Los no lugares

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Los no lugares

Cinthya Barrón Ruiz

 

En el camino (fragmento)

Pero entonces bailaban por las calles como peonzas enloquecidas, y yo vacilaba tras ellos como he estado haciendo toda mi vida, mientras sigo a la gente que me interesa, porque la única gente que me interesa es la que está loca, la gente que está loca por vivir, loca por hablar, loca por salvarse, con ganas de todo al mismo tiempo, la gente que nunca bosteza ni habla de lugares comunes, sino que arde, arde como fabulosos cohetes amarillos explotando igual que arañas entre las estrellas. 

Jack Kerouac.

El antropólogo francés Marc Augé habla de los ‘no lugares’ como espacios que aparentemente son insignificantes por ser solo lugares de paso, donde mucha gente transita a diario como ruta de paso obligado, donde las personas son anónimas y los extraños cruzan (a veces) miradas indiferentes. Marc Augé pone de ejemplo las estaciones del metro, aeropuertos, lugares donde se espera el transporte, filas, salas de espera y similares. Cuando viajo en camión o espero en algún lugar donde hay mas personas pienso en ese ‘no lugar’ que habito junto a ellas, donde aparentemente todos somos anónimos que coincidimos en un lugar por cuestiones fortuitas y a veces hasta rutinarias.

            Sin embargo, creo que todos tenemos una historia para contar, y contrario a lo gris que se pueda pensar este anonimato colectivo creo que es en un “no lugar” donde conviven las historias más interesantes. Si cada persona contara su historia, hablara de sus intereses o de lo que piensa nos asombraríamos de todo lo que cada uno tiene para decirle al mundo y a nuestra vida.

            Hay quienes alardean de tener amistades de otras nacionalidades (como si ser de otro de país fuera un valor extra para el individuo), amistades en puestos influyentes, o personajes reconocidos en tal o cual sector elitista o académico, artístico, o de la llamada ‘alta’ sociedad. En mi caso, he encontrado a personas muy valiosas en los lugares menos esperados, personas que sin ostentar títulos académicos elevados o altas posiciones sociales comparten de manera honesta y desinteresada sus historias.  De esta manera y por razones circunstanciales, laborales, escolares y artísticas me ha tocado conocer personas de diferentes lugares y ocupaciones, personas tanto afines como disímbolas que convergen en el mismo lugar y el mismo espacio. Sus historias, experiencias y manera de ver el mundo han sido en ocasiones mucho más profundas y provechosas que toda la filosofía que he leído en libros.

            Aunque a veces concibo a las personas como islas también me gusta pensar que somos archipiélagos. Busquemos en esos No Lugares salir del anonimato colectivo. Observemos, escuchemos. Quizá esos extraños que nos rodean sean el bálsamo que requiere nuestra alma en este siglo agitado y confuso que nos toca vivir.

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