El ajedrez, más que un juego ¿ciencia?

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Mucho se ha discutido sobre este tema, pero en realidad lo único que se puede afirmar con certeza es que el ajedrez es tan antiguo como la civilización, puesto que en algunas excavaciones llevadas a cabo en Mesopotamia, se han encontrado algunos objetos que demuestran que el ajedrez o un juego que se le asemejaba existía hace 4,000 años antes de Cristo.

El ajedrez es un juego que se desarrolla sobre un tablero y que enfrenta a dos personas. Cada jugador cuenta con 16 piezas que se pueden desplazar respetando ciertas reglas; está dividido en 64 casilleros, conocidos como escaques. Dichas piezas son un rey, una reina, dos torres, dos caballos, dos alfiles y ocho peones. El objetivo principal de este juego es llegar a derrocar al rey del contrincante para lo cual es importante capturar las distintas piezas del rival.

En sus casillas, el tablero alterna 2 colores, por lo general negro y blanco. Las piezas también se distinguen por color: un jugador comienza con 16 piezas negras y el otro con 16 piezas blancas. El domo en el que cada pieza puede avanzar está definido por el reglamento. Si un jugador logra que una de sus piezas llegue al escape donde hay una pieza de su oponente, puede capturarla. De este modo, el rival pierde una de sus piezas. El juego puede terminar cuando un jugador consigue que el rey rival no puede eludir una maniobra de captura: dicha jugada se conoce como “jaque mate”.

Deporte ciencia

Para Gustavo Mansilla Perea, Presidente de la Comisión de Trabajo de la Asociación Tamaulipeca de Ajedrez, en la práctica difícilmente se puede desasociar la parte lúdica del uso de la razón.

“El ajedrez es demasiado juego para ser ciencia y demasiada ciencia para ser juego.   Actualmente el ajedrez es considerado un deporte, lo podemos ver que está dentro de los deportes de la Comisión Nacional del Deporte. Al tener un robusto cuerpo de teoría alrededor del ajedrez, se puede comparar con la ciencia, aun no estamos hablando de ciencias naturales, no estamos hablando de matemáticas, pero estamos hablando de algo muy similar que ocurre en la ciencia natural y en las matemáticas”, comenta.

Con más de 4 décadas de practicar este deporte, él es uno de los que considera al ajedrez como un juego de múltiples facetas, donde quien lo juega puede experimentar la fría confrontación, el control mental, la pasión controlada hasta considerarlo un arte.

“El ajedrez es un juego de mucha lógica, también se dice que es un arte, desde el punto de vista artístico digamos que predominó en el siglo XIX, en donde no importaba la verdad, importaba la naturaleza la belleza del juego. Esa belleza estaba plagada de errores que se podían descubrir a través de la teoría o del análisis, de ahí viene la parte científica, todo eso fue muy bonito, pero qué tal si tu rival no hace eso, lo que tú le propones, no acepta el sacrifico o se va por otra línea. No hubiera ocurrido todo eso que en el tablero es muy bello y que consideramos artístico, como no ocurrió eso nos vamos a la ciencia del ajedrez y descubrimos esa verdad. El ajedrez es todo: arte, ciencia y deporte”, así lo consideraba Anatoli Karpov quien fue uno de los mejores ajedrecistas de todos los tiempos”, subraya.

 El juego puede terminar cuando un jugador consigue que el rey rival no puede eludir una maniobra de captura.

El juego puede terminar cuando un jugador consigue que el rey rival no puede eludir una maniobra de captura. 

Un primer acercamiento

Gustavo Mansilla Perea empezó a practicarlo con su papá, cuando él le enseñó a los 4 o 5 años aproximadamente y desde entonces lo práctico de manera continua.

Como primer anécdota nos contó que su papá y su compadre se sentaban y ponían el tablero de ajedrez y realizaban una partida, mientras los niños jugaban, “pero pues a mí no me divertía mucho el juego del kan-kan, el 18 y esas cosas que jugaban la mayoría de los niños, porque me quedaba con una incógnita, ¿qué podía atraer tanto a esos 2 hombres adultos? , ponerlos a pensar de manera tan concentrada y que se veía que lo estaban disfrutando, para mí era todo un misterio y desde lejitos los veía”. Y añade: “conforme ellos jugaban yo fui comprendiendo alguno de los misterios, no que lo hubiera captado de buenas a primeras, pero como un niño curioso que fui, me atreví a meter las manos al tablero y sugerir jugadas. Llego un momento en que el compadre de mi papá se molestó porque decía que mi papá ganaba por mi ayuda y creo que ese tipo de situaciones esos comentarios que eran de manera divertida, me alentaron a mí a aprender y a continuar en este juego”.

Como se forma el experto

Gustavo nos habló un poco de su experiencia como competidor, en sus inicios tuvo rachas de entrenamientos de 8 horas, 4 por la mañana y 4 por la tarde, cuando era estudiante y aprovechaba sus vacaciones. Durante esa época tuvo la oportunidad de tener rivales muy serios que, fuera de la jugada, eran buenos amigos, pero como él lo dice: “en el tablero uno quería derrotar al otro”.

