A CONTRA CORRIENTE / Nueva normalidad con viejas causas de mortalidad

Este primero de junio México inició la denominada nueva normalidad, que más allá de lo impreciso e incluso contradictorio del término, implica que cada gobierno de las 32 entidades del país, será responsable de implementar las medidas para la contención del contagio por el Covid-19, disponiendo de la asesoría técnica de la Secretaría de Salud Federal.

Luego de cinco meses de que comenzamos a tener noticias del nuevo coronavirus, a cuyo combate se ha destinado una cantidad de recursos económicos, materiales y humanos sin precedentes en la historia contemporánea de la humanidad, resulta pertinente realizar algunos ejercicios de comparación, con otras patologías infecciosas o producto de carencias en el acceso a satisfactores básicos, a fin de dimensionar los potenciales efectos en lo que hace a la pérdida de vidas humanas.

En ese sentido, resulta ineludible referir a la malaria, la cual de acuerdo con datos de la OMS, tan sólo en 2018 causó la muerte de 405,000 personas en todo el mundo, no obstante, el 94% de esas defunciones tuvo verificativo en África, siendo los niños menores de cinco años las principales víctimas, al alcanzar el 67% del total mundial.

En cuanto a la tuberculosis y de acuerdo con la misma fuente y año, se registraron 1.2 millones de muertes, siendo los hombres de alrededor de 15 años los más afectados, residentes de Asia sudoriental, particularmente de India e Indonesia, y para variar, de África.

El propio organismo mundial ha alertado sobre el incremento de casos no reportados por esos países, dado que se trata de poblaciones que no tienen acceso a servicios básicos de salud y, por ende, se está hablando de casos que no son detectados ni atendidos de manera oportuna. Asimismo, el Ébola causó 11,308 muertes en tres países de África, entre 2014 y 2016, registrando una tasa de letalidad de alrededor del 45%. La OMS ha alertado sobre un rebrote en la República Democrática del Congo. Y qué decir de la población que padece hambre: de acuerdo con la UNICEF, en 2018, 821 millones de personas la padecían, el 98% de ellas vivían en países en desarrollo, específicamente en Asia 525 millones, en África 256 millones, en América Latina y el Caribe 42 millones. 60% de las personas que la padecían eran mujeres, destacando que 2.6 millones de muertes al año suceden por desnutrición.

Baste recapitular sobre este gravísimo problema de salud pública, que cada 10 segundos muere una niña o niño por casusas relacionadas con la desnutrición. Mientras por el covid-19 al cierre del mes de mayo en el mundo se han reportado alrededor de 6 millones de casos confirmados, 367 mil defunciones, siendo Europa central y Estados Unidos los más afectados, cabe decir que en este último país, alrededor del 37% de los registros de contagios, hospitalizaciones y muertes corresponden a latinos que no tiene acceso sistemático a los servicios de salud.

En México, estamos hablando de 90 mil casos confirmados y de 9,930 defunciones. No está a debate el valor de una vida humana, pero de acuerdo con los datos antes referidos, queda en evidencia que las casusas de las muertes, así como las regiones donde se registran, si cuentan y mucho, para los gobiernos que deberían ocuparse en combatir las causas y evitarlas. Los recursos para hacerlo están disponibles, pero prevalece una inequitativa distribución de los mismos, en el mundo capitalista que nos tocó vivir.

De modo que resulta por demás patético y deleznable que mientras deberíamos estarnos ocupando de cambiar radicalmente nuestras formas de convivencia, ponderando los intereses comunitarios y sociales por encima de los individuales, los familiares y de clase; algunas personas estén ahora mismo celebrando por ejemplo los onerosos viajes a la luna con fines turísticos, o que nos sigamos enterando de otro asesinato de un afronorteamericano a manos de un policía de la vecina potencia, o que en México se esté convocando a actos públicos por fortuna pírricos, sustentados en el odio, la mezquindad y la descalificación a priori. Sin duda, los cambios culturales que como civilización requerimos tardarán y mucho, no obstante la nueva normalidad que ahora oficialmente comenzamos.

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