En Boca de Todos / Se acabaron las flores más bellas del ejido

 

Por Guadalupe Escobedo Conde

 

“…Y la paz mundial” con esta frase siempre acaba el mensaje de la participante en cualquier concurso de belleza impulsado para el espectáculo machista y misógino, siempre gana la de 60 90 60, instaurando así un patrón global del cuerpo femenino, delgado pero voluptuoso, preferentemente rubia y muy alta, del conocimiento o habilidades no se destaca mucho, si acaso aptitudes para el canto o baile, ah y ser muy simpática y fotogénica.

 

Así por muchos años, tanto en grandes escenarios con proyección mundial, como en localidades marginales se hicieron costumbre las competencias de mujeres como atractivo visual, y se han arraigado tanto en la comunidad que ya se ven como parte del paisaje local, hasta en las iglesias, en fiestas patronales niñas se someten a una justa, muy injusta.

 

En algunas naciones esta práctica ha quedado en desuso, y aquí en México pronto será ley la prohibición de estos eventos que promueven la representación de mujeres y niñas como objeto sexual, cosifican y reproducen estereotipos de género.

 

A iniciativa de la legisladora Frida Esparza se pretende reformar la Ley General de Acceso de la Mujeres a una Vida Libre de Violencia para prohibir todo concurso de belleza en el país, así sean por conmemoraciones cívicas, ganaderas, agrícolas o patronales, debido a que estos certámenes fomentan la violencia simbólica y mediática.

 

Hace tres años, en Argentina la colectiva “Ni Una Menos de Mar de Plata” encabezó las manifestaciones que lograron sacar de la práctica los concursos de belleza, por sexistas y promotores de la bulimia y la anorexia, además de la reproducción de la mujer como objeto de mercancía, le siguieron Chile y Perú, algunas regiones de Canadá y Europa.

 

El Miss Universo que representa grandes ganancias económicas para corporativos globales que invierten mucho dinero en esta palestra, ha cambiado algunos parámetros, recientemente premiando a mujeres de raza negra y tratando de ensalzar la capacidades humanistas y profesionales de la ganadora, sin embargo mantienen la misma industria del cuerpo femenino.

 

En nuestro país se hicieron comunes los concursos en comunidades ejidales, a iniciativa del partido político que se enquistó en el poder por más de ochenta años y su liga de comunidades agrarias que arraigó el certamen de “la flor más bella”, también los municipios del país en cada feria local organizan concursos de mujeres bellas, y hasta en las escuelas se mantiene la práctica, con el aval del sistema educativo y del sistema patriarcal, desde kínder hasta universidad, las mujeres y niñas son animadas para tasar su valor en una prueba de belleza.

Los concursos se volvieron tan populares que se venían haciendo con dinero público, a través de las áreas del fomento al turismo o de cultura, con el supuesto de fomentar las tradiciones. Para la Comisión de Equidad de Género de la Cámara de Diputados, estos actos “fortalecen la violencia simbólica”, la más difícil de erradicar ya que se ejerce desde el poder y se normaliza, y de manera indirecta fomenta la discriminación, humillación y explotación sexual.

 

La reforma a la ley que impedirá que se siga exponiendo como objeto la figura femenina, llega tarde, pero es una buena noticia, mientras con la cancelación de eventos por el Covid19, estos actos disfrazados de “artísticos” también han quedado cancelados. Si se logra esta reforma, para cuando se regrese a la nueva realidad, los concursos habrán pasado de moda.

 

 

 

 

 

 

 

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