A CONTRA CORRIENTE / Seguridad Humana

Ahora que el discurso de los derechos humanos, no obstante sus generalidades e insuficiencias, se ha convertido en el parámetro para evaluar el desempeño gubernamental, cabe recuperar el concepto de la seguridad humana, acuñado en el seno de la Organización de Naciones Unidas, desde la cual en 2001 se instituyó una Comisión sobre el particular, con el objetivo de planificar las acciones tendentes a la protección del núcleo vital de las personas, que haga posible mejorar las libertades y la realización de los proyectos colectivos.

En esta Comisión se ha destacado que la seguridad humana implica proteger las libertades fundamentales, que son la esencia de la vida; en ese sentido, conlleva proteger a las personas de situaciones y amenazas graves y extendidas. Significa implementar procesos que se basen en las fortalezas y las aspiraciones de las personas; crear políticas sociales, medioambientales, económicas, militares y culturales que aporten a las personas los fundamentos para la vida, el sustento y la dignidad.

Desde esta perspectiva, la mirada y la acción se deben focalizar en la seguridad de las personas y en su empoderamiento, en consecuencia, mediante un enfoque integral y una acción coordinada, se pone de relieve la interconexión entre seguridad, desarrollo y derechos humanos; a fin de avanzar hacia la paz, la seguridad y el desarrollo tanto dentro de los países como entre éstos.

En este enfoque de la ONU, se plantea que la protección y el empoderamiento de las personas deben ser las dos caras de cualquier marco político, ya que la seguridad humana requiere que los Estados protejan a las personas de manera sistemática, integral y preventiva, ante amenazas que les rebasan. Por ende, la protección debe entenderse como el resultado de las estrategias establecidas por los Estados, las agencies internacionales, el sector privado y las organizaciones no gubernamentales, para salvaguardar a las personas de las referidas amenazas críticas y persistentes, como el machismo. En cuanto al empoderamiento, la Comisión de la ONU alude a las estrategias que permiten a las personas desarrollar su resistencia a situaciones difíciles y complejas.

El empoderamiento implica un enfoque ascendente, pues se pretende desarrollar las capacidades de las personas y de las comunidades para tomar decisiones informadas y actuar por sí mismas. Al empoderar a las personas y a sus comunidades, se les permite desarrollar su potencial creativo, a fin de encontrar formas de participación para solucionar sus problemas, lo cual garantiza su propia seguridad y la de los demás.

Ahora que una vez más conmemoramos el día de la mujer, resulta conveniente reivindicar esta agenda, emitida en el seno de la ONU desde inicios del presente siglo, que se sintetiza en protección y empoderamiento, sobre la cual las autoridades en los tres órdenes de gobierno arrastran grandes déficits, que abonan a incrementar la frustración e indignación de millones de mujeres en México, cuyas legítimas protestas son sistemáticamente infiltradas para desvirtuarlas. En suma, hace falta pasar de los buenos deseos a las acciones de gobierno concretas.

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