordemos a los difuntos no solo en muerte, también vamos a considerar a las personas en vida.

Una casa para todos

Una casa para todos

Cinthya Barrón

 

La Casa del Arte es de los pocos edificios históricos de Ciudad Victoria que conserva su esencia tanto en lo arquitectónico como en su origen de centro de enseñanza. Este edificio centenario fue cuna de generaciones de maestros en los tiempos en los que fue Escuela Normal hasta que en el año 1962 se convirtió en escuela de enseñanza artística. A partir de ese momento la Casa del Arte es un lugar referente para cualquier artista de la capital y hasta del estado. Muchas generaciones pasaron por sus pasillos con partituras, pinceles, lápices y cuadernos bajo el brazo.

Yo llegué a la Casa del Arte en mi temprana adolescencia para aprender a tocar el violín, desde la primera vez que entré y descubrí esos pasillos, ventanales y techos altos quedé fascinada. Un lugar tan bonito que pareciera estacionado en el tiempo era increíble en Ciudad Victoria. En Casa del Arte aprendí mis primeras notas, hice música por primera vez, tuve mi primer novio y descubrí lo que se sentía estar en una orquesta.

Como instrumentista de la Casa del Arte también supe lo que era viajar representando a un estado, gracias a los programas de gobierno tuve acceso a un violonchelo y pude conocer varias ciudades del país desde sus principales escenarios. Y sé que como mi historia en la música también abundan historias de teatro, danza y artes plásticas, de personas que al igual que yo ven en la Casa del Arte el inicio y parteaguas de su desarrollo artístico y personal.

Me siento profundamente agradecida con la escuela que me enseñó a amar y buscar la música, con todos los maestros que gracias a su paciencia y disciplina hacen que esta capital tenga una escuela de enseñanza artística pública a muy bajo costo.

Desde este espacio quiero felicitar a mi escuela, Casa del Arte, y a la dirección del arquitecto Ricardo Zárate Reséndiz que bajo el lema “La Casa es de todos” está haciendo posible que el arte y la cultura sean accesibles para todo público. Es un gusto ver los pasillos llenos de alumnos, una cartelera de actividades dentro y fuera de la escuela que demuestra que en Ciudad Victoria la vida artística está viva.

Estos son los primeros 57 años de Casa del Arte, una casa para todos. Y estoy segura que lo mejor está por venir.

 

 

 

Estamos desamparados

Estamos desamparados

Cinthya Barrón

 

Qué difícil es escribir un día como hoy, qué complicado es salir a la calle en un país como México. Y aunque trato de entender los discursos del gobierno, cuando mi memoria regresa a todos los atropellos que provoca el crimen no puedo concebir que la máxima autoridad se doblegue ante los delincuentes. Viene a mi mente la frase “Somos más los buenos”, esa que repetimos ingenuamente en un país en el que los malos, minoría, tienen más poder en todos los poderes que la gran cantidad de buenos.

Me duele México.

Y también admiro a México.

Lo admiro porque es un país forjado a base de explotación, tierra que aún en los desiertos encuentra vida. Mi México de hermosos paisajes interrumpidos por carreteras mal planeadas y fábricas extranjeras. Mexicanos que celebran y saludan a todo, aún las cosas más simples como la llegada de un nuevo mes, el inicio de semana, el que por fin sea viernes.

Mi México desigual, que no tiene reparos en admitir su pobreza y hasta consolarse con hacer burla de la falta de oportunidades. Mi México de palancas sindicales, de largas jornadas de trabajo, de una iniciativa privada que beneficia a unos cuantos. Mi México de trabajadores a doble jornada, de mujeres que valientemente salen a las calles en un país cementerio y desaparecidos.

Mi México que me ayudó a base de becas a creer que sería alguien en la vida. Mi México que premia un diez de calificación a costa de la ansiedad y depresión crónica en la vida adulta. Mi México de salud pública a treinta y cinco pesos la consulta. Mi México de narcocorrido y moral cristiana.

Las noticias merman mi ánimo de escritura. Por eso a falta de palabras propias pido prestado el poema “Alta traición” de José Emilio Pacheco para describir todo esto que hoy siento por México:

 

No amo mi patria.

Su fulgor abstracto

      es inasible.

