A CONTRA CORRIENTE / De violencias e impunidad

Entre el 26 y el 27 de septiembre del 2014, 43 normalistas de Ayotzinapa fueron secuestrados, con la presunta participación de elementos de las fuerzas de seguridad del Estado Mexicano, sin que hasta el momento se tenga la certeza de su paradero; de modo que los autores intelectuales siguen gozando de impunidad.

En otro ejercicio de retrospectiva, estamos a unos días de conmemorar un aniversario más de la masacre del 02 de octubre de 1968, cometida de igual forma contra estudiantes, en la plaza de la Tres Culturas, en la hoy Ciudad de México, y del mismo modo, aún no se dispone de una versión oficial que brinde certeza sobre los autores intelectuales de esos asesinatos.

En la misma tesitura, nos estamos enterando de marchas y plantones de diversos colectivos de feministas, que están protestando por la insolencia, las omisiones y las agresiones de diferentes autoridades, frente al cúmulo de violencias físicas y simbólicas que a diario padecen, más ahora en los contextos de confinamiento obligado y, a las cuales hay que sumar la histórica violencia de no poder decidir sobre sus cuerpos, a reserva de ser criminalizadas.

En este escenario convulso, no es casual que sigan apareciendo, reapareciendo e incluso consolidándose grupos conservadores de ultra derecha, fundados y auspiciados por oligarcas empresariales y por jerarquías religiosas, que intentan a toda costa imponer su dogma intolerante, negador de los derechos humanos, de la diversidad y del pensamiento crítico.

De modo que mientras del poder político se sigue echando de menos una acción contundente a favor de la verdad, sobre hechos que han lastimado profundamente la vida social y, la credibilidad de los ciudadanos hacia las instituciones, con sus omisiones e injusticias esas mismas autoridades siguen abonando a que irrumpan en el espacio público dichas fuerzas intransigentes.

Son organizaciones que irremisiblemente intentan frenar el avance de la pluralidad, de la civilidad y de la acción colectiva, en defensa de los derechos de las eufemísticamente llamadas minorías vulnerables, aunque tratándose de los derechos de las mujeres, estamos hablando de los derechos de las mayorías de este país, sobre los que siguen decidiendo los hombres y algunas mujeres, que irónicamente reproducen esa misoginia y homofobia.

Habrá que voltear a Europa, particularmente a España, Francia y Alemania, para observar este fenómeno de retorno a las esferas de gobierno de esa derecha ultraconservadora e intolerante, lo que ya está ocurriendo en América Latina y, lo que parece no estar tan lejos de ocurrir en México, ahora que el INE le devolvió su registro a un partido con bases de fundamentalismo pentecostal, no obstante el mandato constitucional sobre el Estado laico.

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