El séptimo hobby

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“El séptimo hobby…una travesía por el universo del cine”.
Programa dedicado al séptimo arte donde se abordarán temas diversos con invitados, sugerencias de películas de locales, mexicanas y extranjeras, tambíen contará con secciones diversas.

2 thoughts on “El séptimo hobby

  1. Saludos cordiales, este sábado será la primera vez que lo escuche, me gusta mucho el cine y pues me gustaría participar, no sé si exista algún chat o algo similar, sé algo de cine y me encantará conocer la dinámica del programa, soy Roberto Medina, y también colaboro para Radio UAT pero productor independiente, aunque desde la Ciudad de México. Me conectaré este sábado. Todo el éxito.

  2. LES COMPARTO MI CRÍTICA A “GUASÓN”, los escucharé en su próximo programa. Gracias.

    GUASÓN, LA RISA-LLANTO

    (o el arte del guion al servicio del sistema)

    Guasón, es la historia, en dos actos, a lo largo de nueve días con sus respectivas noches, de lo que le sucede y lo que hace su protagonista, el antihéroe Alamo Fleck, Arthur, Fleck o Felicidad, como también así lo llama su madre y quien se convertirá luego de esta transición de días y noches en el personaje tipo conocido como el Guasón, o la historia de cómo se crea un psicópata megalómano. Con una eficiente economía del tiempo narrativo donde nada sobra ni es gratuito todo queda claro para el espectador, este filme logra una síntesis casi perfecta del binomio argumento-escena y de los recursos narrativos, como por ejemplo, la analepsis donde Arthur Fleck descubre en su nebulosa onírica el amor platónico hacia su vecina que representa para él el amor que hubiera querido para sí, su recreación mental del momento en que descubre la dimensión exacta de la locura de su madre, a través del expediente médico, y de que él mismo es hijo adoptivo; así como los dos actos de esta película tan ejemplarmente bien logrados: el primero, hasta donde mata a los tres juniors. El segundo, cuando reconoce su realidad luego de saber toda la verdad de su infancia son, como digo, un ejemplo de buena escritura y oficio de guionista, es una cúspide por así decirlo de la perfección filiforme del arte del guion y la narración exacta y eficiente que no deja lugar a cabos sueltos en lo que se refiere a la complejidad psicológica del personaje, la película tiene un ritmo exacto y nunca cae. Menos mal, con la cantidad de dinero que gastan los estudios de Hollywood para sus superproducciones que darán la vuelta al mundo, lo que se espera es que hayan contratado a los mejores guionistas y a un muy buen director, creo yo. Con un par de parlamentos francamente no logrados, como el del momento en que los policías entrevistan de noche a Arthur Fleck a las afueras del hospital, la película, por lo demás, está muy bien narrada oral y visualmente.