Pero (aunque suene mal)

      daría la vida

por diez lugares suyos,

      cierta gente,

puertos, bosques de pinos,

      fortalezas,

una ciudad deshecha,

     gris, monstruosa,

varias figuras de su historia,

      montañas

—y tres o cuatro ríos

 

 

Machistas en rehabilitación

Machistas en rehabilitación

Cinthya Barrón

 

Crecí en los años 90 del siglo pasado en una generación que no conocía internet y cuyo entretenimiento audiovisual era la radio y la televisión. Veíamos las caricaturas al horario que lo marcaba el canal y no a nuestro antojo, las noticias y los programas de humor se transmitían a diferentes horas del día. Nuestro referente fue la televisión y en menor medida el cine. Recuerdo la barra cómica de los canales abiertos, especialmente los programas La hora pico, Puro Loco y las producciones que incluían a Jorge Ortíz de Pinedo. Quien ronde más de los 30 años seguramente recordará estos programas.

Por aquel entonces yo no entendía los chistes que jugaban con la sátira y el albur. Mi referente a lo cómico era que las risas grabadas indicaban que ahí había algo gracioso. La mayor parte de los chistes eran burlas sobre alguna característica física de otra persona: su peso, estatura, color de piel, o bien ponían el acoso a las mujeres como algo cómico. Desde aquel entonces y hasta la fecha me provoca una combinación de pudor y repulsa los chistes que tienen que ver con la genitalia humana: quizá esto me reste puntos como mexicana pero no me gusta el albur. Menos el albur que a manera de chiste invita a la violación.

La marcha feminista del pasado 16 de agosto en la CDMX y las marchas que se replicaron en el país tenían un punto en común: queremos que a las mujeres se nos respete. Se respete nuestra vida, nuestro cuerpo, nuestra integridad y dignidad. Fueron marchas contra el machismo pero también contra la autoridad y su incapacidad para afrontar los feminicidios y violaciones que se registran a diario en México. Queremos una legislación laica que ponga a México a la par de los países del primer mundo y le otorgue libertad de decisión sobre su cuerpo a las mujeres.

Los comentarios machistas no se hicieron esperar. Con asombro y tristeza vi que la intolerancia y la falta de empatía hacia la mujer pueden polarizar al país, y también vi que en el siglo XXI tenemos una nueva oleada de machos que ya no tienen que esconderse tras el albur y el chiste para promover la cultura de la violación.

A la par de toda esta misoginia en redes también encontré una gran legión de hombres y mujeres que voltearon a ver las marchas y pese a las críticas ya hablan del feminismo con convicción. El feminismo es de todas, de adolescentes, de niñas, de adultas. Tal parece que las descalificaciones que recibieron las marchas solo sirvieron para avivar y fortalecer las convicciones feministas.

Claro que el feminismo le va a causar escozor a más de uno, especialmente a la generación que recibió educación sexual en el cine de ficheras, la pornografía y en los programas cómicos que servían el albur y el acoso a la mujer como algo normal y gracioso. Claro que el feminismo será un peligro para el hombre que cree que su valor depende de la opresión que pueda ejercer sobre el otro. Porque a México se nos educó en el machismo, en el abuso de poder, en el “chingas o te chingan”.

Se dice que todos somos machistas en rehabilitación. Incluso mujeres. Y me gusta ese concepto, porque uno de los principios de la rehabilitación es identificar y aceptar que tenemos un problema. Nuestra sociedad necesita una rehabilitación urgente del machismo impuesto por la religión, la televisión y la música. Que las luchas feministas sean un referente de educación para todas las generaciones, que a nuestras niñas ya no les toque tener miedo, que a nosotras nos toque ser respetadas. Tengo la esperanza que la rehabilitación provocará la caída del machismo y con ello siglos de opresión y desigualdad.

Cambiar los modelos de consumo

Cambiar los modelos de consumo

Cinthya Barrón

 

Escribo mis columnas desde una computadora que tiene varios años conmigo. Para los usos que le doy, considero que mi equipo se encuentra en óptimas condiciones para seguir operando al menos tres o cuatro años más. Lo mismo sucede con mi teléfono celular, que encontré a muy buen precio hace tres años y que pese a no ser de una marca reconocida a la fecha rinde igual que los celulares de alta gama que se encuentran en las tiendas.

Menciono estos ejemplos porque resulta que en esta campaña contra los plásticos y la satanización de los popotes no se ha tocado el tema de la basura electrónica, esa que la publicidad y las tiendas nos seducen a comprar compulsivamente de acuerdo a las actualizaciones y novedades que año con año anuncian las compañías.

