Lo que sigue…

Axolotl Blues

Cinthya Barrón

Lo que sigue…

 

Escribo estas líneas después de una semana que me ha parecido eterna en redes sociales, pero ligera y breve en el día a día de la vida real. Con las elecciones se acabó la propaganda política, se acabaron los spots que al final fueron una tunda de dimes y diretes. México salió a votar y a poner en las urnas poco más que un voto, algunos fueron a depositar la pasión, el enojo, la esperanza y la apatía en una elección que fue histórica por muchas razones.

En esta ocasión fui funcionaria de casilla y aunque fue una jornada larga y cansada por tratarse de elecciones locales y federales, me queda la experiencia de haber visto el proceso de la democracia en primera persona. Antes veía con desconfianza a las instituciones encargadas de llevar a cabo las elecciones, ahora me queda claro que muchas irregularidades en el conteo de votos y en el llenado de actas vienen de los ciudadanos encargados de llevar a cabo el proceso electoral. Y no es por alevosía, a veces es por mera distracción.

La noche de ese domingo 1 de julio regresé a casa antes de medianoche y aunque en las casillas que me tocó ver los conteos seguían su curso, desde horas antes ya habían salido algunos candidatos a declararse ganadores y otros tantos a aceptar su derrota. Me sentía aturdida por las actividades del día y me parecía ilógico que a tan temprana hora estuvieran dando por hecho algo que me constaba no podía contabilizarse ni declararse con tan poco tiempo. En fin, el pueblo votó y el pueblo escuchó lo que quería escuchar.

No fueron las victorias ni las derrotas lo que me molestó de estas elecciones, como lo dije desde la semana pasada, lo que me extraña y hasta cierto punto entristece es la actitud de los simpatizantes de tal o cual candidato. Los mexicanos somos malos perdedores y pésimos ganadores. Las publicaciones de los ciudadanos que se consideran vencedores en estas elecciones me hicieron recordar lo mucho que nos hace daño, a veces, tener redes sociales.

Mi muro de Facebook se llenó de publicaciones que hacían burla e insultaban a los simpatizantes de los partidos que perdieron. La pasión por sentirse ganadores hizo que se perdiera el objetivo: se trata de elegir un representante de los ciudadanos para que tome decisiones por el país, no se trata de encontrar una justificación para dividirnos y hacer notar los prejuicios ideológicos que tanto nos afectan.

Lo que sigue es encauzar al país para mejorar, lo que sigue es exigir a los representantes en turno resultados, lo que sigue es comprometernos con la participación ciudadana, política y ética. Lo que sigue es que sin importar partidos ni colores veamos por México, por mejorar nuestro presente con miras a garantizar un buen futuro. Lo que sigue es que seamos críticos y reflexivos, lo que sigue es aprender a dialogar pese a tener opiniones contrarias. Lo que sigue es aprender a perder pero también aprender a ganar.

Twitter: @cybarron

Manual para la vida moderna

Manual para la vida moderna

Cinthya Barrón

 

Cuando pienso en mi infancia y las innumerables veces que dije “ya quiero ser grande para trabajar y tener mi propio dinero” me dan ganas de regresar en el tiempo y decirme que la vida adulta no es ni sofisticada ni fácil, es más, que mejor no crezca y me quede viendo caricaturas para siempre.

Cuando egresamos de la universidad creemos que a partir de ese momento todo será una larga cosecha de éxitos personales. Mi generación creció con el ideal de un trabajo de oficina, de preferencia en labores administrativas como si fuera lo máximo en la vida laboral. Sin embargo la realidad de lo que mexicanamente hemos bautizado como vida Godínez dista mucho de lo que creímos sería la comodidad de un trabajo estable.

Todo lo anterior se puede apreciar de manera puntual, tierna e irónica en una serie animada de Netflix que vi hace un par de semanas. Se trata de “Aggretsuko” y hasta ahora es lo mejor que he visto en cuanto a series en lo que va del año. En esta serie se narra la vida de una chica soltera que vive los estragos de ser una oficinista en Japón, la relación que tiene con sus compañeros de trabajo y especialmente con su jefe, un hombre machista y manipulador que busca a toda costa explotar a sus empleados.

La genialidad de Aggretsuko es el tono irónico y tierno de sus personajes y el estilo de animación. Al ser personajes diseñados por la compañía Sanrio (creadores de Hello Kitty) me recordaron mucho a mis juguetes de niña y a ese anhelo de la vida adulta como algo lleno de dicha y prosperidad. Retsuko, personaje principal de la serie, busca seguir su sueño de una vida lejos de la oficina, tiene problemas con su estabilidad emocional por un trabajo tóxico, busca en sus compañeros de trabajo aliados para resistir a la vida diaria, tiene problemas para completar sus gastos y cree que enamorarse es una salida a la realidad laboral. Quien tenga tiempo sorteando la vida adulta y un trabajo estable comprenderá estas pequeñas alegrías y las frustraciones que no nos advirtieron cuando éramos niños. Por eso Aggretsuko es una serie para el niño interior que le gusta reírse, especialmente de sí mismo.

