BREVIARIOS SOBRE MUJERES ILUSTRES / Cultura en la 4T

Cultura en la 4T

Este 20 de noviembre se conmemora un aniversario más de la Revolución Mexicana, conocido como el primer movimiento social armado del siglo veinte y, en coincidencia, también el 105 aniversario del escritor José Revueltas, a quien el régimen del presidente Gustavo Díaz Ordaz, acusó de ser el “autor intelectual” del movimiento estudiantil de 1968. Ambas fechas, 1910 y el 68, marcaron un paradigma en la identidad cultural de nuestro país y sentaron las bases del México actual, en el que los reclamos democráticos e ideales de justicia social aún continúan vigentes.

También en este año, se cumple el primer aniversario de la toma de posesión del actual presidente de la República, Andrés Manuel López Obrador, quien en sus primeros 11 meses en el ejercicio pleno del poder, ha sido criticado fundamentalmente por sus escasos resultados en materia de seguridad, tópico que se convirtió en el único ariete discursivo de una desgastada y dividida oposición, y tema que al parecer será la única herramienta de la derecha partidista para tratar de equilibrar el poder mayoritario que el Ejecutivo y el Legislativo acaparan.

Aunque es evidente que ese contrapeso que busca inútilmente la oposición con sus inoperantes fracciones parlamentarias, es más efectivo a través de la crítica ejercida en los medios de comunicación tradicionales con su envejecida opinocracia, que se formó desde tiempos del salinismo y se consolidó en los gobiernos subsecuentes de tinte neoliberal.

Y como es tradición, esos medios de comunicación, que representan los intereses de diversos grupos de poder económico y de algunas organizaciones civiles, aún defienden los privilegios que el viejo régimen les solapaba, a veces actuando explícitamente como aliados a cambio de legitimación política o como voceros y órganos de propaganda.

Paradójicamente, el actual gobierno no dista mucho de esas viejas prácticas, salvo que en esta ocasión, con el argumento de un recorte al gasto en publicidad oficial, el destino de los escasos dineros públicos se redistribuyó de manera tal, que los medios tradicionales, otrora severos críticos del tres veces candidato presidencial, resultaron los más afectados y por ende los más furiosos. Mientras que algunos medios emergentes o “alternativos” y otros de tradición izquierdista, consolidan su oferta editorial a veces acompañando y celebrando al Ejecutivo como en las mejores épocas del viejo régimen.

En este rubro de los amplios recortes presupuestales, el rubro de la cultura tampoco salió bien librada, y mucho menos con el favor del escándalo y la polémica en el que se ha visto inmersa la Secretaria de Cultura y su errática titular Alejandra Frausto, quien pese a tener a su servicio un experimentado grupo de asesores, ha perdido la brújula y se ha dedicado a ejercer la política cultural de este primer año de gobierno “de a muertito”, continuando en automático los programas diseñados por las administraciones pasadas y dando una prioridad a las culturas populares que a muchos huele a demagogia al más viejo estilo del echeverrismo.

Esperemos que para el 2020, el rubro cultural defina su estilo y rumbo, y que además establezca finalmente su presencia en un dialogo constante con la sociedad de todo el país, algo que no lograron administraciones pasadas debido a la sectarización y cacicazgo de los diferentes grupos que marcaron su hegemonía al interior de la Secretaría y sus políticas.

Aunque el presupuesto federal haya sufrido un recorte, es importante recordar que la cultura fue el eje fundamental del espíritu de la modernidad que buscó México durante la segunda parte del siglo veinte, y ahora en pleno siglo veintiuno y con una nueva ideología de Estado, lo anterior no deberá ser la excepción, sin olvidar que existen otros grandes retos para la autodenominada Cuarta Transformación.

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