A CONTRA CORRIENTE / Nueva normalidad y uso de los sentidos

El presidente de la república, Andrés Manuel López Obrador, ha informado que en la presente semana, última de la Jornada Nacional de Sana Distancia, se definirá el camino a seguir para transitar hacia la denominada nueva normalidad, la que en el mejor de los casos entrará de lleno en agosto, aludiendo a rubros como el regreso a clases, la reactivación de la economía, así como la recuperación del esparcimiento y de las actividades deportivas al aire libre.

Ese camino implica la adopción de un plan gradual que tiene como referente el uso de un semáforo de cuatro colores, basado en el seguimiento epidemiológico y en la ocupación hospitalaria. Asimismo, se ha iniciado la apertura de actividades laborales colocadas como prioritarias, focalizando a la industria de la construcción, la minería y la automotriz, esta última vinculada de manera estrecha con las similares de Estados Unidos.

Ante este contexto de reactivación de la economía, cabe tomar en cuenta que de acuerdo con el Instituto de Responsabilidad Climática, desde 1965 han sido 90 industrias en su mayoría privadas, sustentadas en reservas de combustibles fósiles y dedicadas al carbón, al gas, al petróleo y al cemento, las que han emitido más de 480 billones de toneladas de dióxido de carbono, responsables de alrededor del 35% de las emisiones globales de gases de efecto invernadero, que están propiciando el cambio climático, con efectos desastrosas e incluso irreversibles para la vida y la salud de la población mundial.

Son las industrias históricamente responsables de la contaminación atmosférica y del agua; a pesar de ello, en las reuniones cumbres sobre cambio climático convocadas por la Organización de Naciones Unidas, la tendencia ha sido escuchar buenos propósitos sin compromisos tangibles y ni sancionables, e incluso el escepticismo y hasta la negación de la crisis climática, en voz del gobierno norteamericano, país donde residen 4 de las 20 industrias más contaminantes al momento.

El citado plan de acceso a la nueva normalidad, acorde con los intereses de esas grandes industrias, conlleva acciones de salud pública permanente, como la implementación de medidas de distanciamiento incluido el uso de cubrebocas; de modo que resulta por demás injusto que esas trasnacionales responsables en gran parte de la insalubridad pública, permanezcan en la impunidad en tanto pretenden condenar al común de la población a esa normalidad de temor y aislamiento, que implica privarla del uso de los sentidos, particularmente del olfato y del tacto, lo que es tanto como renunciar a las formas tradicionales de relación que han dado sentido a la condición humana, como la entendemos hasta hoy.

Mientras no se entienda y se asuma que la nueva normalidad debe residir en transformar radicalmente la forma de relacionarnos con el medio ambiente, que como civilización necesitamos restituir los equilibrios naturales que hemos roto, que necesitamos generar menos desperdicios, menos basura, menos artículos suntuosos y superfluos, menos contaminantes, menos depredación, menos competencia y menos acumulación; si no comprendemos que hay que cambiar todo eso, la convivencia en esencia no va a ser mejor.

Causar esos daños al medio ambiente y a la convivencia, debería ser sancionado de manera ejemplar. Sobre eso no se escucha opinión ni se observan acciones efectivas de nuestros gobernantes, ocupados en cambio en la coyuntura de los negocios privados y su rentabilidad.

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