A propósito de Feminismo

Comparte con tus amigos

El pasado viernes 16 de agosto se llevó a cabo una manifestación pública de miles de mujeres en la Ciudad de México, para protestar por la violencia que ellas enfrentan en nuestro país; durante la cual un grupo de vándalos causó destrozos, pintas y hasta la agresión física a un reportero, propiciando que la atención se desviara hacia esas acciones deleznables y se dejara en segundo plano la razón de la marcha.

Hay que tener presente que tan sólo de enero a abril de este año, 1,199 mujeres murieron a causa de la violencia de género en nuestro país, de acuerdo con cifras del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública; lo cual pone en evidencia la enorme dimensión del problema, que si bien está alimentado por un cúmulo de factores, destaca entre ellos el de orden cultural.

En ese sentido cabe tener presente que vivimos aún en una sociedad extraordinariamente machista, es decir, en una sociedad donde privan la opresión, la dominación y la explotación de las mujeres por parte de los hombres, impuestas en los distintos modelos de producción que han tenido verificativo a lo largo de la historia de la humanidad.

De modo que se trata de un problema histórico al que distintos grupos y colectivos de mujeres han intentado hacerle frente; y que desde mediados de la pasada centuria se han agrupado bajo el denominado feminismo en sus diferentes expresiones y demandas.

La docente catalana Victoria Sau ha definido al feminismo como un movimiento social y político que se inició formalmente a finales del siglo XVIII, que supone la toma de conciencia de las mujeres como colectivo humano, de la opresión, la dominación y la explotación de que han sido y son objeto por parte de los varones, lo cual las mueve a la acción para la liberación de su sexo.

Lo anterior implica la modificación de las pautas culturales y sociales que sustentan al sojuzgamiento de las mujeres; tarea extraordinariamente compleja, en especial en sociedades como la mexicana, donde el fanatismo religioso tan enraizado encubre un alto margen de intolerancia y violencia hacia las mujeres.

Sería encomiable que comenzáramos por revisar el lenguaje que utilizamos en nuestra cotidianeidad, pues a través de él solemos incurrir en múltiples agravios hacia las mujeres, como el uso del clásico ¡qué padre! para referirse a algo encomiable, mientras para aludir a algo deleznable solemos recurrir a quien nos parió.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *