Cinthya Barrón

Cinthya Barrón

Matrimonio igualitario    

 

El mes de junio se reconoce como el mes del orgullo LGBT (lésbico, gay, transexual) que culmina con marchas y celebraciones del orgullo gay el 28 de junio. Como la mayor parte de los días de conmemoración por la lucha de derechos de minorías, el origen del día del orgullo gay se remonta a junio de 1969 en Nueva York cuando después de una serie de disturbios en Greenwich Village por las continuas redadas de los policías a bares y centros nocturnos que recibían a la comunidad homosexual, se formaron los primeros grupos activistas que lucharon y promovieron los derechos de la comunidad LGBT en Estados Unidos.

Ahora, a cincuenta años, el orgullo y la lucha se gritan más fuerte. Ya no solo es reconocer la existencia de la comunidad gay, también es coincidir en igualdad de oportunidades, derechos, libertades y situaciones legales. De ahí que en México uno de los temas principales de la agenda LGBT es el reconocimiento legal del cambio de identidad nacional de acuerdo a la identificación de género sin importar el sexo y el matrimonio igualitario para que dos personas del mismo sexo puedan casarse y tener igualdad de derechos que un matrimonio heterosexual.

El 27 de junio de este año se sumó Baja California Sur a la legalización del matrimonio entre personas del mismo sexo, con ello suman ya 18 de los 32 estados en la República Mexicana en reconocer constitucionalmente el derecho a establecer una igualdad de condiciones conyugales para todos. Y aunque el Estado está obligado a proporcionar una legislación que incluya a todos los ciudadanos me asombra que aún haya personas que se opongan rotundamente al matrimonio igualitario, argumentando recursos bíblicos y morales que promueven la discriminación y la homofobia. Para mi sorpresa, porque ya no estamos en el siglo XIX, esta semana vi varias publicaciones en oposición al matrimonio igualitario, publicaciones que fueron compartidas vehementemente por usuarios conservadores.

Rebecca Solnit en el ensayo “Elogio de la amenaza. Qué significa realmente igualdad en el matrimonio” habla del cambio de paradigma que supone el matrimonio entre personas del mismo sexo. Y es que con ello no solo es reconocer una igualdad de derechos para la comunidad gay, es también poner sobre la mesa una idea de matrimonio en el que no existen las jerarquías que históricamente han puesto al hombre como figura dominante y a la mujer en el rol sumiso. Visto de esta manera que dos personas del mismo sexo contraigan matrimonio representa un cambio en el significado del matrimonio tradicional ya que no hay roles impuestos, cuando una pareja del mismo sexo contrae matrimonio pone en igualdad y libertad las condiciones maritales. Con ello es abolir la heteronormatividad y dar un respiro a la unión de las parejas, ya sea homo o heterosexuales. Y eso es un beneficio que nos atañe a todos y el cual también suma a la deconstrucción de la tradición machista que durante siglos ha impuesto cargas enormes a los hombres y yugos pesadísimos a las mujeres.

Toda lucha de minorías termina beneficiando a un colectivo. Toda lucha que sea en contra de la desigualdad y promueva los mismos derechos y libertad de elección es una lucha que debemos apoyar hasta que ya no sea un tema de debate ni polémica, sino una garantía individual establecida para todos en la Constitución.

 

La responsabilidad histórica

La responsabilidad histórica

Cinthya Yadira Barrón Ruiz

 

En muchas ocasiones he escrito y hablado de la importancia y utilidad de la historia para la formación de los individuos en la sociedad. A propósito de ello varios historiadores y amantes de la historia han enunciado afirmaciones que tratan de demostrar el por qué es importante el conocimiento del pasado: desde el básico “la historia nos sirve para conocer nuestro pasado y saber de dónde venimos para tomar el rumbo hacia donde vamos” hasta el enunciado pragmático de “la historia nos sirve para no volver a cometer los errores del pasado”. Heródoto, uno de los considerados padres de la historia se refería a la historia como la ‘magistra vitae’, o  ‘maestra de la vida’ o sea la que enseña a las personas en particular y a los pueblos en general como dirigirse, comportarse y gobernarse.