Pongámoslo en cifras: un celular tarda entre 5 y 7 mil años en degradarse. Solo en México, en una cifra del 2018 el INEGI reportó que 64.7 millones de mexicanos tienen un Smartphone. Si multiplicamos la cantidad de celulares solo en México por los años que tardan en degradarse vemos un número que pone casi en cadena perpetua a la tierra. Nuestra tierra.

El incendio de una gran extensión de territorio del Amazonas es lamentable además de alarmante. Mientras veía las imágenes satelitales y las fotografías de los habitantes reclamando lo que le han hecho a su reserva me pregunté, aquí, desde mi trinchera ¿qué podemos hacer? ¿Dejar de comer carne? ¿Pedir mi refresco sin popote? ¿Llenarme de bolsas de tela que luego serán desechadas por otras bolsas de tela más bonitas? Observé mi celular. Ahí estaba una de las tantas (posibles) respuestas.

Este pobre planeta tiene más habitantes de los que puede soportar. El precio que se está pagando por ello es alto: escasez de los recursos naturales, cambios drásticos en el clima, extinción de especies endémicas de ciertas regiones, desequilibrio en los ecosistemas. Yo no soy experta en el tema, pero si de algo me he dado cuenta es que ahora tenemos más información ambiental al respecto y nos preocupamos más que nuestros padres, sin embargo también hemos crecido en un modelo de consumo que lo mismo se se preocupa por el planeta que se llena de productos innecesarios y nocivos para la tierra.

Veo a mi celular y mi computadora, me siento satisfecha de mis equipos. No necesito más. No tendría por qué necesitar más. Parte de la consciencia ambiental es también desafiar los modelos de consumo a los que nos acostumbraron. En nuestras manos está no enfermar más al planeta, parte del cambio está en no dejarse llevar por el canto de las sirenas de la tecnología y saber distinguir cuando un producto es un capricho o una necesidad.

No podemos ir al Amazonas a tratar de detener el fuego, lo que sí podemos hacer es cambiar nuestros hábitos de consumo, que lo de los popotes y las bolsas de plástico sean solo el inicio de un cambio que nos beneficie a todos, especialmente al planeta.

¡El trabajo dignifica!… pero también estresa

¡El trabajo dignifica!… pero también estresa

Cinthya Barrón

 

Hace días me llegó un correo de un proveedor de servicios que ofrecía una charla informativa sobre la entrada en vigor de la NOM 035 de la STPS que busca prevenir factores de riesgo psicosocial en la empresa. Desde hace meses circuló a manera de memes que a partir de octubre el patrón debe implementar medidas que eviten situaciones de tensión que afecten la salud mental de los trabajadores.

Y es que vivimos en un México que ha disfrazado el éxito y nos ha vendido la idea que una persona comprometida se debe dejar explotar, se nos ha engañado con la idea que en “echarle ganas” está la clave para mejorar la situación socioeconómica de nuestro país pese a los bajos salarios, las precarias condiciones laborales, las largas jornadas de trabajo y el nulo bienestar de las personas.

No es de extrañar el aumento de los índices de trastornos de ansiedad, estrés que deriva en actitudes hostiles y violencia laboral que se vive en nuestro país. Según esta nueva normativa los patrones deben vigilar y poner en marcha programas que reduzcan los riesgos psicosociales que pudieran padecer los trabajadores. De entrada suena muy bien, como todo en este país las ideas que tratan de proteger al trabajador tienen un origen genuino y positivo pero a la larga no dejan de ser bastantes ingenuos.

¿Cómo no sufrir de ansiedad y estrés cuando México es uno de los países con las jornadas más largas de trabajo? 8 horas al día, durante seis días a la semana. Y lo peor es que en estas largas jornadas no hay una regulación sobre los “horarios quebrados” en los que el trabajador invierte hasta 12 o más horas de su día en atender las necesidades de la empresa. Y no solo eso, hasta parece que la empresa otorga el “favor” de permitirle comer al empleado, ir al baño, incluso tener un asiento.

Y ni hablemos de los salarios, prestaciones o seguridad social. En México se trabajan demasiadas horas y se paga muy por debajo de la renta promedio de lo que puede percibir un habitante de un país en vías de crecimiento. Yo sé que el tema del salario mínimo es un indicador económico y una medida que debería ser una referencia a la hora de ofrecer contratos, sin embargo las empresas han usado el salario mínimo como una norma para dar lo menos y sacar el mayor provecho. Y ni hablar de los contratos por servicios profesionales que tienen, sobre todo a los jóvenes, en la peor de las situaciones y limbos laborales y tributarios.

