A CONTRA CORRIENTE / Las reglas del juego democrático

Las reglas para el acceso al poder en el marco de la democracia representativa, establecen que el ganador será quien en una competencia libre y transparente obtenga el mayor número de votos, debiendo recibir la constancia de mayoría respectiva, de la instancia que para tal efecto se instituye.

Quien por la vía electoral obtiene un cargo político, está obligado a cumplir el periodo de la representación popular, salvo que por voluntad propia decida solicitar licencia temporal o permanente al cargo.

De modo que la permanencia en el puesto durante el periodo que corresponda, no queda sujeta a la voluntad de los representados, salvo que el representante pretenda ser reelecto y siempre que la ley lo permita, en cuyo caso se deberá someter a una nueva votación.

No obstante, en la actualidad se ha introducido en la legislación federal la figura de la revocación de mandato, que posibilita que a la mitad del periodo de gobierno, sea sometida a votación popular la permanencia en el cargo del Presidente de la República, y en caso de obtener el respaldo para continuar, lo deberá hacer sólo por el tiempo que le reste para cumplir su sexenio.

Considerando estas reglas elementales del sistema democrático, resulta por demás extraño que unas personas azuzadas por algunos acaudalados empresarios, se estén manifestando particularmente en la capital del país, solicitando la dimisión inmediata del jefe del ejecutivo federal; pues por más que dichas personas estén en desacuerdo con las políticas y las acciones del mandatario, jurídicamente es inviable esa demanda.

Para la civilidad política y por ende para la convivencia en una nación, es fundamental que se respete el Estado de Derecho, pues es el único instrumento del que se dispone para garantizar que sea la vida institucional y no los caprichos personales o de grupo, los que determinen el rumbo del país; ésta es también una regla fundamental de la democracia, que los citados manifestantes dicen defender.

El teórico Juan Linz en su clásico libro sobre la Quiebra de las Democracias, había alertado sobre el riesgo que representa para esta forma de gobierno, la ausencia de autenticidad democrática, lo que implica que los actores políticos no respeten las reglas del juego democrático. Asimismo, el sociólogo español llamaba la atención sobre el aire de familia que existe entre esta reprobable conducta y los golpes de Estado, que durante la segunda mitad del siglo XX fueron comunes en América Latina, con el respaldo de la Agencia Central de Inteligencia del gobierno norteamericano.

Es por tanto exigible a los actores políticos, a los empresarios y a la sociedad civil en general, que se observe una auténtica conducta democrática; de tal forma que se respeten las reglas del juego democrático, tanto cuando los resultados favorecen a sus candidatos, como cuando éstos nos resultan ganadores en las contiendas electorales.

En consecuencia, si bien todos tenemos el derecho a la libre manifestación de las ideas, no se debe tergiversar este derecho utilizándolo para denostar a las instituciones, pues ello atenta contra la estabilidad y la convivencia en nuestro país.

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