            Si se analizan las posturas de las diferentes culturas y épocas encontramos que el conocimiento histórico figura como una de las principales inquietudes del ser humano y que en las escuelas y lugares de enseñanza e instrucción la historia ocupaba un lugar importante para la formación del alumnado y de los individuos. De esta manera tanto los que tenían los recursos para asistir a una escuela como los que se reunían alrededor del anciano de la tribu a escuchar desde la tradición oral el pasado de sus familias, de su pueblo, todos ellos buscaban encontrarse en el espejo de su pasado para poder explicarse el por qué de su presente.

            Si como he venido mencionando la historia ocupa un lugar muy importante en la formación de pueblo, ¿por qué en las sociedades actuales pareciera que el pasado resulta un conocimiento del que fuera muy fácil prescindir? De hecho he escuchado comentarios que desacreditan la importancia de la historia como elemento de formación básica, arguyendo que se trata más de ‘cultura general’ que de un conocimiento elemental para el ser humano. Esta idea es la que lamentablemente tienen muchas personas que consideran la materia aburrida, tediosa y poco útil. Recientemente en Chile se abrió el debate y la protesta al proponer Historia y Educación Física como materias optativas para el 2020. Afortunadamente ganó la voz de la razón y seguirán como materias obligatorias en el plan de estudios.

            En México actualmente vivimos en un estado de crisis en cuanto al interés, histórico se refiere. Y mientras el gobierno actual por un lado utiliza solo ciertos sesgos de la historia para legitimar su discurso, por otro lado reduce presupuesto para la investigación histórica y pone en vilo a los académicos. Ni hablar de los programas de enseñanza de historia.

Pero ¿y qué hay de nuestra propia responsabilidad histórica? Hace un par de años vivimos un par de celebraciones que con tanta jocosidad y derroche de dinero (¿alguien se acuerda del centenario-bicentenario?) en ellas se intentó crear consciencia histórica en México pero al final, en la idea general de la sociedad quedaron más como fiestas patrias con duración de un año que como una ocasión para replantear el rumbo del país, tomando en cuenta que la maestra de la vida nos estaba alertando para la transición democrática que llegaría un par de años después.

En medio de este escenario también están los historiadores, los que se dedican de manera profesional a sacar de los laberintos del tiempo la información que nos hace explicarnos el por qué de nuestro presente. ¿Y la responsabilidad histórica que nos toca? A los historiadores de profesión y oficio nos tocaría divulgar, instruir, contagiar del conocimiento histórico a la sociedad para que en próximas elecciones, toma de decisiones y demás acuerdos políticos, sociales e individuales las personas tengan los recursos históricos, críticos y reflexivos para tomar una decisión. Y que esta vez el voto no sea por resentimiento ni por esperanzas en un cambio que, la historia y los antecedentes lo alertaron, no iba a pasar.

Permiso para la belleza

Permiso para la belleza

Cinthya Barrón

 

¿Qué ves cuando estás frente al espejo? ¿Cuáles son los defectos que te encuentras cada que escudriñas tu figura? ¿Cuáles son los rasgos que criticas en las personas que están a tu alrededor? ¿Qué cambiarías de tu cuerpo? ¿Crees que tu autoestima define tu apariencia?

Hace un par de años se popularizaron los programas televisivos en los que se tomaban personas comunes y se les hacían cambios de imagen que incluían maquillaje, corte de pelo, nuevo guardarropa y en algunos casos, cirugías ambulatorias o servicios dentales para corregir lo que los asesores de imagen consideraban defectos. Los participantes de este laboratorio de experimentación física comenzaban incrédulos hasta terminar rendidos ante el reflejo de su “nuevo yo” en el espejo.

