Los 100 días del nuevo gobierno federal

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Una metodología para explicar e interpretar la historia reside en constituir temporalidades, la cual hace posible al menos dos acciones: establecer un antes y un después del corte temporal fijado y, la segunda, contrastar ambos periodos en busca de similitudes y diferencias. Bajo esa lógica, el nuevo gobierno federal ha decidido marcar un corte en su mandato, para destacar lo hecho durante sus primeros 100 días, en otras palabras, para hablar de lo hecho durante el primer 5% del sexenio.

Al presente sexenio le queda un 95% de vigencia, por lo cual resulta prematuro e insolvente hacer balances generales sobre lo hecho; sin embargo, es posible identificar algunos rasgos que aportan luz sobre el camino que está siguiendo el gobierno autodenominado de la Cuarta Transformación.

Cabe advertir que esos rasgos tienen que ver más con la personalidad del titular del Ejecutivo, que con aspectos estrictamente institucionales; estos últimos suelen ser los más significativos en una democracia consolidada, dada su trascendencia para la vida política y social de la nación en su conjunto, más allá de caprichos o deseos del mandatario en turno.

A modo de ejemplo de ese rasgo, cabe referir el interés del Presidente por explicar cada mañana, las decisiones que está tomando en materia de gobernabilidad y políticas públicas, lo cual en México no tiene precedentes y debiera ser visto de manera positiva, como una parte sustantiva de un ejercicio de gobierno abierto a la ciudadanía, que rinde cuentas sobre lo que hace y pretende hacer.

Siguiendo al estilo personal de gobernar de López Obrador, cabe reflexionar que gran parte de los temas que cada mañana viene abordando, aluden a la corrupción y su combate, uno de sus principales compromisos y una demanda ciudadana; sin embargo, a la fecha son precarias y por ende insuficientes las acciones concretas que se han tomado en contra de los presuntos responsables; es decir, el tema se ha focalizado en los hechos sin mirar a las personas que los han generado, lo cual se puede convertir en un aliciente para quienes han delinquido o pudieran hacerlo.

Otro ejemplo que llama la atención por su carga personalista y que se inscribe en una lógica neoliberal, al que por cierto decía combatir el Presidente, es la entrega de apoyos a las personas en situación de vulnerabilidad.

Pues además de que al benefactor que focalizan los beneficiarios es a la figura presidencial, el nuevo gobierno, presumiblemente de izquierda, parece olvidar que en esencia, los problemas que debe atender no son los individuales, sino los colectivos, los comunitarios, los sociales; de modo que se echa de menos una política de desarrollo social con generación de riqueza y distribución equitativa de la misma, con una perspectiva comunitaria, local, regional, que al mismo tiempo cuide y proteja el medio ambiente, garantizando así paz social y convivencia constructiva.

Frente a ese estilo unipersonal, sería encomiable que en los 2090 días que le quedan a este sexenio, veamos fortalecer nuestra vida institucional y, a partir de ella, se combatan los graves problemas de inseguridad, desigualdad social y corrupción que anidan en todas las regiones de nuestra geografía nacional.

Es necesario un gobierno de instituciones, no un gobierno personal, que explique y justifique sus decisiones, pero que se comprometa a emprender una auténtica política de participación ciudadana, que permita a las organizaciones de la sociedad civil y a los propios ciudadanos, ser parte activa en la conformación de las agendas de los gobiernos municipales, estatales y del federal.

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