A CONTRA CORRIENTE / Elecciones 2021

En 2021 están convocados a las urnas casi 95 millones de electores en México, en tanto estarán en disputa más de 21 mil cargos de elección popular, destacando 15 gubernaturas y la Cámara de Diputados Federal; de modo que nuestra democracia será puesta a prueba una vez más, en cuanto a su papel como mecanismo para trasmitir el poder de manera institucional. Más allá de lo procedimental que debe ser atendido con puntualidad, es imprescindible reflexionar que el modelo representativo sigue dando muestras de agotamiento, tomando en cuenta que ha sido insuficiente para constituir el vehículo que posibilite la solución de los grandes problemas nacionales, como el analfabetismo incluido el funcional, la pobreza, la desigualdad social, la inseguridad pública, el deterioro del medio ambiente y, la propia calidad de la representación, entre otros.

En este último sentido, sus protagonistas actuales, es decir, los partidos políticos más no la ciudadanía, la han pervertido, pues se han alejado del debate ideológico y programático, el cual debe permitir a la ciudadanía diferenciar proyectos y potenciales resultados de sus propuestas de políticas públicas; en forma paralela y privilegiando lo individual, han hecho posible el arribo al poder de personajes que de manera directa o indirecta, se han visto inmiscuidos en la violación al Estado de Derecho, que constituye el sustento normativo del gobierno democrático. Justamente uno de los principales problemas que no resuelve el paradigma actual, es la puntualización de aquello que sus ideólogos del liberalismo llamaron el gobierno por mérito; esa ambigüedad conceptual, ha abierto la puerta para la llegada a los gobiernos, de personajes que han privilegiado los intereses personales por encima de las necesidades sociales.

En esa tesitura hay que subrayar que el problema no es nacional sino global, basta voltear hacia el prototipo del modelo representativo en América, es decir, hacia nuestro vecino del norte, cuyos últimos acontecimientos nos permiten dimensionar la crisis en cuestión; la cual se ha evidenciado mediante la presencia de un gobierno que puso en peligro la endeble paz mundial; que se mofó del calentamiento global para favorecer los intereses de industrias altamente contaminantes, cuyos corporativos residen en aquel país; que ha incentivado el odio racial y en contra de los inmigrantes; que ante la derrota en las urnas, bajo un sistema por colegio electoral por demás vetusto, llamó a sus seguidores a rebelarse, y cuya tercera manifestación desembocó en acciones de violencia sin precedentes en el Capitolio.

Sin embargo y como se ha dicho, sería una visión limitada y errónea considerar que el problema es local o que se trata del caso aislado de un gobernante, y no tomar conciencia de que el problema es de diseño institucional, en otras palabras, reside en la forma como se ha institucionalizado la democracia representativa.

Por tanto y en forma paralela al cumplimiento cívico de votar en las próximas elecciones de junio, es prioritario repensar el modelo desde la realidad de América Latina, para hacerlo realmente representativo, que garantice la elección de la ciudadanía más competente para el ejercicio de gobierno, cuya característica se sintetiza en poseer criterio social probado, es decir, sabiduría para ponderar lo colectivo y lo social por encima de lo personal y lo familiar.

Cristalizar una democracia que deje de ser un medio para hacer negocios personales; que haga posible profundos cambios económicos, culturales, de civilización, es decir, que le vuelva a representar un sentido positivo a la población en general, sobre todo la que ahora no se implica en ella. Es menester instituir un modelo auténticamente libertario, que propicie una convivencia constructiva para todos.

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