            Cuando era niña me encantaba ver estos programas, las nuevas hadas madrinas venían cargadas de ropa y maquillaje y tomaban cenicientas que terminaban convertidas en Narcisos. Al final del programa los participantes se reunían con sus cercanos en un festín de llanto, aplausos y vítores. No solo los rostros habían cambiado, también la mirada, el andar, la inflexión de la voz y la postura. El cuento de hadas no incluía magia, solo incluía un cambio de percepción personal.

Los medios y ciertas modas nos han hecho creer que solo un sector de la sociedad tiene derecho a verse y sentirse hermosa. Los comerciales, el cine, los programas de televisión e Instagram nos muestran ciertas pieles y ciertos cuerpos como los arquetipos de belleza. ¿Y los demás? Nos han educado en un eterno “todo o nada” y vamos por la vida anhelando la belleza a costa de despreciar lo que, para nosotros, son defectos irreparables.

En la novela “Dietland” de Sarai Walker se aborda el tema de la percepción personal de la belleza de una manera tan entrañable que nos hace replantearnos si es que la fealdad y la belleza son algo con lo que se nace o es algo con lo que se decide vivir.

Quizá el tema sea frívolo para algunos, pero yo sí creo que la belleza es algo importante para el estado anímico y emocional de las personas. ¿Y si en lugar de llevar al máximo nuestros “defectos” nos damos permiso de sentirnos hermosos? ¿Por qué dejar que el arreglo personal sea solo para ocasiones especiales y no para todos los días? ¿Por qué esperamos que alguien más nos tenga que decir lo bien que nos vemos para empezar a creer que también tenemos acceso a la belleza?

Quizá cambiar nuestra percepción personal sea el mejor cambio de imagen, quizá solo nos hace falta darnos permiso para ser hermosos cada día, todo el día.

Mi manifiesto del 8 de marzo

Mi manifiesto del 8 de marzo
Cinthya Barrón

A veces, cuando leo las noticias nacionales, no me parece que sea el año 2019. No puedo creer que siendo un país en el eterno sueño de llegar a primer mundo todavía se ponga en duda el derecho a decidir de las mujeres. No puedo creer que seamos un país con una riqueza cultural reconocida mundialmente y que sigamos hablando de feminicidios, impunidad y violencia contra la mujer.

No puedo creer que las mujeres, siendo la principal fuerza laboral de este país sigan sujetas a legislaciones que prefieren cerrar estancias infantiles y refugios para mujeres violentadas. No puedo creer que haya mujeres en los congresos votando a favor de leyes que lo único que hacen es un retroceso en materia de derechos humanos y empoderamiento femenino.
La decisión del Congreso de Nuevo León de penalizar el aborto es algo completamente anacrónico para este siglo. Y no solo eso, un estado que presume generar las mayores aportaciones a la federación pone el ejemplo que riqueza no siempre va de la mano con desarrollo.
Hoy, 8 de marzo de 2019 en pleno día de la mujer trabajadora es obligatorio tomar en cuenta que no somos la idealización de la madre, esposa, hija, de la fémina que el patriarcado ha inventado. Somos seres humanos que por el simple hecho de ser mujeres llevamos la desventaja en un país como México. Y aunque el panorama a veces se torna muy oscuro cuando leemos las cifras de feminicidios, violaciones, de brecha salarial, secuestros, violencia, aún con todo eso creo que las mujeres organizadas e informadas sobre sus derechos pueden, quieren y deben hacer un cambio.
Mi sueño es que me alcance la vida para ver nuevas generaciones de mujeres que puedan salir a la calle sin miedo, que estén en igualdad de oportunidades profesionales, que no se les exija ser madres ni esposas, que puedan decidir sobre su cuerpo y su vida. Espero ver generaciones de mujeres que vean como un asunto de la prehistoria la prohibición del aborto. Quiero que las próximas generaciones tengan plena consciencia de sus derechos reproductivos, que no haya negativas para la educación sexual en todas las edades. Recordemos que la lucha es por “Educación sexual para decidir, anticonceptivos para no abortar, aborto legal para no morir”.
Quiero ver mujeres empoderadas, libres, plenas y dichosas porque ellas serán las herederas del feminismo que a nosotras nos toca continuar y que espero nunca tenga conclusión.