    La historia de Alamo Fleck, es conmovedora y tremenda no sin una pequeña dosis de conmiseración hacia el protagonista, dosis por lo demás muy bien dosificada al estilo norteamericano, pues para estas cosas ellos se pintan solos. No es la historia de un sujeto perverso (hicieron bien los guionistas) pues de haber escogido esa línea argumentativa hubiera resultado una película más de las muchas que abundan solo para perder el tiempo en una tarde de cine. La gran novedad del guion, me parece, es la doble lectura que tiene el llanto-risa, la risa-llanto de Arthur Fleck, con una ambigüedad constante muy bien lograda por el director a lo largo de toda la película. Para el espectador atento siempre es posible saber cuándo esa risa es llanto, cuando es de nervios, cuando auténtica felicidad. De hecho es su risa incontrolable, su trastorno de personalidad, lo que lo lleva suave pero firmemente a asumir su destino de la mano de esa sociedad insensible que lo trasformará finalmente en un monstruo. Es decir, en un ser único en su especie, como así define el diccionario a la palabra monstruo. Por supuesto y siguiendo a Freud, Arthur Fleck, para convertirse en el ser antisocial perfecto tendrá que cometer el acto máximo que lo pondrá en esa condición: matar a su madre. Acción última de transgresión hacia el núcleo institucional de la sociedad que es, en última instancia, la familia. Este personaje se erige, sin quererlo, en líder de un movimiento social que justifica la destrucción de todas las cosas, principalmente a la clase privilegiada a la cual culpa, con justificada razón, del desastre que es la ciudad y, por consecuencia, lo deshumanizada que está. Alamo Fleck, se convierte, como digo, sin quererlo, en el líder natural de dicha protesta social cuando, en un plató de televisión hace un estásimo con cinco o seis razonamientos impecables sobre la justicia y la indecencia. Hecho que lo convierte en un antihéroe con honda carga moral. Frente a las cámaras de televisión Arthur Fleck pretende, originalmente, suicidarse que es, como todos sabemos, la forma más poética de la muerte que, en este caso, él busca para sí, impulsado tanto por la incomprensión del sentido de su vida, como por exceso de lucidez luego de su anagnórisis, como por rebeldía y por su propio trastorno mental, todo junto a la vez. Pero en último momento decide no suicidarse sino hacer otra cosa. En su última frase, antes de volarle los sesos a Murray, un Robert De Niro que ya aburre de tanto interpretarse a sí mismo, como si eso fuera un mérito a la hora de actuar, pero que se le perdona porque es una vieja gloria del cine, ni dudarlo; Alamo, como digo, antes de dispararle a Murray justifica su cambio de decisión con una pregunta que él mismo se responde: “Qué resulta cuando mezclas a un enfermo mental con una sociedad que lo humilla y lo maltrata?: alguien como tú… que se merece esto”, cito no literal, pero sí argumentalmente. Esta frase, en el contexto de la historia del líder social en que se convierte, es el punto en donde me quiero detener de la película pues, de las múltiples lecturas que tiene este filme, es la única que quiero tratar aquí. Para nadie es novedad que el cine norteamericano ha sido y seguirá siendo la educación sentimental de gran parte de la humanidad. En el imaginario popular no solo los sentimientos sino también los valores y los prejuicios y hasta ciertas ideologías, provienen del imperio cultural de ese país sobre el mundo. No hace mucho tiempo en el cine estadounidense era regla inviolable nunca matar a un niño en una historia de cine. Siempre ha permeado sobre el cine de Hollywood (su nombre lo dice todo) la idea de nunca dar una visión de la realidad, por cruda que sea, sin su respectiva dosis de moralidad puritana hacia el final de la película. Años van, años vienen pero nunca deja de suceder esta álgebra. Para nadie es novedad que la sociedad estadounidense es esencialmente conservadora y puritana, lo que explica el fenómeno Trump, entre otra cosas. Mayoritariamente puritana en sus círculos clase media, incluso clase obrera y, por otro lado, la creadora de la industria pornográfica más grande del mundo, el país que se erige en guardián de las libertades y de los principios universales de los derechos humanos y el primero y único en tener bastiones imperiales en todo el mundo, y el primero también en violar dichos derechos. Estados Unidos el mayor consumidor de drogas y una sociedad atomizada por los medios de comunicación que, por otro lado, censura y condena la protesta política como medio de defensa de las libertades. En medio de estas contradicciones de fondo, tenemos la película Guasón, que, en otra epifanía de esta historia, cuenta cómo un sujeto en legítima defensa, mata a tres sujetos que lo agreden y que, al expresarlo por televisión se vuelve de súbito en el líder moral de un movimiento social. El fantasma del puritanismo estadounidense extiende sus alas sobre esta historia al mostrarnos a un “líder loco” que abandera un movimiento, hecho que desacredita de punta a punta las legítimas demandas de la base social que lo apoya y, por lo tanto, es de inmediato un líder cuestionable, condenable y desacreditado moralmente. Me dirán, pero si la película trata de un archienemigo de un superhéroe, no es un documental universitario. Cierto, pero, como digo al inicio, el cine, particularmente, el de Hollywood, es, ha sido y será todavía por mucho tiempo, la educación y los valores de muchas personas que en su vida, incluso, han abierto un libro de historia. En la lucha interna entre el bien y el mal que representan los héroes y los antihéroes como el Guasón, se encuentra la lucha más íntima que todos afrontamos: la lucha de nosotros contra el mundo y sus injusticias. Y así, amiguitos, gracias a Hollywood, una vez más, sobrevuela en el imaginario mundial luego de ver Guasón, la pregunta de la que ya la misma película nos dio una respuesta bien procesada: qué loco está detrás de una movilización social? Qué miedo!

    Roberto Medina

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