            Lamentablemente no hay un manual definitivo para la vida adulta. En esta temporada de graduaciones me inquieta saber cómo será la relación emocional y laboral de los chicos que ilusionados caminan con sus togas a recibir sus certificados. Me gustaría advertirles sobre algunos mitos de la felicidad en la oficina y los beneficios de tener prestaciones laborales antes que grandes sueldos por pequeños contratos. Pero quizá esos manuales de la vida adulta solo se puedan conseguir con la experiencia personal, con el tiempo, con humor y con muchas caídas, especialmente cuando esas caídas nos obligan a levantarnos con mayor determinación.

 

 

 

           

 

La vida somos todas

Axolotl Blues

Cinthya Barrón

La vida somos todas

 

Durante mis años de universitaria, en México se vivió el debate y posterior legalización del aborto en la ahora CDMX. Una de las maestras de mi carrera de origen británico constantemente nos comentaba en clase que le parecía muy curiosa la postura de los grupos pro vida por el tema del aborto, lo cual es legal en su país desde hace varias décadas. Después de esa histórica legislación local, el tema del aborto legal en el resto del país no se volvió a tocar en los congresos. Grupos feministas buscan si bien ya no la legalización, al menos la despenalización del aborto en los estados.

Este jueves 14 de junio en América Latina amanecimos con una noticia que nos llegó desde Argentina: el Congreso de Diputados aprobó la legalización del aborto. Es el primer gran paso de una lucha de décadas, feministas argentinas han marchado para hacer visible una petición que en países de primer mundo es parte de los derechos reproductivos universales: aborto legal y seguro. Aún falta que el senado dé luz verde a esta iniciativa de ley, y aunque hay grupos conservadores tratando de dar atrás este cambio histórico lo cierto es que la lucha por los derechos reproductivos de las mujeres es algo inminente.

Mientras que en Twitter todo era celebrar este gran paso para las mujeres en América Latina, en mi muro de Facebook encontré otra perspectiva del tema. Personas que estimo y valoro mucho tienen una completa negativa al aborto, lo cual respeto, sin embargo las ideologías y convicciones personales deben quedar en ese plano, en lo personal, y dejar de decidir sobre el cuerpo de alguien más.

Negarle el aborto legal y seguro a una mujer es como negarle a un diabético su tratamiento porque no hizo ejercicio, no comió saludable o no quiso bajar de peso. Quizá es un ejemplo muy burdo pero es el primer argumento que muchos hacen para satanizar al aborto y dicen “que se cuide si no quiere tener hijos”. ¿Y qué pasa en comunidades donde la educación sexual y la anticoncepción son nulas? ¿Qué pasa con las niñas que no conocen su cuerpo y tienen escasa información sexual y se embarazan antes de los 15? ¿Por qué los embarazos no deseados siempre tienen que ver con las mujeres y no se habla de también educar a los hombres para evitarlos?

Estoy a favor de la vida, especialmente de las mujeres. Mientras el aborto no sea legal habrá muchas mujeres que seguirán muriendo por practicarlo en la clandestinidad. La vida somos todas, la vida es luchar por nuestros derechos y también respetar las convicciones de los demás. En Argentina es casi un hecho, ahora falta esperar a que en México sea una realidad nacional.

 

Los niños de Stefan Kiesbye

Los niños de Stefan Kiesbye

Cinthya Barrón Ruiz

 

Hace un par de años leí dos novelas del escritor alemán Stefan Kiesbye editadas por Almadía. La primera que leí fue “Puerta al Infierno” en la cual a través de las voces de cuatro niños relata la vida cotidiana y la infancia en Hammersmoor, un pueblo rural de la Alemania occidental. Cada capítulo es un relato en el que cada niño da su versión de los diferentes sucesos que acontecen en el pueblo y en sus vidas. Los temas van desde el parricidio, el despertar sexual, el incesto, acoso, venganza, mentira, asesinatos e historias donde supuestamente el diablo se aparece y le pide a un niño que le lleve el alma de su hermana  para mostrarle el infierno. Cada relato se complementa y nos lleva a ver a la infancia no como esa etapa de ingenuidad y felicidad de las caricaturas, sino a niños con una comprensión cruda y perversa del mundo.