Llevar la Casa y el Arte a las Colonias

Llevar la Casa y el Arte a las Colonias

Cinthya Barrón Ruiz

 

Desde el mes de enero la Casa del Arte de Ciudad Victoria ha llevado un programa itinerante en colonias de la periferia de la ciudad. Bajo el nombre “Casa del Arte en tu Colonia” este programa tiene como propósito llevar talleres a sectores que quizá no conocían la oferta académica de la única institución pública de enseñanza artística en la ciudad. Visto así se puede pensar que es solo un programa social de promoción cultural del estado, sin embargo los talleres y la experiencia van más allá de eso. Lo digo en primera persona, porque he tenido la oportunidad de participar en ellos y porque cada lugar, cada grupo y cada día estos talleres transforman mi visión de la música y del arte colaborativo.

Mi segunda identidad, quizá mi vocación primigenia, es la música y he descubierto que enseñar música es disfrutarla por partida doble. Cuando se comparte lo que uno ama y ve a las personas contagiadas de una misma pasión se forma una comunidad que puede llegar a lugares insospechados. Por eso me entusiasmó mucho cuando me invitaron a participar en el programa porque creo firmemente que el arte cambia la percepción del mundo y sensibiliza a las personas. El arte es algo necesario en todos los tiempos pero especialmente ahora, en este Tamaulipas y nuestra Ciudad Victoria, el arte más que necesario es urgente.

 El programa Casa del Arte en tu Colonia se compone de cuatro disciplinas: danza, teatro, artes plásticas y música. Mi programa de música la divido en un vistazo general a los grupos de instrumentos, introducción al lenguaje musical y lectura musical, rítmica básica y una parte práctica de instrumento de violín y violonchelo. Para mi sorpresa en estos talleres y en todos los grupos que me ha tocado atender son los chicos los que me enseñan a mí tanto o más como yo quisiera enseñarles a ellos. Pese a que algunos grupos son de colonias consideradas de alta peligrosidad, la realidad al trabajar con ellos es que la colaboración, apoyo, solidaridad y talento de los chicos es envidiable. Quizá si el arte llegara a todos los rincones ya no estaríamos hablando de índices de violencia, sino de compañías de teatro, de danza, exposiciones, orquestas y conjuntos musicales.

Agradezco al Arquitecto Ricardo Zárate Reséndiz, director de Casa del Arte Victoria, por hacerme parte de este proyecto y escuchar todas nuestras inquietudes y mejorar mis ocurrencias. A la Directora de Cultura Tamaulipas, la Licenciada Sandra Luz García Guajardo por llevar programas a lugares más allá de los recintos culturales y donar los instrumentos para realizar estos talleres. Mi infinita gratitud con los maestros y personal involucrado en este proyecto y su realización.

La novela “Cien años de soledad” de Gabriel García Márquez comienza con una imagen narrativa poderosa que da pie a una de las historias más entrañables de la literatura latinoamericana. En ella se cuenta que “frente al pelotón de fusilamiento, el coronel Aureliano Buendía había de recordar aquella tarde remota en que su padre lo llevó a conocer el hielo”. Esta alegoría (sin el destino funesto del coronel Buendía) ejemplifica lo que siento al respecto de estos talleres: los chicos quizá no recuerden mi nombre, la ropa que llevaba puesta o incluso mi rostro. Pero sí recordarán que en alguna ocasión alguien llegó cargada de violines y violonchelos y que a través de ellos pudieron nombrar a la música y ser una orquesta, un violinista, un chelista en acción. Éstas son las experiencias que transforman y que pueden cambiar el rumbo de toda una vida.

