A CONTRA CORRIENTE / Laicidad del Estado Mexicano

El carácter laico del Estado Mexicano es objeto de discusión una vez más, luego de que el Presidente Andrés Manuel López Obrador apelara al cristianismo, al hablar de la justicia social que su gobierno promueve. Ante integrantes de la etnia Mayo, en la localidad de Etchojoa, Sonora, el titular del Ejecutivo Federal aseguró que su gobierno trabaja para conseguir mejores condiciones de vida para los más pobres, lo cual subrayó es humano, es justicia social, es cristianismo; con lo cual el mandatario pareció olvidar lo que le mandatan los artículos 40 y 130 de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, en materia de laicidad del Estado y separación entre éste y las iglesias.

La apelación al cristianismo del jefe del Estado Mexicano es reprobable en términos jurídicos pero también sociales; en este último sentido, habría que destacar que por definición todas las identidades implican exclusión, la cual han puesto en evidencia varios representantes de ese credo, al asumir una posición intolerante censurando por ejemplo, a quienes luchan a favor del derecho de las mujeres a decidir sobre sus cuerpos, a quienes optan por diferentes géneros, o a quienes se han pronunciado a favor de legislar sobre el consumo de drogas.

La apelación pública de López Obrador a esa doctrina religiosa resulta por demás reprochable, pues tanto dirigentes del cristianismo como de otros dogmas religiosos, han probado ser los menos autorizados para cuestionar las diferencias y presumir de una vida ejemplar, ya que son innumerables los casos en que se han visto involucrados en hechos de pederastia, de corrupción, gozando de escandalosos privilegios sin rendir cuentas, de complicidades con presuntos delincuentes, entre otros.

En política no hay casualidades, de modo que es dable identificar una clara intencionalidad del Presidente de la República, de obtener respaldo social a través de la apelación religiosa, lo que ya hizo desde la campaña electoral al coligarse con el Partido Encuentro Social, que en su momento congregó a los más conservadores de las iglesias cristianas.

Hasta en la selección del contexto se cometió un agravio a la vida pública, pues no se puede pasar por alto que han sido las comunidades errónea y denigrantemente denominadas indígenas, las que desde hace más de quinientos años han sido ofendidas y manipuladas por el cristianismo.

Nuestra historia nos ha dado innumerables lecciones del beneficio social de separar al Estado de las iglesias, el contexto internacional del siglo XXI hace lo propio, al alertarnos sobre las graves consecuencias que para la humanidad han traído los gobiernos conservadores, dogmáticos e intolerantes, basta mirar hacia Argentina, Brasil, Chile, Perú e incluso Ecuador, sin que México pueda quedar al margen.

De tal forma que el Ejecutivo Federal debe demostrar con hechos ser juarista, absteniéndose de fomentar divisiones y llamando no sólo a la tolerancia, sino a desarrollar una convivencia constructiva a partir de nuestras saludables diferencias, a que las iglesias respeten los derechos humanos. Ética y Estado sí, dogma religioso y Estado no.

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