Alguna vez escuché que en México las leyes funcionan solo como “consejos para portarse bien”. La NOM 035 me suena más a una sugerencia de trato y no a una regulación seria, porque todos sabemos que de la puerta de la oficina o empresa hacia dentro las cosas y los patrones funcionan muy diferente a lo que prometen en la primera entrevista. Ojalá me equivoque y a la larga mejore la situación de los trabajadores, porque al paso que vamos en México será más redituable y emocionalmente estable vivir de los programas sociales o irse a la montaña que pertenecer a una nómina laboral.

Los no lugares

Los no lugares

Cinthya Barrón Ruiz

 

En el camino (fragmento)

Pero entonces bailaban por las calles como peonzas enloquecidas, y yo vacilaba tras ellos como he estado haciendo toda mi vida, mientras sigo a la gente que me interesa, porque la única gente que me interesa es la que está loca, la gente que está loca por vivir, loca por hablar, loca por salvarse, con ganas de todo al mismo tiempo, la gente que nunca bosteza ni habla de lugares comunes, sino que arde, arde como fabulosos cohetes amarillos explotando igual que arañas entre las estrellas. 

Jack Kerouac.

El antropólogo francés Marc Augé habla de los ‘no lugares’ como espacios que aparentemente son insignificantes por ser solo lugares de paso, donde mucha gente transita a diario como ruta de paso obligado, donde las personas son anónimas y los extraños cruzan (a veces) miradas indiferentes. Marc Augé pone de ejemplo las estaciones del metro, aeropuertos, lugares donde se espera el transporte, filas, salas de espera y similares. Cuando viajo en camión o espero en algún lugar donde hay mas personas pienso en ese ‘no lugar’ que habito junto a ellas, donde aparentemente todos somos anónimos que coincidimos en un lugar por cuestiones fortuitas y a veces hasta rutinarias.

            Sin embargo, creo que todos tenemos una historia para contar, y contrario a lo gris que se pueda pensar este anonimato colectivo creo que es en un “no lugar” donde conviven las historias más interesantes. Si cada persona contara su historia, hablara de sus intereses o de lo que piensa nos asombraríamos de todo lo que cada uno tiene para decirle al mundo y a nuestra vida.

            Hay quienes alardean de tener amistades de otras nacionalidades (como si ser de otro de país fuera un valor extra para el individuo), amistades en puestos influyentes, o personajes reconocidos en tal o cual sector elitista o académico, artístico, o de la llamada ‘alta’ sociedad. En mi caso, he encontrado a personas muy valiosas en los lugares menos esperados, personas que sin ostentar títulos académicos elevados o altas posiciones sociales comparten de manera honesta y desinteresada sus historias.  De esta manera y por razones circunstanciales, laborales, escolares y artísticas me ha tocado conocer personas de diferentes lugares y ocupaciones, personas tanto afines como disímbolas que convergen en el mismo lugar y el mismo espacio. Sus historias, experiencias y manera de ver el mundo han sido en ocasiones mucho más profundas y provechosas que toda la filosofía que he leído en libros.

            Aunque a veces concibo a las personas como islas también me gusta pensar que somos archipiélagos. Busquemos en esos No Lugares salir del anonimato colectivo. Observemos, escuchemos. Quizá esos extraños que nos rodean sean el bálsamo que requiere nuestra alma en este siglo agitado y confuso que nos toca vivir.

Cinthya Barrón

Cinthya Barrón

Matrimonio igualitario    

 

El mes de junio se reconoce como el mes del orgullo LGBT (lésbico, gay, transexual) que culmina con marchas y celebraciones del orgullo gay el 28 de junio. Como la mayor parte de los días de conmemoración por la lucha de derechos de minorías, el origen del día del orgullo gay se remonta a junio de 1969 en Nueva York cuando después de una serie de disturbios en Greenwich Village por las continuas redadas de los policías a bares y centros nocturnos que recibían a la comunidad homosexual, se formaron los primeros grupos activistas que lucharon y promovieron los derechos de la comunidad LGBT en Estados Unidos.