 

Cronofilias

Axolotl Blues

Cinthya Barrón

Cronofilias

 

De un tiempo a la fecha mido el tiempo en cuenta regresiva. Ejemplo: me levanto, veo el reloj y pienso “faltan 13 horas para cerrar la jornada laboral”, en cuanto a las fechas pienso “faltan tantos días para que paguen”, “faltan tantos meses para terminar clases”, “faltan tantos años para jubilarme”. No sé si eso sea un síntoma del cansancio de la edad adulta, pero desde que mido así el tiempo éste pasa volando. De pronto es fecha de cierre de mes, informes y declaraciones al SAT. Ya no vivimos el aquí y el ahora, el Carpe Diem latino se convirtió en un plazo a meses sin intereses. El concepto tiempo es muy diferente a como lo pensábamos en la infancia.

En mi caso el tiempo ya no solo es un concepto de duración, el tiempo es quizá algo tan preciado como la salud o la vida misma. Cuántas cosas no intentamos por falta de tiempo, cuántas cosas hemos abandonado porque ya no disponemos de tiempo. Con gracia y un tanto de tristeza le digo a mis cercanos que si tan solo el día tuviera cuatro horas más, mi vida y de seguro la vida de muchos tendría otro sentido.

Ignoro si en la literatura alguien haya escrito sobre el tiempo como una riqueza alternativa, si alguien ha tomado el concepto de tiempo como un tipo de moneda donde exista algún banco de tiempo al cual podamos llegar y comprar tres, cuatro horas extra para añadir a nuestro día. Imagínese, tanta gente trabajaría contenta por comprar ese tiempo a su día, cuántas amistades se podrían hacer, cuántas relaciones familiares se podrían retomar, cuántas parejas se podrían encontrar.

De tener un poco más de tiempo habría muchos escritores con una obra extensa. Si el tiempo fuera generoso tendríamos grandes deportistas que también van a la oficina, artistas que combinan la creatividad con el biométrico del trabajo y familias que pueden platicar al terminar la cena. La prisa sería ocasional y quién sabe, la puntualidad podría llegar a ser de lo más natural.

Lamentablemente no existe un día de veintiocho horas, sorteamos nuestro breve día para cumplir con los deberes y, tal vez, ser felices.

Este 2019 me propuse optimizar mis planes, ya no se trata de abarcar mucho, sino de trazar ciertas metas realizables y sobre todo necesarias. Una de ellas es guardar un poco de tiempo para mi y para las personas que quiero. Contestar mensajes de antaño, hablar con mis familiares, poner una taza de café de por medio entre mis amistades y yo. Quiero hacer del tiempo mi amigo y cómplice, quiero desterrar la cronofobia de mi larga lista de pretextos y, aunque suene a cliché gastado, disfrutar y aprovechar el momento.

 

El problema de Secretaría de Cultura

Cinthya Barrón

 

Los estudiosos de la historia y las ciencias sociales señalan que los siglos y las épocas no se miden cuantitativamente. Las fechas solo son referencias, lo que importa son los procesos históricos. Sin embargo hoy, 30 de noviembre de 2018, termina una época para México. Enrique Peña Nieto deja  de ser Presidente de la República y con él se va un grupo de poder y políticos cuyas decisiones y operaciones dejan muy mal al país. Como ciudadana me hubiera encantado ver que la nueva administración investigara a estos políticos y empresarios que han sangrado al país, sin embargo la cuarta transformación no solo trae redención a los ex príistas, también trae perdón para todos los que van de salida.

En esta ocasión no hablaré de los enormes desvíos de recursos, de las desapariciones forzadas, de las excepciones fiscales a beneficio de unos pocos, los altos índices de inseguridad, los feminicidios o los sonados casos de corrupción con los que se cerró el sexenio porque para ello tiene muchos memes e infografías que ya circulan en redes como calurosa despedida a Peña Nieto. Yo de lo que quiero hablar es de la situación en la que deja a Secretaría de Cultura.