“Siempre es bueno tener un buen rival enfrente para uno estar motivado a ser mejor, cuando no hay competencia, cuando no te exige un rival, lo más probable es de que tu desempeño siga siendo el mismo, que no puedas mejorar tu rendimiento y vayas a un evento nacional, en donde vas a competir contra chicos o jóvenes que traen otros niveles de entrenamiento y no vas a dar el kilo contra ellos, pero cuando tienes tan cerca a rivales importantes con quienes hay una rivalidad deportiva sana leal, al final de cuentas le quieres ganar y sabes que te vas a enfrentar contra el en el siguiente torneo y quieres derrotarlo eso te motiva mucho a estudiar, a entrenar, a ser disciplinado”, señala.

Después de competir regularmente él tuvo una etapa en que dejó de practicar este deporte de manera continua, hasta retomarlo en su computadora y finalmente en los clubes de ajedrez, espacios donde constantemente busca su perfeccionamiento y se anima a asistir a alguna competencia.

El objetivo principal del ajedrez es llegar a derrocar al rey del contrincante.
El objetivo principal del ajedrez es llegar a derrocar al rey del contrincante.

“Recientemente he vuelto a la práctica de torneos, este año asistí al Campeonato Nacional en León Guanajuato, en donde después de tantos años de retirado hice un buen papel en la categoría de expertos nacionales y creo que a partir de ahora que lo retomo es una oportunidad para continuar en este ámbito y llegar lo más alto posible”, comenta.

Los mejores representantes en el país

En opinión de Mansilla Perea a través de la historia nuestro país ha tenido una escasa producción de ajedrecistas que logren dar la talla y sobresalgan a nivel internacional, aunque menciona que los hay: “actualmente es Gilberto Hernández, quien en el último Campeonato Nacional Abierto de Ajedrez, fue el jugador mexicano mejor clasificado”.

Años atrás, tras haber jugado en 1925 un Torneo muy importante en Moscú con los mejores ajedrecistas del mundo, tales como el cubano campeón mundial José Raúl Capablanca, el ex campeón ruso nacionalizado francés, Alexander Alekhine, o el alemán Emanuel Lasker, entre otros; el ajedrecista mexicano más destacado fue Carlos Torre Repeto.

“Ese torneo fue ganado por Efim Bogoljubowy Carlos Torre quedó en 5to. lugar de aproximadamente 20 jugadores de élite mundial, los mejores de ese tiempo, entre ellos también estaba el campeón norteamericano Frank Marshall, eso te da una idea de lo fuerte que fue Carlos Torre en su tiempo”, recalcó.

En la actualidad  menciona a Perú como máxima potencia si se trata del ajedrez:

“Emilio Córdoba es un peruano que está dentro de los 100 primeros; el competidor mexicano Carlos Torre estaba dentro de los 5 primeros y se pensaba que por su corta edad de 21 años, cuando participó en el Torneo de Moscú, podría obtener el título mundial de ajedrez”.

El uso terapéutico

 Pero el ajedrez no solo es un juego, un deporte, un arte o una ciencia. Hay quienes también ven en él su uso terapéutico, pues encuentran en esta actividad momentos de relajación y uso productivo del tiempo.

“No soy médico, ni psicólogo pero sé que si lo han recomendado”, menciona Mansilla Perea, mientras subraya la anécdota: “tengo una amiga que se le recomendó como terapia porque tenía deficiencias en su salud, tenía un problema de corazón. Era muy aprensiva y muy preocupona y eso ella me lo platicó y esa es una amistad que tengo gracias a que viajé y fui a torneos nacionales y conocí a otras personas.

Platicando con ella ¿y tú porque juegas ajedrez? es que a mí me lo recomendó el doctor porque yo era muy preocupona y que eso me hacía daño para mi malestar, mi deficiencia cardíaca. Me recomendó que con el ajedrez podría yo templar mi carácter y me dijo una serie de cosas. Fíjate qué bonito es el ajedrez, sabemos que hay deporte adaptado para atletas que tienen algún impedimento físico y compiten contra otros atletas que tienen un impedimento físico similar, en el caso del ajedrez si un niño no puede caminar por cualquier razón, puede llegar y jugar contra un niño que si lo puede hacer, no hay barreras y pueden ser hasta mejores. Una vez que ya un niño conoce el ajedrez y juega con sus hermanitos ahí en su barrio, va a tener el beneficio del ajedrez, podemos llegar a gente con escasos recursos y darles este beneficio, esta herramienta a gente que tiene alguna discapacidad física. Aquí el ajedrez es un deporte muy noble y si lo recomiendo plenamente para quienes tengan algún impedimento físico o incluso algún trastorno psicológico, porque el ajedrez les ayuda a mantener la atención, a la concentración y si les va a reforzar bastante sus capacidades de razonamiento e intelectuales”, finalizó.  Gustavo Mansilla Perea, Presidente de la Comisiòn de Trabajo de la ATAAC.

Gustavo Mansilla Perea, Presidente de la Comisiòn de Trabajo de la ATAAC.

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