Ahora, a cincuenta años, el orgullo y la lucha se gritan más fuerte. Ya no solo es reconocer la existencia de la comunidad gay, también es coincidir en igualdad de oportunidades, derechos, libertades y situaciones legales. De ahí que en México uno de los temas principales de la agenda LGBT es el reconocimiento legal del cambio de identidad nacional de acuerdo a la identificación de género sin importar el sexo y el matrimonio igualitario para que dos personas del mismo sexo puedan casarse y tener igualdad de derechos que un matrimonio heterosexual.

El 27 de junio de este año se sumó Baja California Sur a la legalización del matrimonio entre personas del mismo sexo, con ello suman ya 18 de los 32 estados en la República Mexicana en reconocer constitucionalmente el derecho a establecer una igualdad de condiciones conyugales para todos. Y aunque el Estado está obligado a proporcionar una legislación que incluya a todos los ciudadanos me asombra que aún haya personas que se opongan rotundamente al matrimonio igualitario, argumentando recursos bíblicos y morales que promueven la discriminación y la homofobia. Para mi sorpresa, porque ya no estamos en el siglo XIX, esta semana vi varias publicaciones en oposición al matrimonio igualitario, publicaciones que fueron compartidas vehementemente por usuarios conservadores.

Rebecca Solnit en el ensayo “Elogio de la amenaza. Qué significa realmente igualdad en el matrimonio” habla del cambio de paradigma que supone el matrimonio entre personas del mismo sexo. Y es que con ello no solo es reconocer una igualdad de derechos para la comunidad gay, es también poner sobre la mesa una idea de matrimonio en el que no existen las jerarquías que históricamente han puesto al hombre como figura dominante y a la mujer en el rol sumiso. Visto de esta manera que dos personas del mismo sexo contraigan matrimonio representa un cambio en el significado del matrimonio tradicional ya que no hay roles impuestos, cuando una pareja del mismo sexo contrae matrimonio pone en igualdad y libertad las condiciones maritales. Con ello es abolir la heteronormatividad y dar un respiro a la unión de las parejas, ya sea homo o heterosexuales. Y eso es un beneficio que nos atañe a todos y el cual también suma a la deconstrucción de la tradición machista que durante siglos ha impuesto cargas enormes a los hombres y yugos pesadísimos a las mujeres.

Toda lucha de minorías termina beneficiando a un colectivo. Toda lucha que sea en contra de la desigualdad y promueva los mismos derechos y libertad de elección es una lucha que debemos apoyar hasta que ya no sea un tema de debate ni polémica, sino una garantía individual establecida para todos en la Constitución.

 

La responsabilidad histórica

La responsabilidad histórica

Cinthya Yadira Barrón Ruiz

 

En muchas ocasiones he escrito y hablado de la importancia y utilidad de la historia para la formación de los individuos en la sociedad. A propósito de ello varios historiadores y amantes de la historia han enunciado afirmaciones que tratan de demostrar el por qué es importante el conocimiento del pasado: desde el básico “la historia nos sirve para conocer nuestro pasado y saber de dónde venimos para tomar el rumbo hacia donde vamos” hasta el enunciado pragmático de “la historia nos sirve para no volver a cometer los errores del pasado”. Heródoto, uno de los considerados padres de la historia se refería a la historia como la ‘magistra vitae’, o  ‘maestra de la vida’ o sea la que enseña a las personas en particular y a los pueblos en general como dirigirse, comportarse y gobernarse.

            Si se analizan las posturas de las diferentes culturas y épocas encontramos que el conocimiento histórico figura como una de las principales inquietudes del ser humano y que en las escuelas y lugares de enseñanza e instrucción la historia ocupaba un lugar importante para la formación del alumnado y de los individuos. De esta manera tanto los que tenían los recursos para asistir a una escuela como los que se reunían alrededor del anciano de la tribu a escuchar desde la tradición oral el pasado de sus familias, de su pueblo, todos ellos buscaban encontrarse en el espejo de su pasado para poder explicarse el por qué de su presente.

            Si como he venido mencionando la historia ocupa un lugar muy importante en la formación de pueblo, ¿por qué en las sociedades actuales pareciera que el pasado resulta un conocimiento del que fuera muy fácil prescindir? De hecho he escuchado comentarios que desacreditan la importancia de la historia como elemento de formación básica, arguyendo que se trata más de ‘cultura general’ que de un conocimiento elemental para el ser humano. Esta idea es la que lamentablemente tienen muchas personas que consideran la materia aburrida, tediosa y poco útil. Recientemente en Chile se abrió el debate y la protesta al proponer Historia y Educación Física como materias optativas para el 2020. Afortunadamente ganó la voz de la razón y seguirán como materias obligatorias en el plan de estudios.