Enrique Peña Nieto recibió Conaculta, un organismo que nació en el sexenio de Carlos Salinas de Gortari y que se encargaba de la cultura a nivel nacional. En 2015 este organismo pasó de ser un Consejo a ser una Secretaría, lo cual en teoría daría mayor autonomía y beneficios a los distintos departamentos de cultura que existen en el país. Me tocó ver este cambio, sin embargo los sueños y las promesas de fortalecimiento de los programas artísticos y culturales de la recién estrenada Secretaría de Cultura se quedaron en el discurso ya que los últimos tres años han sido desastrosos para la comunidad cultural.

La razón es muy sencilla: poco a poco se fueron recortando los recursos hasta dejar a programas y festivales en la orfandad. No solo eso, los recortes a becas y pago a artistas por cursos y talleres se vieron considerablemente afectados. Al momento que escribo estas líneas hay un fuerte reclamo en redes hacia Secretaría de Cultura por no cumplir con los pagos a profesionales y proveedores. El sexenio de Enrique Peña Nieto no solo nos deja con un mal sabor de boca a los ciudadanos, también deja varias deudas por pagar y contratos que cumplir.

A la nueva administración le toca sortear deudas que no contrajeron, le toca sortear una secretaría que nació en medio de un sexenio caótico. Aunque el equipo de Andrés Manuel López Obrador presuma una postura progresista y quizá una buena voluntad cultural, veo muy crítica la situación en la que recibe a la Secretaría de Cultura. Tan crítica que algunos pronostican un borrón y cuenta nueva, lo cual no me extrañaría dado el proceder del gobierno entrante. Lo que me llena de temor es pensar que en esa “limpia” paguen justos por pecadores.

El primero de diciembre de 2018 todos vamos a estar a la expectativa, algunos monitoreando el precio de los combustibles y las divisas, otros observando tasas de interés y movimientos en la bolsa, otros tantos estarán haciendo la política como se acostumbra en estos tiempos: con memes. Y otros estaremos monitoreando esta parte de los programas de gobierno que aparentemente no son tan importantes pero que resultan imprescindibles para los tiempos que vivimos: el apoyo a la cultura y el desarrollo artístico.

Por último quiero mencionar que aunque Andrés Manuel López Obrador no es de mi simpatía, deseo vehementemente que esté a la altura y sepa dirigir esta nación que tiene todo para ser un gran país. Como ciudadanos debemos ser críticos y señalar errores, pero también debemos tomar en cuenta que los aciertos no son en beneficio de una figura, son en beneficio para México.

 

 

De inteligencia artificial y compañía humana

De inteligencia artificial y compañía humana

Cinthya Barrón

 

Hace días vi un video en el que se hacía un experimento con jovencitas y lo que comparten en redes sociales. El video trataba de demostrar que muchas veces no pensamos en las consecuencias de la información que publicamos y no sabemos en manos de quién pueden estar nuestros datos, sentimientos, relaciones y actividades. Desde que comencé a usar internet he visto una enorme cantidad de advertencias que especialistas hacen acerca de la privacidad y cuidado de la información personal en redes, sin embargo tal parece que estas advertencias y consejos sucumben ante la tentación de hacer pública nuestra vida privada.

          Dice una canción “yo he sido un libro abierto” y creo que eso es lo que al final anhelamos ser. El detalle es encontrar un lugar donde depositar nuestro interior sin temor a ser juzgados, de ahí que el reino intangible de internet sea el espacio al que muchos van a desahogarse porque al final un aparato es mucho más imparcial que una persona. La literatura de ciencia ficción nos ha regalado muy buenos ejemplos de inteligencias artificiales y robots a los que acuden los humanos para hablar, revelarse y acompañarse. Incluso, debo confesarlo, estoy tentada en adquirir un dispositivo con la aplicación Alexa para explorar un terreno que a Isaac Asimov le hubiese encantado ver. No me extrañaría que llegara un momento en el que aplicaciones como Siri, Alexa o el asistente personal de Google sustituyan la necesidad de compañía. En Japón, por ejemplo, ya hay personas que se casan con hologramas y llevan vidas maritales con aplicaciones.

