El panteón del Cero Morelos: Nostalgia y vestigios de un pasado

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Los sepulcros en el primer cuadro del panteón son testigos de pasajes del pasado, trincheras de osamentas que un día fueron seres vivos y hoy han quedado en el olvido con fechas y más fechas; frases escritas en lápidas para evocar el momento de su entierro: obispo de Tamaulipas Eduardo Sánchez Camacho falleció el 17 de mayo de 1838, niño Alfonso Ramírez fallecido el 17 de septiembre de 1890, Pedro Rodríguez Gaspar, primer capitán fallecido el 8 de noviembre de 1824…

Caminando por veredas estrechas del panteón municipal fundado en 1848, y que en la actualidad tiene aproximadamente 11 mil 500 tumbas, sentimos en la tarde previa al festejo del Día de Muertos, el sitio libre del bullicio de la gente, vendedores de flores, limpiadores de tumbas, músicos y vendedores ambulantes.

Una travesía  entre: epitafios, restos de tumbas, mausoleos, vestigios de ruinas profanadas por la naturaleza, raíces, maleza, paredes y  esculturas carcomidas por el agua, sol y  el viento que ocasiona lentamente la desaparición total o parcial.

La capilla perteneciente a la Familia Escandón de las más “pudientes” en el pasado muestra los vestigios en la pared con las placas que describen los datos generales de sus inquilinos, algunos llegaron del viejo continente para ser enterrados en esta tierra y aquí descansan sus restos: Blas Escandón fallecido en el año de 1894, María del Carmen Rodríguez Escandón fallecida en el año de 1860, Juan Escandón Cortina falleció en el año de 1883, Carmen Lavín Escandón falleció en el año de 1899, Juan Lavín Escandón falleció en el año 1887, Josefina Lavín Escando falleció en el año 1887 y Francisco Escandón falleció en el año de 1882.

Así, lo que fue una imponente capilla se guarnece  bajo la sombra de un árbol frondoso que con sus raíces aniquilan el espacio, invadiendo terreno en su estructura, devastándola con el pasar del tiempo.

Tumbas, cruces,  ángeles, estatuas, estructuras de hierro donde herrumbre el óxido provocado por la humedad, tumbas que se mantienen de pie, se resquebrajan en el abandono; son despojados de una época ilustre, resplandeciente que contrasta con las criptas con restos, huellas de lo que fueron en años mozos.

Aquí por doquier el  pasado se marchita, está presente: tumbas, cúpulas y nuevas estructuras en el cementerio que ha cerrado sus puertas a nuevos inquilinos…

 

 

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