Machistas en rehabilitación

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Machistas en rehabilitación

Cinthya Barrón

 

Crecí en los años 90 del siglo pasado en una generación que no conocía internet y cuyo entretenimiento audiovisual era la radio y la televisión. Veíamos las caricaturas al horario que lo marcaba el canal y no a nuestro antojo, las noticias y los programas de humor se transmitían a diferentes horas del día. Nuestro referente fue la televisión y en menor medida el cine. Recuerdo la barra cómica de los canales abiertos, especialmente los programas La hora pico, Puro Loco y las producciones que incluían a Jorge Ortíz de Pinedo. Quien ronde más de los 30 años seguramente recordará estos programas.

Por aquel entonces yo no entendía los chistes que jugaban con la sátira y el albur. Mi referente a lo cómico era que las risas grabadas indicaban que ahí había algo gracioso. La mayor parte de los chistes eran burlas sobre alguna característica física de otra persona: su peso, estatura, color de piel, o bien ponían el acoso a las mujeres como algo cómico. Desde aquel entonces y hasta la fecha me provoca una combinación de pudor y repulsa los chistes que tienen que ver con la genitalia humana: quizá esto me reste puntos como mexicana pero no me gusta el albur. Menos el albur que a manera de chiste invita a la violación.

La marcha feminista del pasado 16 de agosto en la CDMX y las marchas que se replicaron en el país tenían un punto en común: queremos que a las mujeres se nos respete. Se respete nuestra vida, nuestro cuerpo, nuestra integridad y dignidad. Fueron marchas contra el machismo pero también contra la autoridad y su incapacidad para afrontar los feminicidios y violaciones que se registran a diario en México. Queremos una legislación laica que ponga a México a la par de los países del primer mundo y le otorgue libertad de decisión sobre su cuerpo a las mujeres.

Los comentarios machistas no se hicieron esperar. Con asombro y tristeza vi que la intolerancia y la falta de empatía hacia la mujer pueden polarizar al país, y también vi que en el siglo XXI tenemos una nueva oleada de machos que ya no tienen que esconderse tras el albur y el chiste para promover la cultura de la violación.

A la par de toda esta misoginia en redes también encontré una gran legión de hombres y mujeres que voltearon a ver las marchas y pese a las críticas ya hablan del feminismo con convicción. El feminismo es de todas, de adolescentes, de niñas, de adultas. Tal parece que las descalificaciones que recibieron las marchas solo sirvieron para avivar y fortalecer las convicciones feministas.

Claro que el feminismo le va a causar escozor a más de uno, especialmente a la generación que recibió educación sexual en el cine de ficheras, la pornografía y en los programas cómicos que servían el albur y el acoso a la mujer como algo normal y gracioso. Claro que el feminismo será un peligro para el hombre que cree que su valor depende de la opresión que pueda ejercer sobre el otro. Porque a México se nos educó en el machismo, en el abuso de poder, en el “chingas o te chingan”.

Se dice que todos somos machistas en rehabilitación. Incluso mujeres. Y me gusta ese concepto, porque uno de los principios de la rehabilitación es identificar y aceptar que tenemos un problema. Nuestra sociedad necesita una rehabilitación urgente del machismo impuesto por la religión, la televisión y la música. Que las luchas feministas sean un referente de educación para todas las generaciones, que a nuestras niñas ya no les toque tener miedo, que a nosotras nos toque ser respetadas. Tengo la esperanza que la rehabilitación provocará la caída del machismo y con ello siglos de opresión y desigualdad.

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