          Mis conocimientos sobre psicología son nulos, pero creo que al final el exceso de información que compartimos en redes sociales y en internet obedece al impulso  humano básico de ser escuchado y comprendido. Lo que nos cuesta entender es que detrás de esas pantallas hay personas cuyas intenciones y empatía no siempre concuerda con nosotros. Y que, tristemente, nuestros sentimientos más profundos a veces son el jocoso entretenimiento de alguien más.

          La verdad no culpo a quien confía ciegamente en internet porque internet ha sido el lugar donde muchos Narcisos encontraron su reflejo, donde mucha gente ha encontrado el amor o ha puesto su negocio. Internet es lo primero que pensamos cuando nos levantamos y lo último que consultamos antes de ir a dormir. Quizá lo que nos hace falta es tener un poco de malicia y plantearnos qué es lo que buscamos en la red, quizá esa compañía y confianza esté en un lugar más cercano y mucho más cálido, quizá podríamos darnos otra oportunidad y volver al viejo y sano ejercicio de la compañía humana.

 

 

Pueblo bicicletero

Pueblo bicicletero

Cinthya Barrón

 

Hace días circularon en redes sociales imágenes del alcalde de Cd. Victoria Xicotencátl González Uresti en bicicleta sobre la Avenida Francisco I. Madero. La intención de esto era promover el uso de la bicicleta como medio de transporte, incluso el jueves 15 el gobierno municipal convocó a un paseo familiar en bici. Si bien esto no es nuevo, ya que desde la administración pasada el DIF municipal convocaba a rodadas nocturnas cada cierto tiempo, lo que me llama la atención es ver y saber que varios miembros de la actual administración sí tienen la vocación del ciclismo urbano. Por eso creo que estas líneas pueden llegar a buen puerto, porque en esto de promover la bicicleta como medio de transporte se requiere un enorme esfuerzo pero también una enorme compromiso de las autoridades.

Desde 2015 soy una feliz y orgullosa ciclista urbana. Desde tiempo antes tenía ganas de usar la bicicleta para moverme en la ciudad pero tenía mucho miedo, como es natural que se tenga en una ciudad donde la gente no respeta ni siquiera al peatón y se vive en el eterno culto al automóvil. Sin embargo me animé y adquirí una bicicleta urbana con la cual empecé a realizar tramos cortos y en lugares cercanos, con ella aprendí otra manera de leer las calles y las vialidades de la ciudad. También aprendí que no todas las bicicletas funcionan en todos los terrenos y todos los tramos, especialmente en una ciudad llena de baches. Para un coche caer en un bache puede provocar daños materiales, para un ciclista caer en un bache puede provocar un accidente mayor.

Y no solo son los baches, también es la cultura vial de los automovilistas, es lidiar con la impaciencia de los conductores del transporte público, con la gente que se estaciona en doble fila, con los que ven a los ciclistas como un estorbo. Si algo he aprendido en estos años y kilómetros recorridos es que como ciclista debo alejarme de: a) los micros b) las mujeres al volante c) los autos con placas americanas/UCD/ONAPPAFA d) Las mujeres al volante de un auto con placas americanas/UCD/ONAPPAFA y además hablando por celular. Si usted no es de esa enorme cantidad de conductores antes citados que ven las calles como un campo de batalla para demostrar quien llega antes, le felicito, créame que muchos ciclistas le debemos la vida.

Promover el uso de la bicicleta no es solo hablar de los múltiples beneficios físicos y ambientales, sino también demostrar a las personas que pueden salir a la calle sin miedo a ser atropelladas. Para esto se requiere de una educación vial que contemple ejecutar el reglamento de tránsito no como un manual para portarse bien, sino con las multas y sanciones necesarias para que los conductores se den cuenta que no es solo sugerir hacer bien las cosas, es exigir que se hagan bien las cosas. Y esto aplica para los conductores y para los ciclistas.

