En Boca de Todos / Lo que ellos hablan

Por Guadalupe Escobedo Conde

 

Un delincuente confeso, le llaman unos, otros le dicen testigo protegido, algunos de sus ex amigos mejor ni lo mencionan, el caso es que la cena de Lozoya a la luz pública ha incendiado la discusión nacional, porque descubre el “hilo negro” de la impunidad que campea en todos los ámbitos en este país sin justicia.

 

El debate que provoca la delincuencia de cuello blanco se lleva más titulares que cualquier otra noticia de interés para la nación, por ello se dejó en visto la conmemoración internacional de la Niña, no hubo eventos extraordinarios, ni discursos para las mujeres menores.

 

Solo activistas sociales y feministas aprovecharon la ocasión para remarcarle a la sociedad y al Estado la falta que hacen mejores políticas públicas diseñadas para ellas.

 

Karla Quintana, Comisionada Nacional de búsqueda de Personas en México, nos recuerda que el Estado de México, Tamaulipas y Nuevo León encabezan, en ese orden, la lista de entidades con mayor número de niñas y adolescentes desaparecidas. ¿Dónde están? Es la cuestión que debería importar más.

 

En su apunte en redes sociales nos llama a reflexionar y nos ofrece cifras detalladas que dan miedo “Más de la mitad de personas desaparecidas menores de 18 años son mujeres. Existen 8 mil 503 niñas y mujeres desaparecidas, la mayoría entre los 15 y 19 años y la mayoría, es decir el 78.55, están desaparecidas desde el 2007”.

 

“Las niñas entre los 10 y 14 años son más desaparecidas que los niños. Esto abre claramente una hipótesis de búsqueda por razón de trata sexual, que tiene que ser abordada de manera contextual, no se puede analizar de manera aislada” abunda la feminista y experta internacional en estos temas.

 

Explica que el Protocolo Homologado para la Búsqueda de Personas Desaparecidas y No localizadas, indica que las desapariciones de niñas y mujeres deben considerarse con una hipótesis de género, pero las desaparecidas y sus familias siguen siento estigmatizadas y la reacción de las autoridades no cumple con protocoles en la mayoría de los casos.

 

Inegi nos cuenta que, según la Encuesta Nacional de la Dinámica Demográfica 2018, en México existen 38.5 millones de menores de 0 a 17 años de edad, de este grupo 18.9 millones son niñas y adolescentes.

 

En tanto que la Comisión Mexicana de Defensa y Promoción de los Derechos Humanos publicó cifras actualizadas sobre discriminación y violencia en la etapa más temprana de las mujeres “Ser niña en México conlleva muchos riesgos. De diciembre del 2018 a diciembre del 2020 han sido víctimas de feminicidio 150 niñas y adolescentes, esto sin considerar las cifras de homicidio doloso, culposo o suicidio que no fueron investigados ni tipificados como feminicidio” Es un delito que va al alza ya que tan solo en el primer semestre de este año ocurrieron 48 feminicidios de niñas en nuestro país.

 

Si hay otra cosa peor que ser mujer en México, es ser niña. La exacerbada violencia doméstica, a raíz de la pandemia, las afecta más a ellas y las margina de mejores condiciones de vida.

 

Pero estas conversaciones no están en el ánimo político, que se basa en las expresiones de ellos, como lo demuestra el discurso matinal presidencial, a todas luces antifeminista, o la foto más reciente de algunos líderes políticos sentados a la mesa, anunciando una coalición de partidos, al más viejo estilo del Club de Tobi.

 

 

 

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