El florero de Rosario

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En Boca de Todos

Por Guadalupe Escobedo Conde

 

                                                           El florero de Rosario

 

Con muchas flores presidenciales, además de los empujones y jaloneos legislativos, llega Rosario Piedra Ibarra a la Comisión Nacional de Derechos Humanos, por principio su propuesta obedece a la empatía que puede tener con las víctimas del delito en México, toda vez que su madre, Rosario Ibarra de Piedra, recientemente laureada por el gobierno mexicano, la ha llevado a involucrarse en el activismo social, sobre todo en acciones de búsqueda de los desparecidos.

 

De Rosario Ibarra de Piedra se ha escrito mucho en más de 40 años de lucha por los derechos humanos, fundó el Comité Eureka, para la búsqueda de su hijo Jesús y es referente de la extinta izquierda mexicana; de Rosario Piedra Ibarra su currículo la refiere como maestra de educación especial, con militancia en MORENA fue candidata a una diputación federal por Nuevo León y presidio la cartera de Derechos Humanos, en el Comité Ejecutivo Nacional de su partido. Hasta aquí su reciente hoja de vida pública.

 

Rosario hija, empieza apenas a escribir su propia historia y parece que empieza con el pie izquierdo (y no precisamente con la izquierda), enfrente tiene un gran reto, primero revertir las críticas que la envuelven en el descredito por una elección legislativa cuestionada, luego salir a enfrentarse a la triste realidad que prevalece en una nación en crisis de inseguridad, donde en muchos casos priva la impunidad y la falta de respeto a los derechos humanos; más allá de su historia familiar, de hecho debe ya desligarse de la sombra de su madre y del arropo de López Obrador, debe hacer renacer el organismo autónomo que dice el presidente que ha estado de florero, nomás.

 

Muchas espinas en el jarrón, muchas flores de cempasúchil por tantas víctimas, muchos expedientes sin averiguar.

 

La activista, hoy Ombudsperson mexicana, ha dicho que inicia un nuevo periodo por los derechos humanos, pide que se confié en ella, que seguirá trabajando como lo ha hecho durante los últimos 40 años, por las víctimas; todavía no ve el fondo del problema, pero atendiendo las formas ya cambio su perfil en redes sociales, lo pinto de purpura, colocó una nueva imagen de un individuo con el puño alzado y la frase “rescatemos la CNDH”.

 

Piedra Ibarra, no es la primera mujer en alcanzar este cargo, antes sostuvo este cargo la también neolonesa Mirelli Roccatti, de 1997 a 1999, es la séptima en la presidencia del organismo que se creó en 1990 para fomentar y salvaguardar los derechos humanos de los mexicanos, sobre todo frente a abusos del Estado.

 

El cambio en esta Comisión, que no ha sido pulcro ni políticamente correcto, representa un doble reto para una mujer que deberá observar humanismo y sensibilidad, más allá de cuidar intereses políticos, que no olvide su origen civil.

 

 

 

 

 

 

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