Hace no mucho trascendió en medios locales la muerte de un ciclista atropellado por una chica en aparente estado de ebriedad en el libramiento Naciones Unidas. Se hablaba de una chica de familia acomodada y de un ciclista que regresaba a casa después de una jornada como velador. Una muerte que quedó impune, como quedan impunes muchos delitos y muertes de ciclistas en México. Una muerte que a los que andamos en bici nos conmovió de más porque al transportarnos no tenemos protección maes que la precaución de respetar carril, portar luces y casco. Y claro, la buena voluntad de los conductores que sí son respetuosos y saben que en una bici va una vida.

Yo sueño con que Ciudad Victoria sea un pueblo bicicletero como lo es Amsterdam, Copenhague o Tokyo y siempre seré una entusiasta de la bicicleta, pero también espero que la alcaldía ayude a ejecutar un plan de vialidad que le baje dos rayitas a los privilegios de los coches para que la gente salga sin miedo y con mucho gusto se anime pedalear por toda Ciudad Victoria y ¿por qué no? por todo Tamaulipas.

 

Golpes en el corazón

Golpes en el corazón

Cinthya Barrón

 

Hace días Facebook me recordó las charlas que sosteníamos muro a muro Perla Rosales y yo, como una suerte de correspondencia moderna en la que desde nuestras trincheras hablamos de música y danza. Per, como cariñosamente me gusta llamarla, es una bailarina que durante años estuvo en Ciudad Victoria dando clases de danza árabe. Per y yo compartimos la pasión por nuestras formas de arte, no sostenemos títulos académicos que avalen el amor que sentimos por lo que hacemos y, sobre todo, el sueño por hacer de Ciudad Victoria un espacio diferente.

Per emigró a Nuevo León y con gusto veo que se encuentra haciendo lo que tanto ama: bailar y compartir la danza en escenarios mucho más plurales y diversos de lo que se puede hacer en Ciudad Victoria. Per sigue creando en un terreno igual de agreste por ser norte, pero en sus proyectos veo un nuevo aire, quizá renovado y con mayor vitalidad de lo que se puede hacer en Tamaulipas. Me alegro mucho por ella, como también me alegro por todos aquellos artistas tamaulipecos que veo brillar en constelaciones que distan mucho de su tierra natal. Qué orgullo saber que el director de la orquesta de la Escuela Superior de Música del INBA es victorense, que en orquestas profesiones como la Sinfónica de Xalapa y Saltillo hay tamaulipecos que desafiaron el orden natural del tamaulipeco promedio que deja de lado la vocación artística por tener un título convencional. Qué orgullo, en serio.

Y luego estamos nosotros, los que nos hemos quedado. Los que más que maestros somos voluntarios en esto de formar nuevas generaciones de artistas. Los que soñamos con el arte como una forma de vida, los que sabemos que esto no es un hobby ni una actividad de juventud, los que nos alimentamos de la sonrisa de los niños después de una presentación, los que sabemos que del arte no se vive y por eso tenemos otros trabajos para sostener al soñador que llevamos dentro. Nosotros que siempre decimos Sí a las instituciones culturales aunque no haya pago de por medio. Nosotros que llenamos los espacios culturales emergentes con la simple esperanza de un “gracias” que a veces nunca llega.

Tengo años en la música, tengo años escribiendo, tengo años soñando en cambiar la parte del mundo en la que me tocó vivir. Y he tenido grandes momentos con la gente y mis alumnos, pero también he pasado por enormes temporadas de vacío porque la inversión emocional que se pone en el oficio de ser soñador y artista deja al corazón devastado por sembrar semillas que no vemos germinar.

… Aun así nos queda el optimismo como placebo de remuneración, nos quedan los aplausos como contrato, los “qué bonito escribes” como propina. Porque si no es de eso ¿de qué más puede vivir el artista en Tamaulipas?