La otra novela de Kiesbye fue “Al lado vivía una niña”. En este caso solo es un narrador, Moritz, que cuenta la vida de su pandilla de amigos, niños entre 12 y 14 que, como en el anterior libro, se enfrentan a problemas de la edad y a recobrar la vida cotidiana en una localidad obrera durante la posguerra. Moritz, que en un principio parece un niño normal pronto nos abre las puertas a su interior, a la manera en que se preocupa por ser buen estudiante aunque tenga que vengarse de manera igual o más violenta de quienes lo molestan en la escuela, los juegos en un búnker como claro recordatorio de la tensión bélica y política de las alemanias separadas, la forma en que él junto a sus amigos secuestran a una niña que descubren en estado casi de inanición y de cómo casi al final de la novela es violado y torturado por los chicos de la pandilla contraria. Y esto es poco a todo lo que sucede en la novela ya que el autor a través de estos niños nos habla de una Alemania herida y en recuperación por la guerra y no creo que sea mero capricho que Kiesbye haya escogida la aparente voz de inocencia infantil para relatar la crueldad con la que puede proceder una persona. En este caso nadie pensaría que un niño pudiera planear y actuar con tanta violencia.

Un par de semanas después de que leyera estos libros, en México trascendió la noticia del asesinato de un niño de 6 años en Chihuahua en el que los implicados en el crimen eran otros menores. ¿Qué hacían? “Jugaban” al secuestro y como tal “jugaban” a torturar. La versión que se dio fue que se les pasó la mano y cuando se dieron cuenta un niño había muerto. Lo acontecido dio vuelta al mundo, y aunque un hecho tan lamentable luego fue tomado como un pretexto mediático para ganar popularidad por Televisa lo cierto es que esta noticia puso el dedo en la llaga de que la violencia y la crueldad no son exclusivas del mundo adulto.

Las historias de Kiesbye son ficciones, las voces de sus niños nos hablan desde la perspectiva infantil de quien está consciente de la maldad pero que también tiene un mundo adulto que lo protege. Hubo marchas, las opiniones se dividieron y aunque todos clamaban justicia ahora, a dos años de un asunto tan grave ya no tenemos noticia de lo sucedido con los responsables de este asesinato. Qué tanto nos dolemos de la muerte ajena, qué pronto nos olvidamos de las víctimas.

Antes de terminar creo que es importante señalar que los niños de Stefan Kiesbye así como los niños implicados en el asesinato de Chihuahua viven inmersos en un ambiente de (pos)guerra. Se habló de la descomposición social de México, de que esto es el resultado directo de los estragos de una guerra que no pedimos y que en el norte nos ha costado poco más que –literalmente- la vida. Todo ello aunado a la desintegración familiar, la violencia doméstica, la falta de empleo y la desigualdad económica. Si lo analizamos de esta manera el problema resulta mucho más complejo que pedir que se castigue a los menores sin solucionar el trasfondo de estas vidas que lamentablemente coinciden con la de muchos niños de este país.

Por eso ¿Alguien por favor quiere pensar en los niños?

Mr. Roboto para presidente

Mr. Roboto para presidente

Cinthya Barrón
Si sucede en la ficción, puede suceder en la vida real. Más si se trata de ciencia ficción, género que propone escenarios que vinculan los mundos posibles ya sea en el presente o en el futuro, y que mezcla la tecnología con el mundo como lo conocemos. Pero la que me llama la atención es toda esa ciencia ficción que imagina una vida en la que los humanos conviven con robots como sus iguales.

A propósito de ello hace algunos días apareció una nota inusual en varios portales de noticias internacionales. Resulta que en Tokio también están en periodo de elecciones y uno de los candidatos a la alcaldía de un distrito es un robot con inteligencia artificial que propone terminar con la corrupción y mediante algoritmos tomar decisiones que beneficien a sus gobernados.

Cuando leí la nota me intrigó saber qué pensaría Isaac Asimov del camino de la inteligencia artificial y la robótica en su escalada en la vida política y ética. Detrás de este robot está la mente de Tetzuso Matsuda y Norio Murakami, ambos dedicados al desarrollo de software que ven en la informática una vía alterna de gobierno que, sin intereses personales, analice las propuestas de los ciudadanos y desglose estadísticamente las implicaciones positivas y negativas para poner en marcha sus acciones. Parece el argumento de una película, o bien un capítulo más de Futurama, pero es lo que las noticias nos traen de Japón.

Comenté esta nota con mis compañeros y fue inevitable mencionar el uso y abuso de las máquinas no solo como complemento a nuestra vida, sino como una forma de gobierno. Y en mi caso, también fue inevitable pensar qué pasaría si las máquinas reemplazaran a nuestros poco convincentes candidatos. Claro, es un escenario que da para muchas y guajiras posibilidades pero que me divierte imaginar.