            En México actualmente vivimos en un estado de crisis en cuanto al interés, histórico se refiere. Y mientras el gobierno actual por un lado utiliza solo ciertos sesgos de la historia para legitimar su discurso, por otro lado reduce presupuesto para la investigación histórica y pone en vilo a los académicos. Ni hablar de los programas de enseñanza de historia.

Pero ¿y qué hay de nuestra propia responsabilidad histórica? Hace un par de años vivimos un par de celebraciones que con tanta jocosidad y derroche de dinero (¿alguien se acuerda del centenario-bicentenario?) en ellas se intentó crear consciencia histórica en México pero al final, en la idea general de la sociedad quedaron más como fiestas patrias con duración de un año que como una ocasión para replantear el rumbo del país, tomando en cuenta que la maestra de la vida nos estaba alertando para la transición democrática que llegaría un par de años después.

En medio de este escenario también están los historiadores, los que se dedican de manera profesional a sacar de los laberintos del tiempo la información que nos hace explicarnos el por qué de nuestro presente. ¿Y la responsabilidad histórica que nos toca? A los historiadores de profesión y oficio nos tocaría divulgar, instruir, contagiar del conocimiento histórico a la sociedad para que en próximas elecciones, toma de decisiones y demás acuerdos políticos, sociales e individuales las personas tengan los recursos históricos, críticos y reflexivos para tomar una decisión. Y que esta vez el voto no sea por resentimiento ni por esperanzas en un cambio que, la historia y los antecedentes lo alertaron, no iba a pasar.

Permiso para la belleza

Permiso para la belleza

Cinthya Barrón

 

¿Qué ves cuando estás frente al espejo? ¿Cuáles son los defectos que te encuentras cada que escudriñas tu figura? ¿Cuáles son los rasgos que criticas en las personas que están a tu alrededor? ¿Qué cambiarías de tu cuerpo? ¿Crees que tu autoestima define tu apariencia?

Hace un par de años se popularizaron los programas televisivos en los que se tomaban personas comunes y se les hacían cambios de imagen que incluían maquillaje, corte de pelo, nuevo guardarropa y en algunos casos, cirugías ambulatorias o servicios dentales para corregir lo que los asesores de imagen consideraban defectos. Los participantes de este laboratorio de experimentación física comenzaban incrédulos hasta terminar rendidos ante el reflejo de su “nuevo yo” en el espejo.

            Cuando era niña me encantaba ver estos programas, las nuevas hadas madrinas venían cargadas de ropa y maquillaje y tomaban cenicientas que terminaban convertidas en Narcisos. Al final del programa los participantes se reunían con sus cercanos en un festín de llanto, aplausos y vítores. No solo los rostros habían cambiado, también la mirada, el andar, la inflexión de la voz y la postura. El cuento de hadas no incluía magia, solo incluía un cambio de percepción personal.

Los medios y ciertas modas nos han hecho creer que solo un sector de la sociedad tiene derecho a verse y sentirse hermosa. Los comerciales, el cine, los programas de televisión e Instagram nos muestran ciertas pieles y ciertos cuerpos como los arquetipos de belleza. ¿Y los demás? Nos han educado en un eterno “todo o nada” y vamos por la vida anhelando la belleza a costa de despreciar lo que, para nosotros, son defectos irreparables.

En la novela “Dietland” de Sarai Walker se aborda el tema de la percepción personal de la belleza de una manera tan entrañable que nos hace replantearnos si es que la fealdad y la belleza son algo con lo que se nace o es algo con lo que se decide vivir.

Quizá el tema sea frívolo para algunos, pero yo sí creo que la belleza es algo importante para el estado anímico y emocional de las personas. ¿Y si en lugar de llevar al máximo nuestros “defectos” nos damos permiso de sentirnos hermosos? ¿Por qué dejar que el arreglo personal sea solo para ocasiones especiales y no para todos los días? ¿Por qué esperamos que alguien más nos tenga que decir lo bien que nos vemos para empezar a creer que también tenemos acceso a la belleza?

Quizá cambiar nuestra percepción personal sea el mejor cambio de imagen, quizá solo nos hace falta darnos permiso para ser hermosos cada día, todo el día.