Los niños de Stefan Kiesbye

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Los niños de Stefan Kiesbye

Cinthya Barrón Ruiz

 

Hace un par de años leí dos novelas del escritor alemán Stefan Kiesbye editadas por Almadía. La primera que leí fue “Puerta al Infierno” en la cual a través de las voces de cuatro niños relata la vida cotidiana y la infancia en Hammersmoor, un pueblo rural de la Alemania occidental. Cada capítulo es un relato en el que cada niño da su versión de los diferentes sucesos que acontecen en el pueblo y en sus vidas. Los temas van desde el parricidio, el despertar sexual, el incesto, acoso, venganza, mentira, asesinatos e historias donde supuestamente el diablo se aparece y le pide a un niño que le lleve el alma de su hermana  para mostrarle el infierno. Cada relato se complementa y nos lleva a ver a la infancia no como esa etapa de ingenuidad y felicidad de las caricaturas, sino a niños con una comprensión cruda y perversa del mundo.

La otra novela de Kiesbye fue “Al lado vivía una niña”. En este caso solo es un narrador, Moritz, que cuenta la vida de su pandilla de amigos, niños entre 12 y 14 que, como en el anterior libro, se enfrentan a problemas de la edad y a recobrar la vida cotidiana en una localidad obrera durante la posguerra. Moritz, que en un principio parece un niño normal pronto nos abre las puertas a su interior, a la manera en que se preocupa por ser buen estudiante aunque tenga que vengarse de manera igual o más violenta de quienes lo molestan en la escuela, los juegos en un búnker como claro recordatorio de la tensión bélica y política de las alemanias separadas, la forma en que él junto a sus amigos secuestran a una niña que descubren en estado casi de inanición y de cómo casi al final de la novela es violado y torturado por los chicos de la pandilla contraria. Y esto es poco a todo lo que sucede en la novela ya que el autor a través de estos niños nos habla de una Alemania herida y en recuperación por la guerra y no creo que sea mero capricho que Kiesbye haya escogida la aparente voz de inocencia infantil para relatar la crueldad con la que puede proceder una persona. En este caso nadie pensaría que un niño pudiera planear y actuar con tanta violencia.

Un par de semanas después de que leyera estos libros, en México trascendió la noticia del asesinato de un niño de 6 años en Chihuahua en el que los implicados en el crimen eran otros menores. ¿Qué hacían? “Jugaban” al secuestro y como tal “jugaban” a torturar. La versión que se dio fue que se les pasó la mano y cuando se dieron cuenta un niño había muerto. Lo acontecido dio vuelta al mundo, y aunque un hecho tan lamentable luego fue tomado como un pretexto mediático para ganar popularidad por Televisa lo cierto es que esta noticia puso el dedo en la llaga de que la violencia y la crueldad no son exclusivas del mundo adulto.

Las historias de Kiesbye son ficciones, las voces de sus niños nos hablan desde la perspectiva infantil de quien está consciente de la maldad pero que también tiene un mundo adulto que lo protege. Hubo marchas, las opiniones se dividieron y aunque todos clamaban justicia ahora, a dos años de un asunto tan grave ya no tenemos noticia de lo sucedido con los responsables de este asesinato. Qué tanto nos dolemos de la muerte ajena, qué pronto nos olvidamos de las víctimas.

Antes de terminar creo que es importante señalar que los niños de Stefan Kiesbye así como los niños implicados en el asesinato de Chihuahua viven inmersos en un ambiente de (pos)guerra. Se habló de la descomposición social de México, de que esto es el resultado directo de los estragos de una guerra que no pedimos y que en el norte nos ha costado poco más que –literalmente- la vida. Todo ello aunado a la desintegración familiar, la violencia doméstica, la falta de empleo y la desigualdad económica. Si lo analizamos de esta manera el problema resulta mucho más complejo que pedir que se castigue a los menores sin solucionar el trasfondo de estas vidas que lamentablemente coinciden con la de muchos niños de este país.

Por eso ¿Alguien por favor quiere pensar en los niños?

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