Mientras en Japón le apuestan a las estadísticas y a una ciudadanía que ve en la robótica una posibilidad de gobierno, en México no somos capaces de discernir entre noticias falsas y vemos en los memes una posibilidad de campaña política. No sé qué tan viable sean los datos para gobernar, pero si un sector está seguro de la información que proporciona y apoya una democracia basada en la estadística eso nos dice más de la honestidad de los ciudadanos que de la importancia de elegir entre una persona y un robot. Y eso deja mucho qué pensar.

Una historia de bullying

 

Como he mencionado en otras ocasiones me gusta hacer ejercicio y durante los primeros meses del año es cuando veo a más gente, especialmente adolescentes, involucrados en actividades deportivas. Debo confesar que a veces me da cierta envidia con las personas que comenzaron desde temprana edad en el deporte. Yo apenas llegué hace unos años a realizar entrenamientos conscientes y aunque no me arrepiento de haber dedicado mi adolescencia y temprana juventud a la música me hubiera gustado tener mis medallas y trofeos. Y quizá pude haber combinado el arte y el deporte si no hubiera pasado por un episodio de lo que ahora conocemos como bullying cuando estaba en la secundaria.

En mis tiernos años de pubertad solía acompañar a mi papá a correr, no era por el afán deportivo propiamente dicho- sino que esperaba –la mayor parte de las veces sin éxito que al salir del estadio me invitara una raspa, un trole o un helado. La condición que ponía era que no me despegara de él y que hiciera su misma rutina. Al principio no fue fácil pero conforme pasaron las semanas me acoplé a su ritmo y las vueltas que me parecían eternas cada vez fueron siendo más fáciles de llevar.

Como era de esperarse y por lo remilgosa que era para comer, mi físico fue cambiando sin que me diera cuenta, siendo los primeros años del 2000 pocas personas hablaban de las modas fitness como ahora, las flacas por naturaleza (o anorexia) dominaban el mundo y aunque se admiraba a Soraya Jiménez por la sorpresiva medalla de oro para México en halterofilia en los juegos olímpicos de Sidney, pocas mujeres envidiaban su disciplina y mucho menos su cuerpo.

Recuerdo que por aquel entonces las chicas debíamos ir con el uniforme oficial de la secundaria y si tocaba educación física cambiarnos en los baños del gimnasio por un short y playera blanca. Y ahí era donde el pudor separaba a las niñas entre las que apenas usábamos corpiño y las chicas que podían lucir sostenes espectaculares. En una ocasión tuve que cambiarme frente a las chicas más bonitas del salón, las que por antonomasia eran las más populares y poseían los senos más desarrollados que recuerde en una niña de 13 años, mientras me cambiaba una de ellas se me quedó viendo y señaló algo más que mi incipiente corpiño y la evidente ausencia de curvas: mi abdomen tenía “cuadritos”. La observación de ella fue aderezada por el comentario de otra chica que dijo que eran cuadritos como de hombre. En ese momento me sentí no solo avergonzada por no poseer el envidiable par de senos de ellas sino que además tenía cuerpo de hombre. ¿Podría acaso ser más perdedora?

Claro, ahora me causa gracia y cuento la historia como una anécdota más para justificar mi sobrepeso,aunque la verdad quisiera regresar el tiempo para explicarme que no tomara en cuenta el comentario de un par de adolescentes igual de inmaduras que yo. Pero estamos hablando de la pubertad, esa terrible antesala a la adolescencia donde el caldo hormonal y los conflictos de identidad propios de la edad habían sido ignorados hasta hace un par de años cuando empezó a usarse la palabra bullying para definir el acoso escolar y los problemas que puede generar en la formación de los chicos. En mi caso, a raíz de ese episodio dejé de ir a correr y en general perdí interés en el deporte.

Afortunadamente los años han pasado y ya no es mal visto que una mujer opte por tener un cuerpo fuerte, con músculos prominentes y participe en deportes que tradicionalmente han sido dominados por hombres. La percepción del cuerpo femenino y los estándares de belleza han cambiado dramáticamente en los últimos 17 años. Por ejemplo, el boxeo femenino fue incluido apenas en el 2012 como disciplina olímpica y aunque ya no es raro ver a mujeres practicar boxeo, artes marciales mixtas, halterofilia o fisiculturismo no hay que olvidar que hace apenas unos años era tabú y el hecho de que podamos aspirar a tener un abdomen y bíceps bien marcados sin que se nos diga “marimacha” es una gran conquista y una manera más de ejercer la libertad en nuestro cuerpo.

Quisiera volver a tener mis “cuadritos” de aquel entonces. Quisiera que ya no hubiera prejuicios. Quisiera que no existiera bullying, Quisiera que todos los chicos sepan que pueden dedicarse a lo que quieran si sienten pasión y puedan mantener la disciplina para hacerlo, Quisiera que estemos atentos a apoyar los sueños y los talentos deportivos, artísticos y científicos de quienes nos rodean.